El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 6 de octubre de 2008
A vueltas con Kant
El comportamiento humano puede, sin duda, hallarse determinado por fines contingentes, como el de adquirir mayor riqueza, abusar de un desvalido o, por el contrario, atenderle y ayudarle. Y Kant pretendía que la dignidad de la razón reposa entonces en que la intención de realizar tales actos, eventualmente inmorales, no funcione en el vacío, es decir: el ser de razón, una vez fijado un objetivo, no se deja llevar por inclinaciones subjetivas que podrían apartarle del mismo. Como hace un tiempo hemos visto, si no se actuaran de forma consecuente, el asesino o el violador añadirían a la ignominia del objetivo una suerte de traición a la condición humana. En última instancia cabría decir que vale más tener objetivos lesivos para la humanidad siendo consecuente en la disposición para alcanzarlos, que tener objetivos loables siendo sin embargo un gandul que no se sacrifica a fin de llevarlos a término.
Obviamente lo racional consistiría en tener disposición plena... a fin de alcanzar un objetivo irreprochable, es decir, un objetivo favorable a la persistencia y a la fertilidad de los seres de razón. Pues habría efectivamente un fin al que ningún ser de razón podría sustraerse, un fin que todos tendríamos como propio, a saber, pura y simplemente que la razón misma persista. Mas como la razón se da sólo en la humanidad y como la humanidad se encarna en individuos, de la postulación de tal fin racional se infiere el deber de luchar para que siga habiendo representantes de la humanidad.
Nótese que digo el deber y no el deseo, pues éste, en definitiva, poco tiene que ver en este asunto, en el que cuenta sobre todo el hecho de ser consecuente. Y ello valdría naturalmente para ese representante de la humanidad que yo mismo constituyo. De ahí que, kantianamente hablando, sea contrario a los intereses de la razón y en consecuencia poco ético el dar cobijo a la intención de acabar con la propia vida. Veremos, sin embargo, que no es obligatorio casarse con Kant en este asunto.
[Publicado el 11/4/2008 a las 11:45]
Ave Víctor: ahora que me habías convencido con Kant, revuelves intelectualmewnte mi conciencia con esa extraña libertad de la que hablas y que me deja perplejo. Has plasmado perfectamente tu opinión acerca de la posibilidad de la contracepción libre sin más. Dentro de cinco minutos comienza la última hora de clase y estamos ultimando en 1ºBachillerato el tema del teísmo, ateismo y agnosticismo (incluida la idiferencia mardoniana) Me dan ganas de fotocopiar tu texto a los alumnos pero creo que debo digerirlo yo primero. Esperemos otros comentarios.
Comentado por: Imanol Gómez Martín el 15/4/2008 a las 13:04
Lo suyo sería que los que tiene objetivos lesivos fuesen gandules y los que los tienen loables fuesen constantes. Pero resulta que los de los obejtivos lesivos suelen ser además ambiciosos y claro eso es un buen motor para la constancia ¡el bien propio, oigan, miren como mueve el bien propio! hasta echar las asaduras; y los que piensan en los demás como que se cansan antes, total para lo que van a pillar. Ya es hora de que la constancia cambie de mano. ¡Señoras y señores, a la carga!
Y como esto no deja ver la vista previa y no tengo ganas de darle al scrol que sea lo que Dios quiera. ¿Ven? a eso me refiero con lo de la ambición personal.
Hala, ahora mirarè
Comentado por: Mitin el 13/4/2008 a las 19:43
"cabría decir que vale más tener objetivos lesivos para la humanidad siendo consecuente en la disposición para alcanzarlos, que tener objetivos loables siendo sin embargo un gandul que no se sacrifica a fin de llevarlos a término"
¿¿¿????
Eso desde luego no es kantianismo.
Más bien parece hitlerianismo (eficacia indiscutible en llevar a cabo objetivos lesivos para la humanidad).
A estas alturas de la confusión ya no queda claro si con ese supuesto kantianismo sí que se casa usted.
Comentado por: JoseAngel el 13/4/2008 a las 12:33
Ave Víctor: ¿nos quedamos en la moral kantiana o avanzamos hasta llegar a un acuerdo? Esto me suena a pragmatismo y a la pugna entre Rorty y Habermas en su último libro: Sobre la verdad: ¿validez universal o justificación?
Comentado por: Imanol Gómez Martín el 11/4/2008 a las 20:38
No me parece una contradicción el hecho de que el lenguaje dé cuenta de su propio origen; que resulte curioso o paradójico, bueno pero ¿contradictorio? ¿Por qué? Imagino que tal vez se refiera a describir con el lenguaje una etapa de no-lenguaje en absoluto, sin embargo, en primer lugar, dudo que tal etapa existiera. Entiendo por lenguaje una relación, una comunicación, un flujo de un ser a otro; es decir, lo veo de una manera más amplia que el significado que se le suele dar. Pienso que la relación entre seres se crea al mismo tiempo que éstos, la existencia implica relación, conexión. Considero el mundo, el Universo, unido formando un todo indisoluble; como las células de nuestro cuerpo que trabajando de manera "independiente" siguen siendo parte del mismo organismo. De esa relación básica que es para mí el lenguaje, se derivan los idiomas como forma más compleja y evolucionada.
En 2º lugar, con el lenguaje podemos narrar lo que imaginamos y eso no conforma una contradicción en realidad. Lo que no podemos hacer es vivir algo que no vivimos (y esto nada tiene que ver con el lenguaje). Lo mismo que uno no puede describir la muerte tal como es sino sólo como la imaginamos (lo que, por otro lado, ocurre con todo) ya que para ello tendría que haber vivido esa experiencia y si ha muerto no puede experimentar; al menos, desde el concepto que se tiene de la muerte como "nada", desaparición del ser y su consciencia.
Divagando un poco y dando un salto cualitativo, diría que tendría que estar muerto y vivo a la vez, eso sí es una contradicción, como el gato de Schrödinger que puede resultar útil para resolver de forma filosófica el conflicto ético de la eutanasia: ponemos al enfermo en una caja cerrada con una cápsula, de veneno y allí que haga lo que quiera sin que nadie le acuse de autoengañarse o de traición. Al fin lo que uno elige cuando se suicida no es la muerte sino la huída de la vida que conoce, que se le hace insoportable al punto de superar el miedo a lo desconocido y a la posibilidad de la nada.
Comentado por: alicedd el 11/4/2008 a las 12:49
Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con lugares como París, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia con la confrontación a la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. A la vez, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
02/10/2008 18:20
Publicado por: mªjosé
02/10/2008 00:23
Hola buenas, mire usted no me...
Publicado por: DANIEL
01/10/2008 23:41
Publicado por: mªjosé
01/10/2008 22:17
Publicado por: mitin
30/9/2008 21:08
Publicado por: maleas
29/9/2008 15:04
Si leer no nos mejora y escribir...
Publicado por: mªjosé
29/9/2008 03:41
Publicado por: maria antonieta martinez granados
27/9/2008 14:43
Publicado por: mitin
26/9/2008 20:59
Publicado por: maleas
25/9/2008 13:07
Publicado por: gines
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