El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 21 de noviembre de 2008
Saberes más ricos que los propios
Un profesor de física en una universidad catalana, que tiene la suerte de aunar la condición de científico y la de poeta (realizando así de alguna manera lo que cabría calificar de ideario humanista), se refería hace unos años al privilegio que había supuesto para él argumentar, sorprender, debatir, demostrar, "en un cielo de pizarras y de tiza" y ante la mirada asombrada de quienes parecían ser cíclica recreación de la juventud. Estos seres con mirada aun no contaminada separan de alguna manera la gema del pedrusco y así obligan al que a ellos se dirige a forjarse a sí mismo en un combate continuamente renovado. Sólo cabe en esta apuesta esperar un triunfo parcial, pues siempre perdura un rescoldo que justifica el sentimiento de impostura, el sentimiento de no responder realmente a la imagen que uno ha configurado para los demás.
En el universo de percepciones fantasmagóricas en el que se despliega esta reflexión sobre las interrogaciones elementales o filosóficas, no hay ciertamente miradas que sirvan de espejo inmediato (y a veces cruel) de la veracidad o falacia del discurso. Y, sin embargo, la sombra de la impostura persiste, y no sólo para el que escribe estas líneas. Pues tan impostura sería el que la recepción de estas reflexiones viniera tan sólo a llenar un hueco, una suerte de vacío en el registro de la información cultural, como que su emisión no respondiera a un deseo de aclararse a sí mismo en el acto de intentar que los demás se aclaren.
Glosando de nuevo al evocado poeta catalán David Jou, se trata de que unos y otros lleguemos a sentirnos henchidos de saberes más ricos que los por uno forjados, y ello mediante el procedimiento de que tales saberes lleguen legítimamente a ser vividos como propia riqueza. De pocas cosas en esta vida puedo sentirme más satisfecho que de haber convencido a más de un estudiante "de letras" de que, llegando a entender las fórmulas de la relatividad restringida, experimentaría la misma emoción que Einstein.
Esta es quizás una buena delimitación del objetivo: sentir que estas fórmulas (en las que se hace inteligible la dura tesis de que el tiempo y el espacio de nuestra intuición inmediata carecen de objetividad física) tienen su potencia en ellas mismas. Sentir que no son fruto de la subjetividad de Einstein sino mas bien espléndido indicio de que Einstein (y como él cada uno de nosotros) puede dejar de estar encharcado en el cúmulo de preocupaciones, tan legítimas como generalmente estériles, que constituyen precisamente lo esencial de nuestra cambiante subjetividad. Sentir, en suma, que las fórmulas de Einstein son en realidad de todo aquel que, literalmente, las recrea.
[Publicado el 26/11/2007 a las 11:24]
Comentado por: erika johanna aguilera herrera el 19/6/2008 a las 16:06
.Creo que hay que tener un método y un orden y dentro de estos ya puedes perderte, actualmente veo que el rigor no se entiende como algo creativo cuando en mi opinión el rigor y la seriedad es el principio de cualquier busqueda poética y científica
Comentado por: Francis Black el 26/11/2007 a las 22:54
..." Pues tan impostura sería el que la recepción de estas reflexiones viniera tan sólo a llenar un hueco, una suerte de vacío en el registro de la información cultural, como que su emisión no respondiera a un deseo de aclararse a sí mismo en el acto de intentar que los demás se aclaren".
El maestro es una llama que se consume mientras ilumina.
En el principio de la Filosofia está la duda.
Quien es honestamente critico consigo mismo,ese,puede enseñar.
Comentado por: maleas el 26/11/2007 a las 15:52
Allá arriba -en los confines del pensamiento abstracto- hace frío, pero se percibe una realidad maravillosa.
Comentado por: lenz el 26/11/2007 a las 12:33
Es más. Yo diría que la dichosa magdalena de Proust *sólo* puede ser tal *en cuanto* es recreada una y otra vez por todo aquél que sobrevuela el párrafo en el que está contenida. Una bicicleta estática que necesita inevitablemente el esforzado pedaleo para cumplir su propia esencia.
*Los asteriscos representan aquí el sucedáneo pobre de las imposibles cursivas.
Comentado por: gabriel feraud el 26/11/2007 a las 12:01
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
20/11/2008 20:02
Publicado por: Pasaje a la India
20/11/2008 16:16
Publicado por: aas
19/11/2008 19:52
Publicado por: kahsd
18/11/2008 13:48
Publicado por: Baldung
17/11/2008 23:15
...Y si alguien no tiene espada,...
Publicado por: trybal
17/11/2008 19:55
Y ya puestos os invito a entrar...
Publicado por: Dasein
17/11/2008 19:53
Publicado por: Dasein
15/11/2008 19:38
Publicado por: maleas
15/11/2008 18:30
Me parece que solamente el que...
Publicado por: concepción julia
15/11/2008 10:23
Publicado por: desde aquí
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