Digresión: responder uno mismo al ideario humanista
Hace un tiempo, me encontré al amanecer rememorando una sencilla canción popular francesa en la que esplendorosas metáforas hablan de caballos del rey saciándose en el cauce profundo que brotaría en el cenit del lecho nupcial.
Pensé entonces que si aquellos versos fueran simplemente evocados por el mismo espíritu que lucha por entender las fórmulas que, en la Relatividad Restringida, sentencian el fin del tiempo absoluto, en ese mismo momento se vería actualizado el ideario humanista. Pues el hecho de que parezca diferirse una y otra vez la puesta en marcha de una sociedad liberadora de las capacidades de sus ciudadanos, no debe de servir de excusa para diferir asimismo el combate por la propia legitimación. En ausencia de esta lucha hay el peligro de caer en la inercia, siempre perezosa y estéril, no sólo respecto al conocimiento, sino también respecto a la exigencia moral.
Es usual que una persona tenga el sentimiento de configurar una imagen ante los demás que en realidad es impostada, y también es usual que esta doblez no perturbe en exceso su grado de autoestima. Mas todo hombre tiene, en un registro más o menos encubierto, una exigencia de veracidad y por ello la impostura acaba provocando una quiebra que puede llegar al nihilismo, al repudio de sí mismo.
El problema, sin embargo, quizás no resida tanto en haber respondido en el pasado como en responder en el futuro, no tanto en la imagen hipostasiada, como en la imagen a configurar, no tanto en la dignidad que no alcanzamos en el pasado, como en la hemos de alcanzar.
Y respeto a este ser que ha de forjarse en un combate continuamente renovado, hay en ocasiones modelos que son propios. Todo depende de si se ha dado o no se ha dado la fortuna de haber encontrado uno de esos seres que, movidos por un instinto afirmativo, han apartado la trama de nuestros encubrimientos para ver en nosotros tan sólo el rescoldo de la humanidad. Quien haya tenido esa fortuna ha de forjar con su vida una historia que esté a la altura de esa mirada, simplemente para no perderse a sí mismo el respeto.
[Publicado el 27/12/2007 a las 09:30]
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Comentado por: marisol el 28/12/2007 a las 20:26
Procopio,creo que Gomez Pin describe con concreción y claridad lo que entiende como proceso de naturalización del hombre.Del sistema productivo vigente,o con mas precisión,dominante tratamos otro dia.
Comentado por: maleas el 27/12/2007 a las 19:15
Comentado por: lenz el 27/12/2007 a las 12:19
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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