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viernes, 21 de noviembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Conocimiento animal y conocimiento humano

El hombre es un animal y, además, un animal de los llamados superiores. Por consiguiente, su primera relación con el mundo ha de ser análoga a la de otros animales muy cercanos a él en el registro filogenético. Antes de hablar, el niño tiene un reconocimiento del entorno que puede ser muy parecido al que tenga un gato o un perro.

De hecho, la fascinación de los niños por los animales quizás provenga de que experimentan un cierto sentimiento de fusión, una coincidencia a la hora de abordar lo interesante o lo inquietante en el mundo que rodea. El problema reside en que el niño evoluciona, y al introducirse en el lenguaje, deja atrás esa relación natural que le marcaba como al animal.

Los etólogos del comportamiento humano se han preguntado mil veces en qué se traduce exactamente la inserción del niño en el registro simbólico: qué era antes y qué es después. Obviamente, los etólogos del comportamiento animal no tienen este problema, pues simplemente no hay ruptura. Pero aun en ausencia de esa ruptura que supone la mediación del entorno a través de los símbolos, el animal distingue y se relaciona con las cosas en función de esta distinción. Para designar la modalidad de conocer que supone esta distinción elemental, no hay palabra clara.

Los términos que usamos para referirnos al conocimiento humano no son muy de fiar tratándose de los animales, puesto que casi todos remiten, directa o indirectamente, a cosas como conciencia, intencionalidad, etc, que es muy difícil atribuir a un animal (incluso, cuando se hace tal cosa es posible pensar que se está haciendo una proyección antropológica). Pues bien, confrontado ya a este problema, Aristóteles se refería a los animales como sujetos de experiencia. El asunto es que nosotros también somos sujetos de experiencia. Y no hay mucha seguridad de que la experiencia nuestra sea la experiencia que tiene un animal. Entre otras razones, porque nuestra experiencia nunca está totalmente aislada respecto a cosas que dependen del concepto y del uso del lenguaje (los cuales, asumo por mi parte, no son atribuibles a un animal). Nuestra experiencia, por así decirlo, nunca es pura, mientras que la del animal sí lo es. Aristóteles presentaba la experiencia como ese límite de la determinación en la cual lo único que sabemos es relativo a individuos. La próxima reflexión se centrará en este punto.

[Publicado el 05/2/2008 a las 12:14]

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Comentarios (5)

  • no,, no , no y no. la expulsión del paraíso, imaginativamente significa entrar en las pulsiones del cuerpo.
    todo lo contrario. no entendí

    Es que la Biblia, en este caso lo hace al revés, eres impuro si tienes tentaciones, te asalta el de afuera y no te controlas, es una especie de estoicismo distorsinado el de la Biblia en ese caso.

    No los gatos no van al cielo, pero el paraíso estaba lleno de animalitos y plantas y eos no hay Dios que lo conjugue, porque resulta que cuando se dejaron llevar por la especie: procreación salieron del paraíso..
    no entendí

    Comentado por: Enea el 05/2/2008 a las 21:01

  • La diferencia radical entre hombre y resto del mundo animal consiste en la perdida de la inmanencia por parte de los humanos,hecho que en la Biblia se muestra como la expulsión del Paraiso.De este hecho surgiria la condición moral del hombre así como su condición de libre.De esta circunstancia los teologos occidentales deducen la existencia del alma,de ser transcendente,en el hombre y no en los animales.Los gatos no van al cielo.

    Comentado por: Jaime Royo el 05/2/2008 a las 20:35

  • Pues a mí no me parece que el lenguaje suponga una ruptura del hombre al animal, la diferencia es anterior al simbolismo, el cual, además, creo que existe también, aunque en menor grado, en los animales. ¿No decían de las abejas que eran capaces de transmitir a la colmena la información del lugar al que debían ir con una especie de baile? En cuanto al antropomorfismo, no sé si es eso lo que quería decir con proyección antropológica, estoy leyendo un libro de Waal, sobre el continuo de moralidad animal-humano en el que dice que habría que valorar los riesgos de caer tanto en un antropomorfismo como en un antroponegacionismo, sobrevalorar o infravalorar. También decía algo sobre que esto provenía del conductismo, teorías que aplicadas al hombre producían rechazo por su excesiva simplicidad de la mente humana quedaron relegadas al ámbito animal.

    Comentado por: alicedd el 05/2/2008 a las 17:24

  • Nuestra experiencia, por así decirlo, nunca es pura, mientras que la del animal sí lo es,,,

    m
    imposible entender eso, y menos desde la filosofía.
    Ni el animal hunamo es puro, ni las otras especies. Como en filosofía se puede hablar de conciencia, es imposible pensar en uno entero, el humano esta adherido a su mente, esa es su pureza.
    el animal no humano está adherido a un leve aprendizaje y sometido a la naturaleza.
    El ser humano es m´s puro puede desprenderse de ella, el animal no puede está programado, todo el ambiente dice lo que debe hacer, nopiensa.
    no entendí, la conciencia es lo único que ha permito ser más puro que la naturaleza y crear internet, por ejemplo.
    no veo la pureza en ningún lado. no entendí.
    La pureza significa ser consciente y establecer una moral. eso no es de animales.
    Enea

    Comentado por: Enea el 05/2/2008 a las 15:38

  • El hombre,antes de hombre fué animal.En su cerebro,la parte humana es solo una leve pátina que se rompe con facilidad.
    La comunicación mediante el uso de sonidos,hay otras,no es exclusivamente humana,aves peces y mamiferos la practican.
    Creo que la especificidad humana consiste en la mayor complejidad que ha dado a esa herramienta.Solo eso.

    Comentado por: Jaime Royo el 05/2/2008 a las 14:07

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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