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sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

Cuando un código de señales trabaja para sí mismo

La aparición en un código de señales de la polaridad significante -significado no puede menos que introducir una radical subversión en la función misma del signo. Mientras nos movemos en el ámbito del mero código, se da tan sólo un lazo horizontal, por así decir, entre la señal y lo por ella designado, un eventual botín, por ejemplo. Obviamente, una vez que el botín ha sido alcanzado el funcionamiento del código ya no tiene sentido alguno. Pues en ausencia de alteridad, el interés se ha agotado. Mas cuando la señal encierra esa polaridad interna que la convierte en signo lingüístico, entonces la alteridad persiste, y aun no habiendo interés exterior... se abre la posibilidad de recreación interna.

El signo fertiliza la potencialidad interna de crear polaridades sin necesidad alguna de remitirlo al exterior. Mas hacer funcionar el signo lingüístico aún en ausencia de correlato en el entorno físico es la base misma de lo que denominamos narración. Cuanto más indiferente sea el mundo exterior más exigencias se tienen de fertilizar el interior. Por retomar los términos de Aristóteles: cuanto más resuelto esté lo relativo a la subsistencia y al ornato de la vida, cuanto más satisfecha esté la necesidad, más se acrecentará el deseo de que surjan nuevos conceptos y nuevos vínculos entre conceptos y hasta nuevas combinaciones (en número potencialmente infinito) de esos vínculos entre conceptos.

Es así de sencillo: en ese momento del día en que ha cesado la lucha cotidiana por la subsistencia, entonces, junto al fuego, los campesinos bretones narran cuentos a sus hijos, al igual que junto al fuego Descartes realiza su meditación, solipsista en este caso, mas que responde a la polaridad significante-significado. Y también entorno al fuego cabe imaginar al joven Einstein discutiendo a-temporalmente con John Bell. ¿Discutiendo de qué? Pues de algo tan alejado de la preocupación por la subsistencia como  la vigencia o no vigencia del principio de contigüidad, es decir, si cabe o no el vacío y la acción a distancia.

En razón de la polaridad interna del signo lingüístico, los niños alcanzan esa capacidad para formar innumerables conjuntos tanto de expresiones aisladas como de oraciones perfectamente cargadas de sentido. Expresiones que nadie les ha enseñado, simplemente porque se trata de un enumerable no finito, y éste es imposible que sea alcanzado mediante acumulación contable de vocablos.

Los niños, ciertamente, aprenden una lengua imitando, pero esa condición necesaria no es en absoluto suficiente, como lo muestra el hecho de que determinados pájaros imitan sonidos humanos, sin que se den ellos el menor atisbo de lo que la condición lingüística supone.

[Publicado el 28/1/2008 a las 11:28]

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Comentarios (4)

  • a qué no sabe lo que acabo de leer? que Machado pues se inspiraba en Descartes, qué cosas ( bien bellas)
    (ha sido, todo un placer, sin más pues)
    Enea)

    Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 19:50

  • Y también entorno al fuego cabe imaginar al joven Einstein discutiendo a-temporalmente con John Bell. ¿Discutiendo de qué?
    .....
    puedes comunicarte cada vez con más gente, más velozmente , casi rozan la luz,,, la luz
    para hablar por teléfono necesitaban operadoras, ahora no hay, pura tecnología, bien, ir quitando enfermedades eso viene bien socialmente bajo coste después, alargar la vida... es alto coste ( farmacia, bien, cosmética... se necesita para financiar y el presupuesto social aumenta si comprar los que quieren ser Bell, o sea bellos, pero no les han explicado que eso no es más que una glia, un soporte.)
    a eso me refería.... Copernico es diferente, y a..sí,, va a ser.
    muy bello, pues
    ratones eternos, bueo.. eso le gusta a la sociedad cormercial y a la cosmética, ratones bellos en sillas de ruedas, eso sí la cara perfecta...
    pero viene bien para financiar las investigaciones... bueno, así ha sido siemrpe...
    me gustó, eso
    Enea

    Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:28

  • P53, unos descubren primero que es mortal, después que alarga la vida.... bueno, para la práctica está bien evitar enfermedades, alargar la vida ( Nobel, bueno pues a los dos... porqué no se lo dan, se preguntaba, creo que Serrano, pues... menuda carga para la sociedad, hay que cuidar de los que son mayores y no pueden ni andar, no?, que se lo den a los dos, no?)
    eso no es Copérnico, es saludable que no exista el cáncer, es saludable alargar la vida? m?
    no, falta lo otro allí está..
    eso es... no se puede más que hacer que hable un pájaro, pero eso no es lo importante. totalmente de acuerdo.
    Falta Copérnico, para eso vió las sombras Cajal en su pared, en su celda de castigo, le faltó eso, no le dió tiempo, pero está. magnífico, pues.
    Enea

    Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:07

  • exacto ... ese es el problema:
    como lo muestra el hecho de que determinados pájaros imitan sonidos humanos, sin que se den ellos el menor atisbo de lo que la condición lingüística supone.

    también hay muchos gorilas que utilizan un instrumento para comer hormigas, que nadie le ha enseñado ( imitado) y no son, ni será humanos en ese sentido de Copernico.
    es suficiente con plantear la pregunta de forma tan sencilla , que el P53 ( que leí el otro día) no signifique curar o añargar la vida... eso es un descubrimiento práctico, como el de los gorilas... no Copérnico.
    eso es... si la pregutna está bien planteada ( tan sencilla que pueda resolverse) aparece pues la repsuesta.
    así es... la carne se hizo verbo.... ya está, es cuestión de tiempo, pero eso... ya no importa porque ya está---
    ok!
    así, es.

    Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:00

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Foto autor

Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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