El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Tais

El mito de la hetaira Tais (al decir de Valle Inclán menos bella que su destino) ha pervivido hasta nuestros días a través de su presencia en la literatura. Si el poeta Menandro daba ya su nombre a una des sus piezas, el compositor francés Jules Massenet le dedicó uno de sus títulos operísticos más apreciados por los amantes de la mélodie française. Aprovechando la leyenda de que Tais habría acompañado a Alejandro en su conquista de Asia, los libretistas, siguiendo el relato del escritor francés Anatole France, sitúan la acción directamente en Alejandría. Recuerdo una tan delicada como sensual puesta en escena en el teatro Malibran, debida al director veneciano Pierre Luigi Pizzi. Pizzi enfatizaba la emoción y voluptuosidad que embargan a Tais por el mero hecho de sentirse deseada, así como su certeza trágica de que esta su condición de pura hipóstasis para la erección del hombre sería algún día cosa del pasado (Dis-moi que je suis belle... implora al espejo en el aria más celebrada).
¿Enfermiza la sexualidad de esta meretriz? Más bien lucidamente trágica y desde luego reflejo de una radical valentía: la valentía de asumir que el deseo del hombre tiene matriz fundamental en el hecho mismo de enfrentarse a la mujer que, literalmente se expone. Tais asume tal verdad como condición de posibilidad de la emergencia de su propio deseo, y no intenta edulcorarla con imágenes de una imposible simetría.
En algún registro todo hombre y toda mujer saben que la mujer se postula como peldaño para que el deseo del hombre se desvele, y que sin esta postulación sólo puede darse esa suerte de erección muerta que desgraciadamente suele a veces marcar los vínculos en el lecho matrimonial: erección válida para la procreación, pero sólo para una procreación literalmente sin amor, que supone reducción de la sexualidad humana a función meramente animal, función en la que (en este caso indiscutiblemente sí) tanto la mujer como el hombre alienan lo más precioso.
[Publicado el 12/6/2008 a las 10:37]
Por razones que ignoro,un anterior comentario mio no ha sido publicado.No lo repetiré,solo señalar que efectivamente,,el oscuro objeto del deseo no solo tiene entidad propia si no que es el motor de el deseo que no es sino un efecto de esa causa.La luna tiene luz propia y el Sol solo es su reflejo.
La canalización/dominio de esta fuerza,no estoy diciendo nada original y tal cual lo expreso puede sonar banal pero no lo es,conforma e impera en la religión y el derecho civil a lo largo de toda la historia y geografia mundial.
Comentado por: maleas el 13/6/2008 a las 00:02
Ese tono inevitable que tiene usted, Demetrio, con el que siempre parece que está subido a una cátedra hable de lo que hable, se encoje bastante cuando trata ciertos temas. Uno de ellos el deseo de la mujer. ¡Pero qué narices sabrá nadie de eso!
Comentado por: baldung el 12/6/2008 a las 23:01
Yo me refería más bien a la forma de experimentar el deseo, no el placer. Por supuesto no creo que una simetría perfecta, pero tampoco en grandes diferencias. Es decir: si el deseo del hombre es provocado por la exposición de la mujer, ¿qué se supone que provoca el deseo de la mujer? ¿el hecho de ser deseada? Me parece que relega el deseo femenino a un papel subordinado, cuando tiene entidad propia.
Comentado por: pasaje a la India el 12/6/2008 a las 16:31
¿Enfermiza la sexualidad de esta meretriz? Más bien lucidamente trágica y desde luego reflejo de una radical valentía: la valentía de asumir que el deseo del hombre tiene matriz fundamental en el hecho mismo de enfrentarse a la mujer que, literalmente se expone. Tais asume tal verdad como condición de posibilidad de la emergencia de su propio deseo, y no intenta edulcorarla con imágenes de una imposible simetría.
La imagen de "se expone",la encuentro taurina,la mujer,se expone,como el torero y normalmente,le gana.Efectivamente no existe esa simetria.
Giacomo Casanova,uno de los mayores conocedores acerca de ese asunto,se pregunta,recurre a los clasicos y a su propia experiencia y raciocinio acerca de él,para convenir que no existe tal simetria,el placer que experimenta la mujer es mucho mas intenso y duradero.
Una buena parte de las prohibiciones religiosas y civiles,tribales,se fundamentan,inicuamente,en esta creencia.
Comentado por: maleas el 12/6/2008 a las 15:01
Esto se está humanizando por momentos. Al menos en apariencia porque la mirada de Pin sigue siendo un tanto endiosada (si perteneciera a un ser completamente humano, la calificaría de misógina). ¿Cree que el deseo masculino es condición necesaria para que el femenino aparezca?¿En qué justifica la imposibilidad de la simetría?
Comentado por: pasaje a la India el 12/6/2008 a las 13:49
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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