El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Tramposo y edulcorado modelo
De hecho, casi todos los discursos relativos a la igualdad de hombre y mujer y a la equiparación de status en relación a la sexualidad, se basan en esta imagen de simetría y complementación que ayer evocaba y a la cual nada responde en la complejísima aspiración que vincula ambas emociones sexuales, aspiración que en modo alguno apunta a articular las partes (reducidas a dos) de un elemental puzzle.
Compartir la sexualidad es algo decididamente más complejo que poner juntas dos partes, y desde luego tolera (cuando no exige) modalidades de relación que nada tienen que ver con el modelo (tan bienpensante como edulcorado y tramposo) que el pensamiento políticamente correcto en materia sexual nos propone.
Pues cuando la sexualidad del hombre se despierta realmente, cuando su erección tiene esa nota de sacralizada festiva que reflejan los iconos griegos, cuando el cuerpo de la mujer es reconocido como la razón o causa de tal explosión... entonces muy probablemente la sexualidad está siendo ya compartida.
De ahí que suenen tan insoportablemente los edificantes sermones (arcaicos o contemporáneos, reaccionarios o progresistas) homologando la carencia sexual del hombre y de la mujer. Discursos susceptibles de generar en el hombre una suerte de exigencia moral literalmente mutiladora: la de subordinar su deseo a la aparición en su partenaire de una manifestación de deseo cualitativamente equivalente. Discursos que suenan tan insoportablemente más aun por lo que tienen de ceguera que por lo que tienen de hipocresía.
[Publicado el 19/6/2008 a las 12:15]
Por supuesto, y es así casi siempre, la reciprocidad sólo se da en contados casos. Lo que estaba debatiendo son las ideas del sr. Pin no las mías.
Comentado por: pasaje a la India el 20/6/2008 a las 12:46
¿Están suponiendo que el hecho de sentirse deseada despierta el deseo en la mujer? ¿En el hombre también? Podría ser, pero quizás no se han planteado la posibilidad contraria, la incomodidad que puede generar en una mujer/hombre, el hecho de sentirse deseada/o sin que por su parte se de una mínima reciprocidad. No todas las personas tienen el mismo nivel narcisista y/o exhibicionista
Comentado por: mitin el 20/6/2008 a las 11:46
Pues yo creo que no Provoqueen, que ese es su propio modelo de sexualidad, en el que la reciprocidad de la mujer es una presunción del hombre, y siempre una respuesta subordinada a la sexualidad masculina.
Comentado por: escarola el 20/6/2008 a las 09:32
Como en cualquier blog que se precie, cuando sale la palbra sexo la cosa se anima, o mejor sería decir se excita?
El aburrido Kant no tuvo tanto exito.
Y ahora pensaba, cómo sería aplicar aquí el imperativo: "Actúa de forma que la máxima de tu conducta pueda ser siempre un principio de Ley natural y universal".
Comentado por: el pelma el 20/6/2008 a las 09:12
Creo sinceramente que hay algo que se nos escapa del texto , esperomos que Pin nos lo aclare .
La sexualidad y el deseo es un tema complejo , en el sentido de que se puede teorizar pero es muy dificil separar la teoria de la foto .
Comentado por: Albert el 20/6/2008 a las 08:11
Pasaje, si no he entendido mal, esa es la parte que Pin pone entre comillas como tramposo y endulcorado modelo, o como insoportablemente edificantes sermones (todos los que hablan de la igualdad y/o la simetría entre las dos partes).
En cualquier caso, la Johanson puede suponer que un considerable número de varones la verán en la portada, y le bastaría con saberse deseada por ellos.
(A lo mejor lo he entendido todo al revés, no lo descarte ¿eh?)
Comentado por: provoqueen el 20/6/2008 a las 00:38
Ya, Provoqueen pero, según Pin, que la deseen significa que ella siente algo en reciprocidad y eso es lo que me parece -sobre todo en estos casos- difícil de abarcar.
Comentado por: pasaje a la India el 19/6/2008 a las 23:56
Comentado por: mitin el 19/6/2008 a las 23:38
Albert, me temo que las únicas posibilidades que cuadran con el texto son:
A- masturbarse (todo lo complejamente que uno quiera) o sus sucedáneos:
B- la muñeca hinchable,
C- la prostituta,
D- la mujer sumisa.
(Pasaje, la Johanson cubre las necesidades de todos con sólo salir en pelotas en algún medio de gran tirada. Fácil.)
Supongo que el asco es una de las sublimes sutilezas que componen ese complejo engranaje... ah no, que lo que sienta u opine la mujer no cuenta, entonces lo retiro.
Comentado por: provoqueen el 19/6/2008 a las 23:16
Comentado por: Albert el 19/6/2008 a las 22:42
"cuando el cuerpo de la mujer es reconocido como la razón o causa de tal explosión... entonces muy probablemente la sexualidad está siendo ya compartida."
Pues entonces Scarlett Johansson, pongamos por caso, no daría a basto. ¿Cuáles serán las implicaciones de esa presunción? ¿Hasta dónde se puede llegar con ella?
Comentado por: pasaje a la India el 19/6/2008 a las 20:28
Compartir la sexualidad es algo decididamente más complejo que poner juntas dos partes
¿suficiente respuesta albertito?
No se trata de consuelo, ni de un Sí!!!, que eso siempre llega.
Comentado por: juanito el 19/6/2008 a las 19:05
Cual es el modelo que se propone ? yo no veo ningun modelo , en realidad todo se resume a un dialogo breve
-Vamos ?
-No !!
Pero bueno si por eso entendemos sexualidad compartida , pues nada el que no se consuela es porque no quiere.
Comentado por: Albert el 19/6/2008 a las 18:46
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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