El trabajo dignifica
La tesis implícita del bien pensante articulista del que me ocupaba ayer es que el trabajo intrínsicamente dignifica y así que la prostitución sólo podría ser legalizada si tuviera carácter laboral, cosa que el autor niega. Señalaré de pasada que no todo el mundo está de acuerdo. Precisamente la condición de trabajadoras de las prostitutas es puesta de relieve por personas caracterizadas por una eficaz y efectiva denuncia de los abusos de los que son víctimas estas mujeres, abusos que no personifican sólo los clientes ni los alcahuetes, sino en ocasiones la misma administración. Pero hoy no me interesa tanto la cuestión particular de la prostitución como la general del trabajo:
El cliente del prostíbulo sería culpable de homologar la capacidad de la mujer de excitar su libido y entonces adquirir lo que se ofrece, mientras que el (o la) cliente de la sección de perfumería de un gran almacén no tendría responsabilidad moral alguna por su contribución a que una muchacha de 20 años consuma literalmente su juventud (y cubra sus piernas de varices) en diez horas cotidianas de obligada compostura, con prohibición de tomar asiento en un frustro taburete en razón de la mala imagen que ello produciría.
Hay algo más que farisaica moralina en todo esto. Hay una tentativa de obviar que ciertas modalidades de trabajo, por desgracia perfectamente convencionales, embrutecen a la persona que lo ejerce y envilecen al que meramente no lo combate, a fortiori al que lo facilita y obviamente al que se beneficia del mismo. Que en un mundo donde sólo el mercado es sagrado, se considere que el mercado del sexo envilece no deja de tener guasa.
[Publicado el 04/6/2008 a las 11:15]
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Comentado por: luz mariela el 29/11/2008 a las 22:06
Si lo vil son las personas, y las circunstancias de explotación, y no el trabajo en sí, les planteo una sugerencia: que se dediquen Vds. a tan noble trabajo, como personas libres y responsables, y se beneficien de las suculentas ganancias que les reportará. Además asi contribuirán a subir la media de dignidad del mismo.
Comentado por: JoseAngel el 06/6/2008 a las 15:45
Efectivamente Rosa,la cuestión prioritaria es garantizar la libertad de esas personas,la ley,al menos nominalmente,la garantiza,si bien tambien,la falta de una reglamentación mas precisa y benigna facilita su incumplimiento.Una limitación grave, a ese principio de libertad es el caso de aquellos,no solo aquellas, que se ven forzados por necesidad.
¿ Que impide que sea considerado ese oficio como trabajo ?.
El origen de su estigma encuentro que es mas social que religioso,Jesus amaba tambien a las meretrices,mas relacionado con la propiedad privada,la familia burguesa y el estado.
Comentado por: maleas el 06/6/2008 a las 03:13
La vileza no está en el trabajo JoseAngel,sino en el hombre.Hay hombres viles,no trabajos viles.
Considerado como vil era el de castrador de niños que era practicado en España hasta hace dos o tres siglos,por una determinada en exclusiva.Los clientes de este trabajo,como vd. sabe, eran los coros y capillas cardenalicias.
Comentado por: maleas el 06/6/2008 a las 02:48
En una economía de libre mercado en la que todo se compra y se vende el sexo podría ser también un bien de consumo pero debería ser un bien que beneficia a quien lo ofrece libremente no un bien que beneficia a terceros a costa de la explotación y el dominio de quien se ve obligado a ofrecerlo.
Comentado por: Rosa el 04/6/2008 a las 20:57
¿ Y por que no abordar la doble moral sexual como fundamento y raíz de seguramente todas las demas hipocresias sociales ?
Comentado por: vice el 04/6/2008 a las 19:12
Propongo entonces, maleas, que en aras de la lucha contra la hipocresía, se restaure el viejo sistema, y sea la PSOE quien reparta actas de puta y chulo, sin complejos.
Y sigue sin perfilarse con claridad la visión del Sr. Pin: ¿podría apuntarse, quizá, a contrario, que el trabajo no ennoblece sino que envilece - y que unos envilecen más que otros?
Comentado por: JoseAngel el 04/6/2008 a las 16:12
En la anterior legislatura hubo un timido intento de abordar la regulación juridica de esa actividad,que sin duda cumple una función social de primera necesidad,el oficio mas antiguo del mundo. El proyecto fué abortado precisamente por las diputadas progresistas con el peregrino argumento de que eso " seria legalizar la mafia ",cuando cualquier persona sensata sabe que es precisamente ese limbo legal el que permite la aparición de mafias extorsionadoras.
No siempre ha sido asi.En otras sociedades menos hipocritas que esta la actividad estaba perfectamente regulada,incluso en España y hasta bien entrada la Edad Media la actividad era un estanco a beneficio del señor feudal local con el que se premiaban determinados servicios a la Corona.
La situación actual pone en evidencia la doble moral que rige la vida social.Ante ella solo se me ocurre esta sentencia : Antes puta que diputada.
Comentado por: maleas el 04/6/2008 a las 13:15
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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