El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Cuando un código de señales trabaja para sí mismo
La aparición en un código de señales de la polaridad significante -significado no puede menos que introducir una radical subversión en la función misma del signo. Mientras nos movemos en el ámbito del mero código, se da tan sólo un lazo horizontal, por así decir, entre la señal y lo por ella designado, un eventual botín, por ejemplo. Obviamente, una vez que el botín ha sido alcanzado el funcionamiento del código ya no tiene sentido alguno. Pues en ausencia de alteridad, el interés se ha agotado. Mas cuando la señal encierra esa polaridad interna que la convierte en signo lingüístico, entonces la alteridad persiste, y aun no habiendo interés exterior... se abre la posibilidad de recreación interna.
El signo fertiliza la potencialidad interna de crear polaridades sin necesidad alguna de remitirlo al exterior. Mas hacer funcionar el signo lingüístico aún en ausencia de correlato en el entorno físico es la base misma de lo que denominamos narración. Cuanto más indiferente sea el mundo exterior más exigencias se tienen de fertilizar el interior. Por retomar los términos de Aristóteles: cuanto más resuelto esté lo relativo a la subsistencia y al ornato de la vida, cuanto más satisfecha esté la necesidad, más se acrecentará el deseo de que surjan nuevos conceptos y nuevos vínculos entre conceptos y hasta nuevas combinaciones (en número potencialmente infinito) de esos vínculos entre conceptos.
Es así de sencillo: en ese momento del día en que ha cesado la lucha cotidiana por la subsistencia, entonces, junto al fuego, los campesinos bretones narran cuentos a sus hijos, al igual que junto al fuego Descartes realiza su meditación, solipsista en este caso, mas que responde a la polaridad significante-significado. Y también entorno al fuego cabe imaginar al joven Einstein discutiendo a-temporalmente con John Bell. ¿Discutiendo de qué? Pues de algo tan alejado de la preocupación por la subsistencia como la vigencia o no vigencia del principio de contigüidad, es decir, si cabe o no el vacío y la acción a distancia.
En razón de la polaridad interna del signo lingüístico, los niños alcanzan esa capacidad para formar innumerables conjuntos tanto de expresiones aisladas como de oraciones perfectamente cargadas de sentido. Expresiones que nadie les ha enseñado, simplemente porque se trata de un enumerable no finito, y éste es imposible que sea alcanzado mediante acumulación contable de vocablos.
Los niños, ciertamente, aprenden una lengua imitando, pero esa condición necesaria no es en absoluto suficiente, como lo muestra el hecho de que determinados pájaros imitan sonidos humanos, sin que se den ellos el menor atisbo de lo que la condición lingüística supone.
[Publicado el 28/1/2008 a las 11:28]
a qué no sabe lo que acabo de leer? que Machado pues se inspiraba en Descartes, qué cosas ( bien bellas)
(ha sido, todo un placer, sin más pues)
Enea)
Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 19:50
Y también entorno al fuego cabe imaginar al joven Einstein discutiendo a-temporalmente con John Bell. ¿Discutiendo de qué?
.....
puedes comunicarte cada vez con más gente, más velozmente , casi rozan la luz,,, la luz
para hablar por teléfono necesitaban operadoras, ahora no hay, pura tecnología, bien, ir quitando enfermedades eso viene bien socialmente bajo coste después, alargar la vida... es alto coste ( farmacia, bien, cosmética... se necesita para financiar y el presupuesto social aumenta si comprar los que quieren ser Bell, o sea bellos, pero no les han explicado que eso no es más que una glia, un soporte.)
a eso me refería.... Copernico es diferente, y a..sí,, va a ser.
muy bello, pues
ratones eternos, bueo.. eso le gusta a la sociedad cormercial y a la cosmética, ratones bellos en sillas de ruedas, eso sí la cara perfecta...
pero viene bien para financiar las investigaciones... bueno, así ha sido siemrpe...
me gustó, eso
Enea
Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:28
P53, unos descubren primero que es mortal, después que alarga la vida.... bueno, para la práctica está bien evitar enfermedades, alargar la vida ( Nobel, bueno pues a los dos... porqué no se lo dan, se preguntaba, creo que Serrano, pues... menuda carga para la sociedad, hay que cuidar de los que son mayores y no pueden ni andar, no?, que se lo den a los dos, no?)
eso no es Copérnico, es saludable que no exista el cáncer, es saludable alargar la vida? m?
no, falta lo otro allí está..
eso es... no se puede más que hacer que hable un pájaro, pero eso no es lo importante. totalmente de acuerdo.
Falta Copérnico, para eso vió las sombras Cajal en su pared, en su celda de castigo, le faltó eso, no le dió tiempo, pero está. magnífico, pues.
Enea
Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:07
exacto ... ese es el problema:
como lo muestra el hecho de que determinados pájaros imitan sonidos humanos, sin que se den ellos el menor atisbo de lo que la condición lingüística supone.
también hay muchos gorilas que utilizan un instrumento para comer hormigas, que nadie le ha enseñado ( imitado) y no son, ni será humanos en ese sentido de Copernico.
es suficiente con plantear la pregunta de forma tan sencilla , que el P53 ( que leí el otro día) no signifique curar o añargar la vida... eso es un descubrimiento práctico, como el de los gorilas... no Copérnico.
eso es... si la pregutna está bien planteada ( tan sencilla que pueda resolverse) aparece pues la repsuesta.
así es... la carne se hizo verbo.... ya está, es cuestión de tiempo, pero eso... ya no importa porque ya está---
ok!
así, es.
Comentado por: Enea el 28/1/2008 a las 14:00
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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