Naturaleza viva
Retomamos de nuevo temas vinculados a la filosofía de la naturaleza, aunque esta vez no se trate ya de la naturaleza inmediata, es decir, aquella que meramente responde a los caracteres de tener posición y cantidad de movimiento (téngase en cuenta no obstante el tema clave, tan sólo esbozado, de la incompatibilidad entre ambas determinaciones introducido por la Mecánica Quántica).
El ser humano muy pronto se experimenta a sí mismo como algo muy diferente de la mayoría de cosas de su contexto. Me estoy refiriendo al ser ya cabalmente humano, es decir, al ser ya dotado de palabra. Siente que tiene en común con una parte de su entorno algo que obviamente aún no puede definir, pero que experimenta como lo que posteriormente llamará "vida": el perro o el gato de la casa no son igual que la mesa o la silla. Esta diferencia produce con certeza algún tipo de estupor. Recuerdo un niño que, contemplando en un escaparate un toro o buey disecado, se preguntaba por qué no se movía. De alguna manera, tenía una intuición mecanicista: si el conjunto de elementos que constituían al animal estaban no sólo presentes, sino yuxtapuestos, y en la misma ordenación que él tantas veces los había contemplado, ¿por qué aquello no respondía como un toro o un buey?
Muchas son las mediaciones necesarias para poder dar respuesta a esta pregunta infantil. No basta la presencia de los elementos constituyentes para que haya vida. Para ese niño, esta visión de un toro disecado en un escaparte se completaba con la que suponía algún animal que había tenido la ocasión de observar ya muerto. Oía la palabra "muerte", y barruntaba que en este caso se trataba no de algo previo a la vida, sino de la brutal ruptura de ésta. Pero, ¿qué o quién hacía que aquél pájaro o aquél conejo estuvieran no vivos, sino muertos? La vida es un misterio no sólo para los niños. Durante siglos los pensadores más emblemáticos seguían considerando que la explicación de la vida era imposible.
En relación al problema del grado de singularidad de la vida, el premio Nóbel Erwin Schrödinger usaba la siguiente analogía: imaginemos un hombre altamente especializado en máquinas de vapor, pero que no sabe nada de motores eléctricos. Un día sitúan frente a él uno de estos motores. Reconoce que el artefacto está construido con los mismos materiales que a él le son conocidos, incluso ciertas estructuras son análogas... pero se pondrá de relieve una diferencia fundamental: poniendo el dedo en lo que parece simplemente un botón, el aparato se pone en movimiento. Nuestro hombre se queda sorprendido pero, como irónicamente dice Schrödinger, no concluirá que algún fantasma es lo que pone la máquina en acción.
[Publicado el 10/1/2008 a las 09:30]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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