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Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

Dar el voto versus...otorgar la confianza

Dado el escepticismo, cargado de ironía, y hasta sarcasmo con la que muchos ciudadanos responden a los discursos, de aquellos mismos a los que se disponen a votar, que no precisamente a otorgar la confianza, se diría que están perfectamente convencidos de que, efectivamente, las promesas electorales están hechas para no ser cumplidas, o cuando menos convencidos de que el eventual incumplimiento no es cuestión clave.

Las variables determinantes a la hora de juzgar a la clase política serían de otro orden, la capacidad de gestión, aunque se diera el caso de que ser un buen gestor consista en ser astuto a la hora de, por ejemplo, conseguir para el país un lugar de privilegio en la competencia por la rapiña de recursos naturales y la instrumentalización de pueblos.

Hay ejemplos muy claros al respecto. Ni siquiera los mayores partidarios de Tony Blair le consideran precisamente un hombre de palabra. Baste recordar la sarta de mentiras con la que embaucó a sus compatriotas (al menos en apariencia, pues creo que casi nadie se llamaba a engaño) en el sórdido asunto de Irak. Y no obstante, al dejar sus funciones fue nombrado mediador en el conflicto palestino- israelí, una de cuyas partes podía sentirse afectada por el anterior drama justificado en base a falacias.

Ante los discursos a veces simplemente vacuos a veces claramente mentirosos de importantísimos políticos, respondemos con el gesto de que ya sabemos a estas alturas que los niños no vienen de París. Tremendo asunto para alguien anclado a razones kantianas: un orden social que perdura pese a que se ha generalizado como máxima de acción de los gestores ciudadanos el que su decir no compromete... parole, parole, parole, reza una pegadiza melodía italiana.

[Publicado el 19/2/2008 a las 11:30]

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Comentarios (3)

  • “Cuando uso una palabra”, dijo Humpty Dumpty, en un tono más bien desdeñoso, “significa sólo lo que yo decido que signifique –ni más ni menos-“.

    “La cuestión es”, dijo Alicia, “si tú puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas”.

    “La cuestión es”, dijo Humpty Dumpty, “quién es el manda –eso es todo-“.


    Pero las palabras importan, y aún considerando algunas variaciones, somos capaces de distinguir que un país es una democracia sólo si posee todas las instituciones políticas propias de una democracia, con independencia de lo que nos digan los propagandistas y líderes.

    Se dice que nunca se sabe si algo es bueno hasta que se pone a prueba, y lo que hoy observamos es una exhibición enorme de insuficiencias y pésimos ejemplos, que operan rayando el umbral mínimo aceptable. De las cuatro instituciones básicas, falla estrepitosamente una: las fuentes de información alternativas e independientes.

    Aprendiendo...

    Un cordial saludo,

    Comentado por: francesca el 19/2/2008 a las 22:45

  • no estoy de acuerdo

    es lo que tiene las razones kantianas

    el primer mentiroso es Kant, sus "ideas de la razón" no son sino eso, falacias.

    más mentiroso era Platón, no obstante.

    por no hablar de Marx.

    la democracia es el sistema en el que la verdad (científica) es posible, en el que la prudencia política es posible, en el que se puede decir la verdad.

    pero ya en Grecia esto era difícil, y hoy también, pues a pesar de que en algunos aspectos hemos mejorado, como extensión de la democracia, extensión de la ciudadanía, desarrollo científico y técnico, etc., en otros no tanto o de forma diferente: especialmente en el de la religión, judeo-cristiana, que los griegos no conocieron.

    nuestras sociedades democráticas están impregnadas de esto, pero peor es querer sustituirlo por "ideologías" que en verdad son formas de religión igualmente falaces (y casi nunca compatibles con una democracia, como al menos lo es el judeo-cristianismo secularizado).

    Irak: sórdido fue un poco. Pero en fin, pídale al vecino que le diga toda la verdad y nada más que la verdad, incluso para ser amable con usted, y morirá en el intento (el vecino, y nosotros también).

    Comentado por: ximo brotons el 19/2/2008 a las 21:00

  • Pues sí, votamos en negativo, excepto los más fanáticos, afiliados y defensores a ultranza, los que se sienten realmente comprometidos. Muchos votan sólo porque tienen ese derecho, sin grandes ilusiones y con bastante ignorancia y desencanto. La política se siente como algo que se escapara por completo y el voto en cambio aparece como lo único que puedes hacer para "sujetarlo" por una esquinita resbaladiza, la conexión al poder y a la organización de la sociedad.

    Comentado por: ramas el 19/2/2008 a las 20:02

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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