El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
Entereza (andreia) de hombre y mujeres
En relación al tema de la andreia citaré ahora otro párrafo fundamental (en razón de que a todos, sin excepción, nos concierne) esta vez de la Política de Aristóteles:
"Se dice, con razón, que no puede mandar quien no ha obedecido. La virtud (el uno y del otro difieren, pero el buen ciudadano tiene que saber y tener capacidad, tanto de obedecer como de mandar; y la virtud del ciudadano consiste precisamente en conocer el gobierno que ha de regir a los hombres libres) tanto desde el punto de vista del que obedece como desde el punto de vista del que manda.
Las dos cosas (obedecer y mandar) son propias del hombre cabal. Y si la templanza y la justicia adoptan forma distinta en el caso del que manda y del que, aún siendo libre, obedece, es evidente que la virtud del hombre cabal, por ejemplo su justicia, no será unívoca, sino que adoptará formas distintas según que ese hombre gobierne o sea gobernado; análogamente a como son distintas la templanza (sofrosúne) y la hombría (andría) en el caso del hombre (andrós) y de la mujer (gunaikós). Pusilánime (deilòs) parecería, en efecto, el varón (anér) sí mostrará su hombría ‘en la forma que la mujer muestra la suya' (hosper gunè andreia); y la mujer parecería verbalmente incontinente (lálos) si mostrara el tipo de recato que es pertinente en el varón cabal (ho anér ho agathós)."
El término griego anthropós designa tanto a los representantes femeninos como a los masculinos de la especie humana. Para referirse al varón por oposición a la fémina, se usa el término anér apuesto a guné. De ahí que, en principio, la virtud (areté) propia del varón, la andreia o andría, en principio no debiera ser confundida con una virtud análoga expresiva de la condición femenina. Las cosas no son, sin embargo, tan claras. Para empezar, no se da en griego un término específico, forjado a partir de guné para designar la percepción o virtud femenina. Por otro lado, muchas de las características esenciales de la andría son de tal tipo que la mujer puede perfectamente reconocerse en ellas. De ahí que Aristóteles muestre en este texto una inclinación a generalizar el término andría, distinguiendo entre una andría propia del hombre y una andría propia de la mujer. Razón aristotélica que mueve a no traducir andría por virilidad, sugiriendo por el contrario lo adecuado de un término como entereza.
Andría es aquello que el hombre en general (es decir, dado ese fascinante equivoco, tanto el hombre como la mujer) revela cuando deja que su condición se abra camino, cuando asume lo que le determina y no se encharca en los problemas contingentes en los que de ordinario nos vemos sumergidos.
Esta precisión sobre el común destino de hombre y mujer no es superflua, en un momento en el que, con vistas a una pretendida interparidad se repudia el uso genérico de términos expresivos de un hecho fundamental, a saber: que la división entre hombre y mujer en el seno de la humanidad nada tiene que ver con una polaridad simétrica.
Es quizás marca, rasgo constitutivo de lo humano, el que a la vez seamos dos subclases y que una de ellas sea designativa de la clase en general. Seguro que esta equivocidad intrínseca se ha contaminado con otras perfectamente contingentes y que reflejan una subordinación social. Pero conviene hacer la criba. Y precisamente por hacerla hemos de negamos a renunciar a la expresión hombre para designar el género humano, todo el género humano, por oposición a las otras especies animales. El hombre... cuya andreia adopta en el caso del varón una modalidad y en el caso de la mujer otra modalidad. Por supuesto, ambas modalidades suponen lo esencial, entre otras cosas una disposición física, una utilización del cuerpo, animada por el juicio:
"Y Sócrates respondió: Señores, en muchas otras ocasiones también se hace evidente...que la naturaleza femenina no es inferior a la de un varón, sin embargo, necesita de juicio (gnômês) y de vigor (ischúos)." (Jenófanes, Banquete, II, 9)
Sócrates hace esta afirmación tras contemplar una audaz muchacha que toca la flauta y baila a la vez, haciendo peligrosos equilibrios entre cuchillos. La precisión "sin embargo, necesita de juicio" alude a algo obvio, a saber: que dado el estatuto de la mujer en la sociedad griega, muy poco se contaba de hecho con su parecer. De ahí la necesidad de un entrenamiento, tanto en la dimensión física como en la judicativa, lo cual explicita Sócrates en la continuación del texto: "Así que si algunos de vosotros tiene mujer, que se anime a enseñarle lo que quisiera que ella sepa utilizar".
Mi amigo el profesor Santiago Escuredo, quien me puso en la pista de estos textos, glosa de esta manera el de Jenófanes:
"La capacidad de la mujer se muestra, según esta obra, porque ha llegado a tal grado de autocontrol que coordina rítmicamente todos sus movimientos. Y eso lo ha conseguido con el baile, que es mejor entrenamiento que la gimnasia, porque ‘en la danza ninguna parte del cuerpo se mantiene inactiva sino que cuello, piernas y manos se están ejercitando al mismo tiempo' (Jenófanes II, 15). Eso lo demuestra el propio Sócrates que se pone él mismo a bailar al ritmo de la música".
El profesor Escuredo me transmite, asimismo, una nota relativa al Laques de Platón (196c10 siguientes). Además de señalar que la andreia corresponde tanto a hombres como a mujeres, el texto muestra una radical diferencia entre humanos y animales, precisamente en base al hecho de que el arrojo eventual de estos carece de toda dimensión reflexiva, lo que les separa de la andreia. Cierto es, sin embargo que, en ocasiones, hombres y mujeres también hacen gala de una temeridad propia de animales, pero cabría decir que entonces no se comportan como humanos, no responden a la andreia.
[Publicado el 12/2/2008 a las 11:41]
Por el hecho de encontrarnos leyendo traducciones e interpretaciones de las obras antiguas, siempre nos preguntamos, o al menos yo me cuestiono, si será un buen reflejo del original. Pero vale la pena, incluso contando con las inevitables dudas, disfrutamos citas de pensadores admirables.
De lo que no estoy segura es que todos entendamos lo mismo por “conocer el gobierno que ha de regir a los hombres libres” Si, como dice la Biblia, la palabra se hiciera carne, en principio, los hechos la validarían, pero al no encontrar el vínculo entre ambos, la palabra deviene vacía y el conocimiento es incoherente y confuso. Y siendo tan descreidos, la virtud de la que habla Aristóteles, la encontramos mayormente convertida en vicio.
Puede ser un atrevimiento, pero hay un asunto que me resulta espinoso en el pensamiento del estagirita famoso; encuentro el principio de identidad que nos legó con su lógica formal, patriarcal y aristocrática, inadecuado para nuestro tiempo. Ser y no ser… Se tendría que analizar más a fondo el punto medio del que tanto se ocupó, ateniendo a esta proposición. Estaría bien matizar un poco, y dedicarle el tiempo que requerimos por ser hombres y no dioses.
Agradezco su magnífico artículo, con él compensa ampliamente este día desapacible de invierno, frío y lluvioso.
Un cordial saludo,
Comentado por: francesca el 12/2/2008 a las 23:41
También habla de Aristarco, "uno de los últimos científicos jonios (...) fue la primera persona que afirmó que el centro del sistema planetario está en el sol y no en la Tierra, que todos los planetas giran alrededor del Sol y no de la Tierra (...) Ésta es la misma idea que asociamos con el nombre de Copérnico, a quien Galileo llamó "restaurador y confirmador", no inventor, de la hipótesis heliocéntrica". [Cosmos, Carl Sagan].
Y digo yo, ahora meto la pata, si todo está en movimiento, se puede escoger cualquier punto de referencia ¿no? y describir los movimientos de los demás respecto a él; claro que algunos puntos de referencia simplificarían la cuestión porque los movimientos de los demás se reducen a ecuaciones más simples, más sencillas.
Comentado por: alicedd el 12/2/2008 a las 15:47
En cuanto a Demócrito, dice el libro:
"Creía que se habían formado espontáneamente a partir de la materia difusa del espacio un gran número de mundos, para evolucionar y más tarde decaer. En una época en la que nadie sabía de la existencia de cráteres de impacto, Demócrito pensó que los mundos a veces entran en colisión; creyó que algunos mundos erraban solos por la oscuridad del espacio, mientras que otros iban acompañados por varios soles y lunas; que algunos estaban habitados, mientras que otros (...); que las formas más simples de vida nacieron de una especie de cieno primordial. Enseñó que la percepción (...) era un proceso puramente físico y mecanicista (...) inventó la palabra átomo ¨(...) Nada existe - dijo - aparte de átomos y el vacío. (...) De este modo formulaba el problema que en matemática se denomina teoría de los límites. Estaba llamando a la puerta del cálculo diferencial e integral, la herramienta fundamental para comprender el mundo y que según los documentos escritos de que disponemos no se descubrió hasta la época de Isaac Newton. Quizás si la obra de Demócrito no hubiese quedado casi totalmente destruída, hubiese existido el cálculo diferencial hacia la época de Cristo."
Comentado por: alicedd el 12/2/2008 a las 15:40
"que se anime a enseñarle lo que quisiera que ella sepa utilizar", pena que no dijesen lo que quisiera ella utilizar pero eso hubiera significado un respeto que no existía. Bueno, aunque tarde lo traigo:
"Platón y Aristóteles se sentían confortables en una sociedad esclavista. Dieron justificaciones para la opresión. Estuvieron al servicio de tiranos. Enseñaron la alienación del cuerpo separado del alma...; separaron la materia del pensamiento; divorciaron a la Tierra de los cielos: divisiones éstas que iban a dominar el pensamiento occidental durante más de veinte siglos. Platón, quien creía que "todas las cosas están llenas de dioses", utilizó (...) Se dice que propuso quemar todas las obras de Demócrito (formuló una recomendación semejante para las obras de Homero), quizás porque Demócrito no aceptaba la existencia de almas inmortales o de dioses inmortales o el misticismo pitagórico, o porque creían en un número infinito de mundos. No sobrevive ni una sola obra de los 73 libros que se dice escribió Demócrito. Todo lo que conocemos son fragmentos, principalmente sobre ética, y relaciones de segunda mano. Lo mismo sucedió con las obras de casi todos los demás antiguos científicos jonios.
Pitágoras y Platón, al reconocer que el Cosmos es cognoscible y que hay una estructura matemática subyacente en la naturaleza, hicieron avanzar mucho la causa de la ciencia. Pero al suprimir los hechos inquietantes, al creer que había que reservar la ciencia para una pequeña élite, al expresar su desagrado por la experimentación, al abrazar el misticismo y aceptar fácilmente las sociedades esclavistas, hicieron retroceder la empresa del hombre..."
De Cosmos, Carl Sagan.
Por cierto que esa noticia que dan como "novedosa" los periódicos, sobre Tunguska y un asteroide, ya lo explica Sagan en este libro, publicado hace unos 25 años, más que menos. Lo novedoso será el ordenador que usan. Los periódicos, me hacen pensar en las mil y una noches.
Comentado por: alicedd el 12/2/2008 a las 15:32
Esta parece una cátedra de cuando Darwin luchaba para que no lo tomaran por loco y no se había "descubierto" aún la inteligencia de la mujer. Lo que un término anacrónico puede dar.
Comentado por: Andrés el 12/2/2008 a las 14:27
Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
05/9/2008 14:24
Publicado por: Melville
04/9/2008 20:41
Publicado por: F. Espresate
04/9/2008 17:08
Las necesidades del hombre son...
Publicado por: alpan
04/9/2008 16:53
Publicado por: mujer
04/9/2008 13:36
Publicado por: Atea
04/9/2008 01:08
Publicado por: dana
03/9/2008 15:59
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:57
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:22
Publicado por: Atea
03/9/2008 10:40
Publicado por: claro
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres