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lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Demetrio Pin

Civilización y representación de la muerte propia

He enfatizado la tesis de que no cabe realmente asunción de la propia muerte, pues cuando sigue habiendo un sujeto que asume lo que acontece... obviamente la muerte es pura representación. Mas esta suerte de inadecuación entre la muerte misma y lo que de ella nos es dado, en absoluto es óbice para que, entre los vivos, sea de elemental exigencia democrática el derecho, no ya a la muerte sino a una muerte en conformidad a la imagen que de tal trance uno tiene como más aceptable. Sí, la libertad pasa también porque esa muerte de la que no hay concepto cabal se aproxime lo más posible a la muerte deseada.

Señalaba en una de las reflexiones que preceden que sería contradictorio dar cuenta o razón de la ley y del lenguaje, ya que sin ley y lenguaje es imposible dar cuentas. Mas ello no impide que proyectemos en el pasado (de hecho con ayuda de la ciencia) una imagen de lo que pudo ser el primer acuerdo configurador de los humanos; y hasta del primer momento en el que -con la aparición de los homínidos de Herto en Etiopía- un mero código de señales dejó de ser instrumento para ser fin en sí mismo, para convertirse en lenguaje.

Análogamente esa cosa trascendente a todo saber forjado en el lenguaje que es la muerte propia puede encontrar proyección en imágenes cargadas de las significaciones más opuestas: bálsamo, reposo, fusión exaltante, pero también mutilación, parálisis o abandono.

Lo inevitable, lo estructural, de esta dimensión proyectiva de la propia muerte hace que cualquier civilización incluya entre las variables fundamentales de la vida todo aquello que concierne al ritual de la muerte. Cabe incluso erigir este aspecto en criterio a la hora de juzgar el auténtico grado de sabiduría y respeto de los valores humanos de una u otra sociedad. Pues ciertas culturas, asumiendo en el orden cotidiano la presencia de la muerte, facilitan en los que a ella se enfrentan imágenes de reencuentro con la naturaleza elemental, o con la idea de morada. ¿Cómo equiparar tales sociedades a esas otras en las que la muerte es fóbicamente repudiada de los hogares y los agonizantes, homologados por tal condición, tienen como única imagen de la vida que aún prosigue el que ocupa el lecho contiguo en esa prefiguración de la tumba que son las salas de enfermos terminales?

[Publicado el 02/4/2008 a las 11:58]

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Comentarios (3)

  • No sé qué tanto en realidad le importa a alguien que ni siquiera sabía que existías, si te quieres suicidar o no o por qué se cree con derecho a decidir. Si se puede ayudar a mejorar la situación, adelante, si sólo se va a contemplar y opinar, tal vez lo sabrá mejor quien lo esté viviendo. El suicidio es el derecho a rendirse, a renegar de la lucha por la subsistencia. Se les puede llamar cobardes, por huir de la vida o valientes, por enfrentar la muerte y lo desconocido, tal vez la nada pero eso sólo son categorías morales con las que pretendemos manipular la opinión de los demás para apoyar nuestros prejuicios, en uno u otro sentido. Es cierto que los sentimientos y circunstancias son variables y que a veces desde fuera se puede animar a que las personas aguanten un poco más, porque uno cree que al final ganarán, que el mal momento va a pasar y que vale la pena soportarlo por lo bueno de lo que podrán disfrutar aún. Mais, qué decir de casos en los que ni siquiera los no afectados creen en las posibilidades del sujeto de superar de algún modo, su malestar? El tema es muy complicado por lo irreversible. La muerte es la gran desconocida, más allá de nuestro alcance.

    Comentado por: alicedd el 03/4/2008 a las 11:48

  • Fe de ratas:
    En el comentario anterior,
    "ya que sin ley NI lenguaje es imposible dar cuenta ni razón de nada, sería contradictorio tenerlos y no usarlos para dar cuenta de sí mismos - de la ley y del lenguaje".
    Y en el comentario al artículo anterior:
    "el Estado suele determinar (suele, digo) NO que nadie..."

    Comentado por: JoseAngel el 02/4/2008 a las 23:13

  • A esta aserción:
    "sería contradictorio dar cuenta o razón de la ley y del lenguaje, ya que sin ley y lenguaje es imposible dar cuentas"
    cabría oponer esta otra:
    "ya que sin ley lenguaje es imposible dar cuenta ni razón de nada, sería contradictorio tenerlos y no usarlos para dar cuenta de sí mismos - de la ley y del lenguaje".

    Que, me parece, describe mejor la práctica de lo que en realidad sucede.

    Comentado por: JoseAngel el 02/4/2008 a las 22:52

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Biografía

Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.

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