El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
¿Sería falaz toda decisión de muerte propia?
Avanzaba hace unos días que la muerte voluntaria plantea para muchos una interrogación relativa a si realmente en su fuero más interno alguien puede realmente aspirar a ella. Un cierto desvío por un problema más general es necesario para abordar el asunto:
Ferdinand de Saussure señalaba el carácter contradictorio de la pregunta sobre el origen del lenguaje, dado que encontrar la respuesta, obviamente lingüística, equivaldría a erigir el lenguaje en testigo de un acontecer previo a su propia emergencia. Idéntica aporía se presenta a los antropólogos que intentan explicar la aparición entre los humanos de la ley, es decir: la sustitución de relaciones de equilibrio determinadas por la naturaleza, por una convivencia sustentada en principios (prohibición del incesto, por ejemplo). Pues la ley así definida es la condición de posibilidad de que se den cabalmente esos humanos que, teóricamente, se habrían puesto de acuerdo para establecerla.
Pero estos presupuestos sobre los que se sustenta todo discurso explicativo y toda organización de la existencia sustentada en explicación, es decir toda existencia humana, estos presupuestos que constituyen la ley y el lenguaje, son indisociables de su concreción en una subjetividad, la cual siempre es propia. Así el imperativo subjetivo de no cometer incesto es la forma en la que cristaliza la ley del incesto considerada como universal del orden social. De ahí que la imposibilidad de hacer abstracción de la ley y el lenguaje se traduzca en imposibilidad de hacer abstracción de la propia presencia, de ese pensar subjetivo que Descartes sitúa (con razón apodíctica) en el centro del universo.
De ahí que haya podido sostenerse lo inconcebible de la muerte propia. La propia razón da cuenta de la necesidad de la desaparición biológica, pero no da cuenta de la desaparición de sí misma como fundamento último de toda cuenta. Hay perfecta concepción de la necesidad de la muerte empírica, pero no habría concepción posible de la muerte entendida como abolición de esa misma subjetividad racional que tiene certeza de la muerte empírica. Cabría, paradójicamente, decir que no puede ser abolido el único ser vivo marcado por la lucidez respecto a la inevitabilidad de la empírica muerte propia. Paradoja a la que quizás alude Sigmund Freud cuando nos dice (sin pretensión alguna de aportar consuelo) que en el inconsciente todos estamos convencidos de nuestra inmortalidad.
Como hace unos días indicaba, esto conduce inevitablemente a desconfiar de la auténtica motivación de aquel que cree querer acabar con su vida. Si el sujeto siente en lo profundo la imposibilidad de dejar de estar presente, entonces su decisión de morir sería de alguna manera un farol ante sí mismo.
[Publicado el 10/4/2008 a las 11:00]
yo no sé mucho de la muerte, pero Spinoza decía que el suicidio es imposible: la razón, si es plenamente razón, _siempre_ quiere vivir. Los hombres, si piensan, si hacen rectamente uso de la razón, no pueden querer morir, pues este deseo sería irracional, sería delirante.
Comentado por: ximo brotons el 11/4/2008 a las 22:59
¡Qué lejos de la realidad, de la vida, se sitúa su comentario! ¿No ha tenido que aceptar nunca una decisión ajena, aunque dolorosa y no compartida, como válida? oH, ¿es algo con lo que la filosofía no puede?
Comentado por: ¿? el 10/4/2008 a las 16:12
Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
05/7/2008 13:12
Es lo que tiene la Granja,no...
Publicado por: maleas
03/7/2008 22:39
Publicado por: B
03/7/2008 14:47
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03/7/2008 11:55
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03/7/2008 11:48
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02/7/2008 12:23
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02/7/2008 10:28
Publicado por: Esselte Petrus 226
02/7/2008 08:56
Maleas, claro que estamos en un...
Publicado por: provoqueen
02/7/2008 00:21
Ossa Yo no soy antiliberal ,...
Publicado por: albert
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