El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

¿No hay en el mundo dinero...?

"Dinero que es mi alma", repetía a intervalos Agustín García, en un suspiro a la vez resignado y rabioso, en la Boule d'Or, café parisino que servía de refugio a una variopinta tribu de españoles en los años de la diáspora provocada por el franquismo, la miseria económica, o la miseria afectiva. La ocasión se presentaba efectivamente varias veces cada noche. Se trataba simplemente de que la inevitable analidad o racanería de cada uno debía necesariamente ser vencida (de manera inevitablemente dolorosa), a fin de contribuir a que tal o cual pudiera efectuar una inscripción que le permitiera hacerse los papeles, pagar el alquiler de la chambra, o simplemente pillar unas rayas.

Fue entonces cuando parte de la tribu se desplazó al monasterio de San Miquel de Cuixá en el Rosillón, organizando un seminario sobre El Dinero, al que se sumaron, desde Sevilla, Madrid o Barcelona, Perico Romero, Fernando Savater, Jacobo Cortines, Rafael Sánchez , Alberto González , Eugenio Trías...(fue allí donde Demetria, Rafael y Agustín hicieron un poema de despedida a Ferrán). Personas bien dispares... pero unidas por común exigencia de lucidez sobre (casi, casi) lo sagrado, es decir, aquello que cercenaba nuestros cuerpos como nuestras almas, aquello que confería a todo pensamiento una connotación de valor, y que bañaba todo vínculo afectivo en una atmósfera de bolsa, de mercado, en un sentido mucho más preciso del término que el evocado por las coplillas que entre vinos solíamos entonar ("cuan sano me fuera no ir al mercado, que no que viniera tan aquerenciado, que vengo cuitado, vencido de amor...).

Y en San Miquel de Cuixá pasamos una semana entera reflexionando sobre las fórmulas del interés simple y del interés compuesto, con el sentimiento diáfano de que, tan aficionados a filosofar como éramos en general, nos estábamos ocupando de la cuestión metafísica fundamental. Reflexionando, en suma, sobre la esencia del dinero y la amplitud de asuntos literalmente caros sobre los que el dinero proyecta su linterna corruptora. Asuntos entre los que el amor y la sexualidad no sólo cuentan, sino que cuentan de manera primordial, hasta el punto de que se hace en ocasiones imposible discernir si el dinero los ha corrompido, o si (en la modalidad en que se presentan, y que es quizás la única que unos y otros hemos conocido) constituyen la expresión adamantina del vínculo entre almas y cuerpos que la misma palabra dinero designa. De ahí la extrañeza que arriba manifestaba respecto a que los más incondicionales devotos del mercado, los que erigen la libertad del mismo en equivalente de sociedad libre, los que contemplan con estoico sentimiento de lo inevitable, como la vida cotidiana de los hombres (y con ellos lenguas, culturas, sociedades... ) son absorbidos por la voracidad de tal Saturno, los que, en suma, efectivamente, al oro se humillan, tengan aun corazoncito para considerar que no hay en el mundo dinero para comprar los ‘quereres' y que una mujer decente (mientras sólo vende su entera cotidianeidad, su capacidad productiva, su salud y sus exigencias innatas de vivir plenamente como un ser de razón y de palabra) se convierte en indecente cuando incorpora al mercado su capacidad de generar deseo.

[Publicado el 05/6/2008 a las 10:45]

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Comentarios (8)

  • Cuando realicé mi tesis doctoral sobre Aristóteles leíEl orden arsitotélico. me pareció un comentario original y brillante.He seguido al autor. Qué broma macabra es esta de la muerte de Gómez Pin, anunciada por Azúa?. Acláreme la cuestión, aparezca entre brumas este fantasma que hace días me persigue.

    Comentado por: Ängel Secorún Portolà el 09/6/2008 a las 00:07

  • Una de dos: o Agustín García Calvo, o Agustín a secas, ¡pero nada de Agustín García, hombre!

    Comentado por: augusto el 08/6/2008 a las 12:40

  • ginger i fred... ginjinha

    dijo champagne, no cava... la tumba

    el bulli o el bullitt?

    Comentado por: introducción y consideraciones generales de un asunto particular que tal vez sea desarrollado por el tren el 07/6/2008 a las 23:38

  • m
    bueno, m... me gusta el oporto y la grapa bueno... m

    y siempre seco, y sin hielo, para eso ... para el frío ya sabemos...

    Comentado por: Enea el 07/6/2008 a las 23:07

  • ¿Acaso no es posible aplacar las ansias de conocimiento cociéndose con una botella de champagne rosa? Morir así y resucitar como un amante en el atrio, ésa y no otra es la cuestión que nos ocupa, por completo.

    Comentado por: Víctor Gómez Pin el 07/6/2008 a las 22:35

  • Hola tengo una duda, Demetrio Pin es Gomez Pin ? porque Azua en su articulo de El Periodico , Habla de Gomez Pin como si este estuviera muerto . Que pasa ?

    Comentado por: El hijo secreto del capitan del barco de Vacaciones en el Mar . el 07/6/2008 a las 15:31

  • Muchas gracias por sus aproximaciones, me gustaria seguir leyéndolas cuando los progres como la Tura me parece que han abandonado los buenos propósitos reformistas anunciados...

    Comentado por: vice el 05/6/2008 a las 19:29

  • le leo desde usía a manía hasta donde mis ocupadas entendederas en y por otras cuestiones más humilladas al oro me lo permiten y si se va a poner usted así como se está poniendo en estas entregas a pesar de mi masculinidad no dudaré en echarme también en sus brazos, olé y salud

    Comentado por: http://librosdeagustingarciacalvo.blogspot.com el 05/6/2008 a las 13:22

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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