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sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

Evolución según el instinto del habla

El cuerpo humano

Compartimos con otros animales ciertos órganos que tienen una función biológica bien definida. El tórax, la garganta o los dientes son partes del organismo formados en función de las necesidades bio-fisiológicas, y evolucionaron mejorando la capacidad de adaptación del ser humano. Ciertamente la función principal de los pulmones es transformar el oxígeno en dióxido de carbono, y la de los dientes masticar, y no facilitar la articulación de sonidos.

Sin embargo, la forma y la ubicación de algunos órganos no podría explicarse fácilmente si nos remitiéramos tan sólo a la evolución determinada por la lucha en pos de la supervivencia. Esto ya lo habían notado el psicolingüista Eric Lenneberg y sus colegas hace casi 40 años. Lenneberg mostró que, mientras la mayoría de los órganos se desarrollaron para servir a funciones vitales como la respiración o la digestión, algunos de ellos empezaron a ejercer otras funciones, y esto fue aumentando progresivamente. Estas funciones estaban relacionadas con la capacidad de articulación del discurso, aunque ello tuviera un cierto grado de incompatibilidad con las primitivas.

Los órganos que se desarrollaron para posibilitar la articulación se hicieron anatómicamente muy diferentes, comparados con los mismos órganos de cualquier especie, aún estrechamente relacionada con nosotros, como la de los chimpancés. En el  próximo texto veremos que la laringe es un caso paradigmático de esta evolución singular.

[Publicado el 23/1/2008 a las 11:29]

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Comentarios (1)

  • Pues lo que dice Lenneberg parece un poco simple. El habla en los humanos es una habilidad impresionante, pero no más que el sistema de orientación de los murciélagos, o el larguísimo pico del colibrí. Si los órganos evolucionan es porque mejoran respecto a la situación anterior. El que podríamos llamar de una forma un tanto esquemática ‘gen del habla’ resultó una ventaja competitiva en la población de primates en un momento dado, y precisamente por ser una ventaja competitiva es por lo que se extendió en la población, primero, y evolucionó después dando lugar a órganos cada vez más perfectos. Nada nuevo. Lo que pasa es que los hombres (y los filósofos especialmente) se empeñan en buscar diferencias cualitativas entre nuestra especie y las demás, no se resignan a ser el resultado de una serie evolutiva concreta, afortunada, sí, pero no distinta en nada a otras que han dado lugar a especies igualmente complejas.

    Comentado por: ossa el 23/1/2008 a las 13:58

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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