El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
¿Moralidad ignata?
He avanzado aquí en múltiples ocasiones la tesis de que persona alguna necesita "profesores de virtud", que todo ser de razón repugna la imagen de la fuerza abusiva y, en suma, que en un registro profundo los seres de lenguaje somos seres morales. Ello tiene su corolario para estudiantes de filosofía eventuales profesores futuros de ética: su tarea no consistiría en enseñar a nadie lo que hay que hacer, si no en poner sobre el tapete las razones kantianas para afirmar que nadie se equivoca -en lo esencial- al respecto. Lo cual no es óbice para ser conscientes de que, a la hora de la aplicación, la moralidad entre en interno desgarro, por ejemplo según la polaridad ley clara-ley oscura, polaridad tan presente en la tragedia griega, y más cerca de nosotros en el emblemático personaje interpretado por Joseph Cotten en El tercer hombre (contrapunto del personaje de una pieza, fiel sólo a la ley oscura, que interpreta de forma conmovedora Alida Valli)
Mas si la moralidad forma efectivamente parte de la arquitectura espiritual del ser humano, si es una determinación inherente a la condición racional ¿por qué en este escrito juega un papel tan importante la consideración de casos que parecerían ser más bien pruebas de lo contrario? Pues simplemente en razón de que el pensar de los seres humanos sólo responderá a los imperativos de su naturaleza, si esta naturaleza se ha realizado, es decir, si el ser humano en potencia ha venido a serlo en acto. Pero tal realización tiene condiciones sociales de posibilidad que, además de no darse, ni siquiera parecen estar en el horizonte, constituir un real objetivo.
Sé que hay en estas líneas una irreductible polaridad. Por un lado revelan una confianza en la intrínseca moralidad del ser humano (kantiano, tema de una razón práctica que complementaría la razón cognoscitiva), mas por otro lado otorgan enorme peso a las tesis de que la falacia y la mentira son algo más que superables contingencias de la organización social.
[Publicado el 07/3/2008 a las 07:00]
Sí, es posible, el bien y el mal quizás como "intuición" antes de ser argumentado y racionalizado, en base a la experiencia. En base a las experiencias que aseguren la supervivencia, al fin el bien y el mal en realidad podrían venir a ser eso, como algunos dicen, adaptación: lo bueno es lo que ayuda a sobrevivir al grupo y al individuo, y eso explicaría también los conflictos y el cacao mental y las confusiones que a veces nos montamos. Creo que se suele ver el bien y el mal como un valor en sí mismo, casi como una orden divina, más que como algo con una finalidad práctica. También lo "bueno" es lo que hace que se conserve el orden establecido, siempre que la mayoría avale o acepte ese orden, en las revoluciones probablemente se ¿subvierten? los valores. Lo que también parece estar claro es que todas las acciones tienen efectos beneficiosos para algunos y perniciosos para otros, así que a veces no sería fácil definirlas en términos absolutos como buenas o malas.
En cuanto al convencimiento al que un individuo pueda llegar dependerá, es decir, incluso una víctima puede aceptar su propio sacrificio si lo considera necesario como parte de un bien mayor para la colectividad pero si no es así difícilmente podrá convencerse de la bondad de las ideas que le inflijan un castigo. Pero tal vez sea confundir el medio con los fines y sólo si los separa podría respetar ideas diferentes o por lo menos hacer distingos entre las personas aunque éstas pertenezcan a un mismo grupo. A pesar de lo que digo creo que humanamente siempre conservaremos sobre el bien, el mal y la moral, cierta convicción de que es algo verdadero y ético más allá del momento histórico o de la finalidad práctica; o cierto deseo de que así sea.
Comentado por: alicedd el 09/3/2008 a las 18:42
Es verdad, alicedd, estos conceptos generales en seguida nos llevan muy lejos. Pero me refiero a una cosa muy concreta: ¿cómo convencer a alguien que ha sido víctima de las "buenas ideas", sancionadas así por la historia, las que dan certificados del Bien y el Mal, de la Verdad y la Mentira, cómo convencerlo de que su personal historia estaba equivocada? Sobre todo cuando muchas de las Buenas Ideas Sociales de una época han acabado siendo desenmascaradas. Creo que es la suma de las experiencias la que acaba decantando juicios de valor, la que crea sedimentos fijos en forma de ideas transmisibles. Ahora bien, según qué proporción, obedeciendo a qué regla (eso sería una auténtica "racionalidad"), se nos escapa. Por eso, alicedd, creo que la argumentación moral viene al final, cuando una experiencia más o menos colectiva avala determinadas valoraciones.
Parece que con todo esto no salimos de la maraña dialéctica Mentira-Verdad (o al revés) en que nos han metido en este blog.
Comentado por: Pangloss el 09/3/2008 a las 14:01
Sí, Pangloss, pero ¿de dónde viene ese criterio social impuesto por la mayoría?Un criterio ha de ser pensado por alguien, ¿piensa que es una construcción múltiple? ¿simultáneamente construída racional o intuitivamente y/o aceptada, por los miembros de una sociedad? porque otra alternativa es que un individuo piensa y convence a otros. ¿Argumentación moral como opuesto a criterio social? Los que defienden la moralidad innata, alguno de ellos por lo menos, no estoy tan informada..., lo apoyan en que el hombre es un ser social y de ese hecho se deriva la moralidad: mayor supervivencia del que atiende al bien del grupo. No sé ya si me estoy liando un poco con tantos conceptos.
Comentado por: alicedd el 09/3/2008 a las 03:37
El hecho que la ética kantiana sea formal, es una forma irónica de recordarnos que el contenido (qué sean el bien y el mal, o cómo es posible llegar a nombrarlos) lo ponemos nosotros. Ese "nosotros" para Kant seria algo más que social, o relativo. Sería el tejido de la racionalidad: algo que desde nuestra perspectiva, después de las filosofías del lenguaje, quizá sólo podamos entender como capas de argumentación que van solapándose a los hechos y, sólo a veces, consiguen corregir su curso. Esto no es relativismo, porque no niega el hecho moral. Sólo niega que la argumentación o justificación de cada cual (tirios contra troyanos, poderes de uno y otro signo) pueda llegar a tener el mismo calado que la experiencia moral, individual e intransferible. No creo que la argumentación moral pueda llegar a convencer: al final no hay otro criterio racional o argumentativo que el criterio social que impone la mayoría. Es decir, que no hay criterio.
Comentado por: Pangloss el 08/3/2008 a las 18:01
Comentado por: Jorge el 07/3/2008 a las 21:18
No alicedd,no tengo razones personales.Si bien la familia de mi madre lo pasó mal,eran gente acaudalada,no hubo victimas.
Leyendo los diarios del abuelo,lo que peor le sentó fué que le quitaron el coche en 1936.Mas tarde,en 1940,cuando fué a testificar a un consejo de guerra a favor de un paisano y colega suyo,anotó en el diario: " Tengo miedo".Creo que resume el clima de aquellos años.
Comentado por: maleas el 07/3/2008 a las 20:44
Maleas, uno puede estar a favor o en contra de una ideología y una ideología en sí puede parecernos más moral que otra pero las formas de defender esas ideas resultan a veces ser igualmente violentas y ofensivas. Pregunte a las víctimas si el dolor fue menor. Además, no olvide la excusa que una guerra supone para todo tipo de atrocidades arbitrarias provocadas por mercenarios y también por esos que luchan por sus ideas. Estoy con usted en preferir los ideales de la República pero eso es todo. Tal vez es cierto que llega un punto en que es imposible defenderse sin hacerlo usando la fuerza pero llegados a ese punto, el daño que el otro recibe también es daño, se lo buscó, parece decir usted. En un caso individual y simple pudiera explicarse así pero en una guerra creo que es mucho más complejo. Imagino que a usted le tocó más de cerca y cuando se implican las emociones, el juicio es distinto también. Sólo le doy mi opinión, un saludo.
Comentado por: alicedd el 07/3/2008 a las 20:24
Creo que anteponer esas "condiciones sociales" (que nunca llegan) al esfuerzo ético individual abre la puerta a un relativismo moral capaz de comprender cualquier barbaridad.
Comentado por: Baldung el 07/3/2008 a las 11:38
Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.
16/5/2008 21:06
Publicado por: alicedd
15/5/2008 18:01
Publicado por: maleas
13/5/2008 20:36
Hoy,trece de mayo, a las 22:30,...
Publicado por: kdhf
13/5/2008 19:17
Publicado por: JoseAngel
13/5/2008 18:53
Publicado por: Imanol Gómez Martín
13/5/2008 17:56
Pues, efectivamente, no todos...
Publicado por: ossa
13/5/2008 00:31
Publicado por: ksj
12/5/2008 19:02
COMO QUE ESTA MEDIO CABIS BAJO
Publicado por: eulalia
12/5/2008 15:26
Publicado por: Imanol Gómez Martín
09/5/2008 09:47
Publicado por: Imanol Gómez Martín
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