El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Singular relación con la enfermedad y el dolor

El ensayista y académico de la Española Pedro Laín Entralgo, en 1992.
Pedro Laín Entralgo, médico de formación (preciso esta información por que me parece relevante a la hora de referirse a este humanista, de polémica biografía pero extremadamente lúcido a la hora de abordar interrogantes que se hallan en la intersección de la ciencia y las humanidades) evoca la tesis de los anatomopatólogos Krausse y Dobberstein según la cual los animales diferentes del hombre no padecerían espontáneamente enfermedades tan comunes en nuestra especie como el asma, la hipertensión, la bulimia o la obesidad (obviamente tampoco la anorexia; en todo caso sufrirían de disfunción orgánica como consecuencia de la desnutrición). Pero tampoco padecerían de arterioesclerosis, reumatismo (en las diferentes modalidades) o úlcera péptica. Es importante la precisión espontáneamente, ya que sí pueden darse en ellos tales enfermedades como resultado de una intervención experimental del ser humano, o por accidente que provoque una disfunción (así la úlcera péptica podría producirse en caso de erosión de la mucosa gástrica). Cabe precisar que, experimentalmente, también se pueden producir fenómenos, en apariencia lingüísticos en los grandes simios. Estoy aludiendo a conocidos casos (así el del irónicamente llamado Nim Chimsky) de primates que (mediante enormes cantidades de dólares y gigantescos esfuerzos por arrancar al animal a su propia naturaleza y acercarle a la nuestra) llegaban a sintetizar expresiones que un niño forja como simple expresión de que su condición natural se está actualizando, se está haciendo efectiva.
En todo caso, para explicar esta ausencia de enfermedades tan corrientes en el ser humano se puede obviamente evocar el mayor grado de complejidad de éste, pues el índice de vulnerabilidad es proporcional a la complejidad. Pero tal explicación no es suficiente. La enorme complejidad de nuestro organismo constituye tan sólo una condición necesaria. Hay algo en nosotros que parece operar como causa singularísima e irreductible, no tan sólo a la hora de explicar la percepción que el sujeto tiene de su enfermedad y el mayor o menor grado de adecuación al aspecto reactivo que la propia enfermedad supone (entendiendo por aspecto reactivo la tendencia a recuperar el equilibrio). Esta causa singularísima se vincula a la especificidad del hombre en el seno de la animalidad. Especificidad que marca cada una de las modalidades de relacionarse con el mundo, modalidades que compartimos con los animales, pero que tienen rasgos peculiares.
[Publicado el 29/5/2008 a las 11:45]
¿Demetrio Pin? a qué es debido este cambio de nombre, o mejor, de firma? el escritor rehuye poner en público el nombre por el que responde como hombre, como ser racional?
Comentado por: ximo brotons el 29/5/2008 a las 22:42
Comentado por: Dasein el 29/5/2008 a las 15:53
Cada vez que leo o escucho la palabra obvio y sus variantes me echo mano a la sobaquera.Cada dia se escucha mas,en unos casos como coletilla,en otros,son los peores,para dar por zanjada una cuestión, lo que es obvio resulta inapelable.
Por lo demás bien. El maestro Laín,le recuerdo impartiendo una conferencia en el Aula Magna de Economicas,hará ahora cuarenta años,de Barcelona. Su voluntad de ser un puente entre las dos macrociudades españolas no ha tenido seguidores,al menos que yo conozca,de su talla.
Comentado por: maleas el 29/5/2008 a las 13:55
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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