El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
De la imposibilidad de cocinar con guantes blancos…

Walter Veltroni.
¿Qué ha sido de nosotros, cabe preguntarse para que lo que ayer describía respecto a Italia ocurra? Y digo de nosotros porque, en la competencia por dirigir el tiro a víctima más débil, el ex-comunista alcalde de Roma, se despachó el pasado invierno (aprovechando, eso sí, un traumático crimen) con un anatema sobre el conjunto de la comunidad de rumanos, llegando a afirmar (cito de memoria) que "antes de la llegada de estos emigrantes, Roma era la ciudad más segura de Europa", lo cual es simplemente falso; falsedad, de la cual el señor Veltroni era perfectamente consciente, lo que la convierte en llana mentira.
Ciertamente el señor Veltroni objetaría que cuando hizo aquella declaración tenía responsabilidades que comprometían a un sector político que se halla en la izquierda real, la izquierda compatible con la relación social de fuerzas; que no mostrar beligerancia en el caso del evocado crimen, hubiera sido irresponsable, pues la derecha no dejaría de explotar la aparente permisividad, etcétera; objetaría, en suma, como cierto policía torturador de Balzac, la imposibilidad de cocinar con guantes blancos...
[Publicado el 07/5/2008 a las 11:38]
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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