El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Episodio fabril: El Shangai y el Sevillano

En el año en el que La terra trema se rueda, el Mezzogiorno se hallaba sumergido en una profunda postración que se prolongó en la década siguiente, incrementando el abismo respecto al Norte fabril hacia el que los meridionales se veían obligados a desplazarse. Exilio que el propio Visconti describiría en términos punzantes en esa tragedia urbana que era Rocco y sus hermanos.
Ese exilio constituía espejo verídico y punzante para esos hijos de la España rural que, en los años negros del franquismo, abandonaron sus pueblos para poblar las colonias textiles de Cataluña o la margen izquierda de la ría de Bilbao. Cuando las tornas cambiaban, por ejemplo en la crisis provocada por el llamado "plan de estabilización", los recién llegados se veían abocados a competir brutalmente con los oriundos para hacerse con un puesto de trabajo. Si la tensión era excesiva, los hombres de maleta de cartón que llegaban a la estación de Francia en el Shangai (Barcelona, Venta de Baños, Zamora...) o el Sevillano (Barcelona Valencia, Alcazar de San Juan...) eran acogidos por...la Guardia Civil, que les proporcionaba un billete de vuelta para retornar a su lugar de origen sin salir de la estación. Esto que hoy es tan frecuente tratándose de viajeros procedentes de países no comunitarios (y de algunos que sí lo son) ocurría en el cenit de la retórica sobre la España unida; unida geográfica, política, económica y lingüísticamente.
Dado que tal unida lingüística consistía tan sólo en repudio y voluntad de exterminio de las lenguas vasca y catalana, los desarraigados inmigrantes de la España rural (utilizados vilmente por el régimen para hacer inviable el uso social cotidiano de esas lenguas) sufrían la más desgarradora contradicción moral que inmigrante alguno haya podido soportar: pues sujetos a la desconfianza y el menosprecio que las sociedades "desarrolladas" (entonces meramente fabriles) incuban para los desarraigados que en ellas buscan cobijo, eran a la vez considerados vehículo de desnaturalización de la propia cultura, el propio sistema de vida y sobre todo la propia lengua.
[Publicado el 05/5/2008 a las 14:15]
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
03/12/2008 12:12
Publicado por: Enea
02/12/2008 19:34
Cuando las ciudades dejan de...
Publicado por: maleas
02/12/2008 14:21
Seguro que al propio Marcel...
Publicado por: Enea
01/12/2008 19:59
Escocia, es muy bella, Venecia...
Publicado por: Enea
01/12/2008 18:42
Publicado por: maleas
01/12/2008 16:45
Publicado por: Enea
01/12/2008 16:07
No hay ciudades bellas, sino...
Publicado por: Fede
01/12/2008 14:38
Publicado por: Enea
01/12/2008 14:14
Publicado por: Enea
01/12/2008 13:57
San Petersburgo, que ciudad mas...
Publicado por: Edmond Grant
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres