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viernes, 21 de noviembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

La vida se diversifica

Mas la vida no es unívoca, sino que se haya diversificada en pluralidad de formas, y aquí empieza la interrogación propiamente filosófica, por elemental que sea. ¿Qué hace la diferencia entre las formas de vida? Esta pregunta está emblemáticamente vinculada al nombre de Aristóteles. Es bien sabido que éste fue el primer clasificador de las formas de vida, y que con muy elementales medios consiguió distinguir un gran número de especies.

/upload/fotos/blogs_entradas/linn_med.jpgAristóteles clasificó a los seres vivos en niveles jerarquizados, con los humanos en la cumbre. La clasificación de Aristóteles se mantuvo durante siglos hasta que fue completada y superada por la de Karl von Linné (1707-1778). Linneo dividió el espectro de la vida en dos reinos: animal y vegetal. El primero está formado por cuerpos orgánicos que, además de tener capacidad sensorial, tienen capacidad de locomoción. Los segundos no poseen ni locomoción ni sensación.

El hecho de considerar que las plantas carecen de capacidad sensorial es quizás el argumento principal de los defensores de los animales con vistas a establecer una barrera entre el tratamiento que pueden recibir animales y humanos, por un lado, y plantas por otro. Discutiremos en otro momento las implicaciones éticas de esta distinción.

Animales y vegetales difieren por un variado conjunto de rasgos: los animales no están arraigados, mientras que las plantas hunden sus raíces en la superficie de la Tierra; los animales son impulsados a una acción (debido al hambre, por ejemplo) eventualmente destructiva para las otras vidas, mientras que las plantas son, en la visión algo idílica de Linneo, fuente de ilimitada iteración de la vida mediante dispersión de semillas... etc. Pero para las razones de esta reflexión conviene enfatizar el hecho de que los animales estén para Linneo motivados por afecciones que implican dolor o placer, mientras que las plantas son ajenas a estos estados.  

[Publicado el 14/1/2008 a las 09:30]

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Comentarios (2)

  • está claro que las plantas se mueven, pero de algún modo A. encontraría (o no) un criterio de clasificación entre moverse por hambre (ingesta) y moverse por buscar la luz solar, etc. el grado de sensación no es el mismo, porque entre otras cosas los animales emiten sonidos, y las plantas no.

    Linneo fue el primer director de la Academia de Ciencias de Suecia.

    en España, Cavanilles, "el botánico Cavanilles" escribió un libro sobre la flora y fauna y geografía de la región de Valencia.

    Jorge Juan, alicantino, tendría que haber sido el primer director de la Academia de Ciencias de España, pero hubo academia de Lengua y de Historia, pero no de Ciencias, hasta un siglo después (1840).

    el viaje de Juan y Ulloa al Ecuador lo patrocinaba la Academia de Ciencias de París, Francia.

    eso sí, Jorge Juan, básicamente matemático e ingeniero, es el fundador del Observatorio Astronómico de Madrid, en donde en aquella época también se creó el Jardín Botánico, supongo.

    el instituto donde trabajo es un pequeño jardín botánico, sobre todo de palmeras: se pueden ver fotos: www.ieslatorreta.com

    Comentado por: ximo brotons el 14/1/2008 a las 20:52

  • No está en absoluto claro que las plantas carezcan de sensación y que no puedan moverse.

    Una cuestión que hubiera intrigado a Aristóteles... si es que sabemos realmente qué pensó el Estagirita.

    Porque hay una larga tradición de siglos y dispersiones; tendríamos que hacer filología (¿en España?) para determinar qué pensamiento es original del griego y qué se debe a sus comentaristas.

    Comentado por: lenz el 14/1/2008 a las 12:27

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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