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Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

Ante el estupor de Kant...

/upload/fotos/blogs_entradas/metafsica_de_las_costumbres_med.jpgEn su Metafísica de las costumbres, Kant intenta poner de relieve la imposibilidad de que el orden social, y hasta el natural, persistiera si las máximas de acción contrarias a la moralidad fueran erigidas en leyes universales a las que se adecuaría necesariamente nuestro comportamiento. Uno de los ejemplos que el pensador nos ofrece es relativo a la palabra empeñada, ejemplo concretizado en la persona que, apurada, solicita una ayuda económica. Esta persona puede hallarse tentada de prometer su devolución en un plazo determinado, aun a sabiendas de que ello no va a ser posible. Por definición, la palabra no surtirá efecto más que si el que la enuncia es susceptible de ser creído. Si la enunciación de falsas promesas fuera erigida en ley universal determinante del comportamiento, de tal manera que toda promesa tuviera entre sus rasgos esenciales el ser falsa... obviamente nadie avanzaría un penique, pues tendría la certeza de no recuperarlo.

El ejemplo no es excesivamente convincente, pues sabido es que en la inmensa mayoría de casos en los que el dinero está en juego, las variables que instan a la devolución suelen ser mucho más diversas que el respeto a la palabra y el imperativo de su cumplimiento. Pero no es este el aspecto que ahora quisiera discutir.

Estamos en España en campaña electoral y los periódicos de todas las tendencias se hacen eco del derroche de promesas electorales por parte de los diversos candidatos. La crítica se acentúa más o menos en función de la línea editorial, pero en la generalidad de los comentarios predomina un tono irónico, que esconde una suerte de fatalista convicción respecto a que la cosa pudiera ser de otra manera. En el fondo-parecen decirse- las falsas promesas se multiplican porque es intrínsico ingrediente de la vida política el que se alimente a los ciudadanos con perspectivas fantasiosas. De hecho varias veces he oído a comentaristas de la campaña evocar la frase atribuida a Tierno Galván según la cual "las promesas electorales están hechas para no cumplirse". Lo curioso de la actitud de los destinatarios de promesas electorales, es que parecen perfectamente convencidos de que la cosa es así. Abordaré este asunto en la próxima entrega.

[Publicado el 18/2/2008 a las 11:15]

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Comentarios (1)

  • Tal vez mañana su disposición le lleve a hablarnos de Platón, sobre la incompetencia y el espíritu de facción, como los dos grandes males políticos fundamentales a los que nos seguimos enfrentando hoy; o de Aristóteles y las causas de la decadencia en los estados democráticos, lo que representaría una vuelta a la filosofía política, lo cual estaría bien, dada la falta de cultura políca que se observa en este país de soñadores.

    El estilo prudente que nos viene mostrando, me hace suponer que no nos hablará de Diógenes, seguro que no. No dirá aquello de que cualquiera que sea la clase social, la mayor parte de los hombres son estúpidos. Claro que es poco edificante extremar, y la verdad es que los déspotas ilustrados son poco simpáticos.

    Nosotros, los que estamos viviendo en esta época de España (aún), y no nos place participar, ni siquiera observar de cerca las facciones, a nosotros nos corresponde apechugar con la incomodidad de actuar en negativo, algo poco estimulante. Votamos para que boten del poder que no merecen.

    Por mi parte, aunque vea poco la tele, y no compre ningún periódico, me entero de algunas declaraciones de nuestra clase política, y me llena de asombro escuchar cosas como: “Yo hice la mayor subida de las pensiones…” o “Yo haré que las amas de casa cobren un sueldo…” Y digo yo si es que estarán disfrutando de alguna herencia fabulosa que comparten con nosotros, los pobres idiotas que pagamos con nuestros impuestos sus viajes y estancia en hoteles de cinco estrellas, etc. Disculpe la salida de tono, pero es que… lo evidente es que se representan a ellos mismos, sin más. Las siglas de cada partido deberían revisarse, porque ¿qué significan hoy?

    Un saludo,

    Comentado por: francesca el 18/2/2008 a las 20:59

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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