El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Odiar al más débil

En ese norte de Italia del que hablaba días atrás, evocando los 60 años del rodaje de la película de Visconti La terra trema, en las últimas elecciones italianas La Lega Norte ha obtenido un impresionante triunfo. Triunfo en localidades en amplias zonas rurales o semi-rurales del Piamonte, el Veneto o Lombardía, mas también en localidades que otro tiempo encarnaron los idearios de emancipación social, en el Torino de Cesare Pavese (poeta de vida y muerte trágicas, exiliado por el fascismo precisamente al Mezzogiorno) y en el Milán de Ivan Della Mea y del propio Luchino Visconti.
Triunfo de la Lega restaurando, es decir, poniendo al día, los argumentos con los que ya se abrió camino hace tres lustros. Pues el discurso de la Lega se limita hoy a ampliar el espectro de aquellos a los que se arroja a los pies de los caballos. Y para ello aprovecha incluso el sentimiento de los que fueron sus primeras víctimas, a saber, los que, sintiéndose italianos, son hoy presa de un sentimiento cotidiano de inseguridad, inquietud por el futuro económico y temor a una dilución de la propia identidad. Se trata de que vuelquen sobre alguien más débil esta carga (en realidad oculto resentimiento para los gestores y alcahuetes de un orden que, efectivamente, convierte muchas veces su vida en un pozo). Y este ser más débil no puede ser otro que el inmigrante. Lo cual no es óbice para que el discurso tradicionalmente insultante de la Lega para la población meridional prosiga:
Pues en todo el Norte se oyen hoy impúdicas voces de responsables proclamando explícitamente el carácter intrínsicamente ladro del carácter meridional. En la ex-comunista periferia milanesa, en la otrora roja Vicenza, y hasta en el Murano del que salieron obreros voluntarios para la guerra de España, será fácil escuchar en público parecidas frases vejatorias para una entera fracción del pueblo italiano.
[Publicado el 06/5/2008 a las 12:00]
claro, cuando Prodi tenía que expulsar a ilegales "se veía obligado", el pobre. estos parece que llevan, en cambio, el estigma del odio. cuando un progresista, tantos progresistas, bromean sobre los albaneses, bromean, y solo bromean. luego hacen su demagogia. en cambio, si es un conservador, entonces es que es un fascista.
esto de la moral kantiana, traspasada sin más a la política, además, es un poco una broma pesada que dura ya demasiado tiempo; puede servir para huir y hacerse el esteta, puede servir como postura estética, para embellecerse el alma, etc. Eichmann, cuando se excusó bajo la advocación de la "obediencia debida", no era más que un kantiano.
la moral kantiana es un "contar cabezas", como los "zelotas modernos" de los que hablaba Shaftesbury, no muy sospechoso de ser un reaccionario (de hecho es el fundador del primer partido progresista inglés, o eso leí en la wikipedia).
cosa indigna, y contradictoria in termini; eso es la moral kantiana (Kant, por lo demás, es en cierto modo el refinador del concepto de dignidad humana, pero ni mucho menos su inventor ni tampoco su máximo exponente).
esto es lo que pienso.
para una crítica de la moral kantiana: "Principis de saviesa i follia" de Rosset, en traducción al valenciano. 3i4.
Comentado por: ximo brotons el 06/5/2008 a las 20:27
Hace unos dias Umberto Eco bromeaba sobre la situación,la unica salida que veo es que nos invadan vds. ,los españoles vino a decir.
El caso italiano presenta singularidades pero se inscribe en una tendencia mas general.
Hace ya cuarenta años que hablabamos del poder masificador de la televisión que generalizaba,democratizaba,el que hasta entonces habia ejercido la prensa.En estos ultimos cuarenta años el cerco se ha ido haciendo mas ferreo,mas eficiente.
Presumiblemente el horizonte que se nos presenta,aumento de la población,carestía de materias primas y deterioro medioambiental haga que estas actitudes sean mas comunes y acentuadas.Vendrán años peores y nos volveran mas ciegos.
Comentado por: maleas el 06/5/2008 a las 12:39
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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