El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 6 de octubre de 2008
Digresión: no hay héroe melancólico
Todo ser humano proyecta sobre una u otra persona una plenitud mirífica de tal manera que esa imagen se convierte en una suerte de garantía de la riqueza propia. Mas este ideal puede jugar un papel muy diferente en función de múltiples variables, la mayoría sometidas a la pura suerte, de las que depende que una persona se configure como alguien que afirma la vida o más bien como alguien que, por nihilismo, la repudia. Pues bien:
Paradigma del segundo tipo es una cierta versión del "héroe" romántico que podríamos concretizar en el personaje de Werther. Este en efecto no muere por causa alguna cuya realización exija el sacrificio de la propia vida. Por la muerte de Werther nada se fertiliza ni engrandece. Nadie la esperaba como sacrificio generador de riqueza o libertad, nadie la toma como inevitable momento de duelo liberador. Tal muerte genera en todo caso resentida -y oculta- satisfacción en el celoso marido de Charlotte. Todos los demás experimentarán un sentimiento de pura desolación por una vida estérilmente segada.
"Esclavo, es quien prefiere la vida a la libertad" reza una sentencia hegeliana ya universalizada o universalizable Y como la condición de esclavo es incompatible con la cabalmente humana, puede decirse que entre los rasgos del hombre consta el de no querer vivir a cualquier precio, y desde luego no al precio de la genuflexión.
Pero una cosa es no querer vivir a cualquier precio y otra muy diferente es querer morir literalmente por nada, querer morir por nihilista sentimiento de que cosa alguna, salvo el evocado ideal que el melancólico vive como intrínsicamente perdido, merece la pena de ser considerado y eventualmente de luchar por ello. Puesto que hacía alusión a un protagonista literario convertido en operístico, evocaré un segundo personaje de este mismo género:
El papel de Mario Cavaradosi, en la ópera de Puccini Tosca, se inicia con un aria brillante en la que se refleja su esplendida fortuna, pues en el vigor de la juventud, a la vez se recrea como artista y es apasionadamente amado por la diva Tosca. De tal sobreabundancia surge casi naturalmente su compromiso militante en contra de Scarpia quien, ajeno al arte y despreciado por Tosca, sirve rastreramente a un régimen tiránico, complaciéndose en el abuso y tortura de los débiles. El compromiso hace caer a Cavaradosi en manos de Scarpia y, por su fidelidad a la palabra compartida, es brutalmente torturado y finalmente (por complejos derroteros) fusilado.
En una hipotética continuación de la trama, es de suponer que la muerte de Cavaradosi se traduce para el pueblo de Roma en ineludible exigencia de abandonar la actitud genuflexa y acabar con la tiranía. Pues bien: esta fertilidad de la muerte de Cavaradosi se halla en las antípodas de la muerte melancólica, la muerte como resultado de que el alma propia se apaga y en consecuencia el entorno queda para uno, privado de luz.
Afortunados aquellos que en plena sobreabundancia y precisamente por sentimiento de la misma, precipitan eventualmente su confrontación con la muerte, sabiendo que de todas maneras ésta es algo inevitable. En ellos se realiza plenamente el ideal griego de la andreia, es decir, de esa hombría atribuible tanto a hombres como a mujeres sin la cual no cabe hablar de auténtica asunción de nuestra singular naturaleza.
Corolario de lo que precede es que la actitud heroica en nada esta reñida con la plena inserción en aquello que constituye la urdimbre de la vida de los hombres. El héroe está sin duda atravesado por cierta pulsión a traspasar los límites, una pulsión de infinitud. Mas al decir de Hegel "en el amor del hombre por la naturaleza, por su familia, por su patria hay como una inmanencia de lo infinito en lo finito". Una manera de proclamar que lo que se juega en este triple registro tiene importancia enorme y en consecuencia, el triunfo o el fracaso (quizás la suerte o su ausencia) en estos ámbitos, determinan que el espíritu esté o no en condiciones de relativizar el peso de la vida... por sobreabundancia. El héroe, en suma, nunca repudia el mundo, sino que por el contrario lo hace suyo plenamente, y sólo por tal reconciliación es capaz de distanciarse del mismo y de su propio ser. De ahí la imposibilidad de un héroe melancólico.
[Publicado el 13/2/2008 a las 07:15]
Comentado por: Maria Jesus el 07/4/2008 a las 21:45
Comentado por: Maria Jesus el 07/4/2008 a las 21:42
Comentado por: Maria jesus el 07/4/2008 a las 21:37
llevo todo el mes sin leer nada, voy cargado de trabajo
no sé si sabéis que Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía se presenta en toda España y en esas estamos (propaganda electoral)
a lo que iba: además, se está celebrando un curso del Cefire de Alicante organizado por profesores de filosofía de la provincia, en Elche y Alicante
el enlace: http://filosofia-alicante.blogspot.com/ o www.dialectica.es
una serie de ponencias muy interesantes, sobre Quine y Davidson, sobre religiosidad y pseudociencias, sobre dialéctica y analogía, la mía sobre el "nous" y la imaginación, también otra de historia sobre un libro de Elliot, y otra contra la Loe y la cosa está de la "ciudadanía", otra sobre Walter Benjamin, y habrá más sobre Nietzsche, Pascal, Zubiri, y de temas políticos como la renta básica, el feminismo y la prostitución
saludos.
Comentado por: ximo brotons el 13/2/2008 a las 22:23
Gran daño hace la poesía al hombre. Me refiero al hombre concreto, que lucha día a día, y suda mil sudores, porque el otro, el poético, el héroe, no es un ser real, emularlo es una trampa.
En la vida real las cosas funcionan de otra forma; la entereza está muy bien, pero bien harás en no mantenerla en toda circunstancia. La primera obligación del hombre, su virtud primera, es la lucha por sobrevivir, así que no sé porqué ha de admirar al valiente y despreciar al cobarde, siendo la cobardía en tantas ocasiones mejor estrategia para la permanencia en el ser. La virtud radica en el buen sentido en la elección de lo mejor para tí y los tuyos, que son tú mismo. Grave pecado es, por orgullo, elegir la valentía o la gloria, que son puras pavesas vanidosas, en lugar de la buena cobardía, del buen ardid, del bendito artificio, que tan buenos réditos procuran.
Comentado por: jean de rochefort el 13/2/2008 a las 21:35
El rostro de Manolete en sus últimas fotos impugna la afirmación de que no puede haber un héroe melancólico.
Comentado por: (em)prendedor de coches el 13/2/2008 a las 12:54
Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con lugares como París, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia con la confrontación a la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. A la vez, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
02/10/2008 18:20
Publicado por: mªjosé
02/10/2008 00:23
Hola buenas, mire usted no me...
Publicado por: DANIEL
01/10/2008 23:41
Publicado por: mªjosé
01/10/2008 22:17
Publicado por: mitin
30/9/2008 21:08
Publicado por: maleas
29/9/2008 15:04
Si leer no nos mejora y escribir...
Publicado por: mªjosé
29/9/2008 03:41
Publicado por: maria antonieta martinez granados
27/9/2008 14:43
Publicado por: mitin
26/9/2008 20:59
Publicado por: maleas
25/9/2008 13:07
Publicado por: gines
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