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Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

Rudimentos del oficio

Filósofo es quien, simplemente, ha asignado a su mente el objetivo más ambicioso que cabe esperar. Y se trata esencialmente de no ir de farol. Así, cualesquiera que sean las vicisitudes de su vida laboral, económica, afectiva... el filósofo ha de encontrar la entereza para sortearlas de tal manera que no imposibiliten el esfuerzo en pos de la lucidez, en el que siente que reside su confrontación esencial.

Refiriéndose a un proyecto análogo en radicalidad al del filósofo, a saber, el trabajo de la narración literaria, Marcel Proust afirmaba abrigar la esperanza de  llegar a contar entre los afortunados para quienes, precisamente por lo sobrehumano de su esfuerzo, "la hora de la verdad" sonaría antes que "la hora de la muerte". Mas el propio narrador, se quejaba de haber perdido largos años en futilidades, de tal manera que se enfrentaba a la tarea "en vísperas de la muerte y sin saber nada de mi oficio". Pues bien este asunto del oficio no es menos esencial para el filósofo:

El filósofo ha de determinar cuál es su objetivo, qué tipo de interrogaciones le caracterizan en el seno de aquellos cuya función es plantear interrogaciones .Estas interrogaciones pueden referirse a lo inmediatamente dado (tanto en el  entorno natural como en el registro de lo psíquico), o aspectos más ocultos, que eventualmente están parcialmente explorados por una indagación anterior.

Una vez realizada esta tarea, una vez delimitado el objetivo, el filósofo (como toda persona razonable) ha de valorar si se encuentra en condiciones de abordarlo, es decir: si reúne tanto la potencia de pensamiento que el asunto requiere como los instrumentos sin los cuales tal potencia sería inoperante. El filósofo, en suma, como todo aquel que se propone un objetivo, ha de estar provisto de alforjas, y ha de revisar periódicamente las mismas,  por si algún instrumental exigido por una imprevista tarea no estuviese disponible.

 

[Publicado el 23/11/2007 a las 10:58]

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Comentarios (7)

  • Tratamos de llegar a una limitada lucidez y sabemos que debemos contar con la razón y la emoción para ello, pero debemos desenmascarar la ideología en cuanto no supone conocimiento sino fe.En la emoción entran la imaginación, los sentimientos... pero la ideología está formada de la misma sustancia de la fe religiosa, por más que se crea laica. A menudo se comprueba, empiricamente, que siempre se razona a posteriori, que partimos de sentimientos y no debemos engañarnos sobre ello. A mi me parece.

    Comentado por: tenedor de postre el 25/11/2007 a las 21:46

  • Tambien un filosfo era D, Quijote, usted es un autentico quijote, un señor que no necesita pisotear al debil para andar. Hoy he esparcido un mensaje por muchos sitios de Internet para comprobar a quien debo y a quien no debo leer y usted es uno de los elegidos por mi porque me ha respetado y no me ha quitado de en medio, porque usted no tiene necesidad de tan bajo proceder. muchas gracias, cuente con mi gratitud y un asiduo lector.

    Comentado por: Antonio larrosa diaz el 23/11/2007 a las 19:53

  • ¿Cómo afecta esta forma de ser filósofo a su interacción con los que no lo son? ¿La favorece, la perjudica?

    Comentado por: Pablo el 23/11/2007 a las 19:06

  • El afán de trascendencia que cabe hallar en la filosofía se distingue del que habita la pulsión religiosa. Sin embargo, es aventurado pretender que ambos sean contradictorios. Desde una irreligiosidad plagada de dudas, he de admitir que he encontrado a gentes que, a través de una sed de Dios extraña y envidiable, también se proponen alcanzar algo parecido a las verdades que el filósofo persigue. La finalidad propia del filósofo -el absoluto- posee un carácter proteico y plástico, de difícil reducción a determinaciones particulares o categorías estrechas. El músico, el poeta, el filósofo se empeñan en la persecución de lo que -seguramente- escapa a todo perseguidor. El artículo del Sr. Gómez Pin parece excluir toda búsqueda que no se identifique con la del filósofo, aunque quizás se deba a una cuestión de espacio y a la necesidad de iluminar sólo lo que al escribir esto quería iluminar. Es innegable que el filósofo se dota de un instrumental distinto y peculiar, así como que el absoluto oscuro del poeta es tallado en el taller conceptual del filósofo para convertirlo en verdad más clara. Sólo pocos consiguen que la claridad no menoscabe la profundidad bruta del absoluto. Ésa es, me parece, la labor filosófica de hoy: el respeto del objeto y el intento de mostrarlo sin la banalización normativa que -parece- acompaña hoy a gran parte de la labor intelectual.
    En este sentido, como señala el autor, la labor del filósofo tiene como imperativo la lucidez. Y el día actual ve cómo todo intento de lucidez y toda ambición son amenazadas por la sombra de las ideologías. La gran ambición filosófica, como toda urgencia por hacerse con algún gramo de lucidez, es -hoy- la denuncia y desenmascaramiento de las ideologías que intentan cubrir al mundo de un velo falsario. En esta tarea, el filósofo no puede avanzar solo. Necesita del poeta, del músico, del hombre religioso cansado de la mixtificación (también de la mixtificación religiosa); necesita él mismo convertirse en poeta, en músico, en amante de lo divino... La honestidad en la búsqueda señala a quien merece ser compañero en ella, y no sólo el filósofo es capaz de ser honesto. La ideología se esparce por toda la realidad y es preciso desenmascararla en todas sus formas para aspirar al conocimiento. Las dimensiones diversas que muestra la persecución de lo verdadero se aúnan en una tarea comunicable y compartida: rasgar el velo de las ideologías que devalúan lo que vale la pena en nombre de una igualdad amorfa, en nombre de revoluciones aniquiladoras, de felicidades soporíferas y utopías que escamotean la dificultad intrínseca del vivir. La búsqueda de lo verdadero es -de forma crucial- también una labor política en tiempos en los que la política se vuelve hacia la vulgaridad y la falta de coraje y ambición.

    Comentado por: Borgia el 23/11/2007 a las 18:50

  • ¡ESTO NO ES UNA BROMA!
    ¡EL FIN DEL MUNDO ES INEVITABLE! Aviso al mundo entero: Sepa como salvarse usted y su familia del fin del mundo, leyendo “EL TERCER MOVIMIENTO” en la Web ---http://www.antoniolarrosa.com

    Comentado por: antonio larrosa diaz el 23/11/2007 a las 12:44

  • Así que es urgente ponerse a pensar... el tiempo apremia.

    Spinoza termina su "Ética" con una declaración semejante, si mal no recuerdo.

    "La hora de la verdad" antes que "la hora de la muerte". Supongo que un filósofo es el hombre que menos ilusiones se hace (brevedad y fragilidad de la vida)por lo tanto le urge pensar.

    Nos va la vida en ello.

    Comentado por: lenz el 23/11/2007 a las 12:40

  • Una vez realizada esta tarea, una vez delimitado el objetivo, el filósofo (como toda persona razonable) ha de valorar si se encuentra en condiciones de abordarlo, es decir: si reúne tanto la potencia de pensamiento que el asunto requiere como los instrumentos sin los cuales tal potencia sería inoperante.

    El caso de Ramon Llull,su fracaso en la confección de un metodo de razonamiento universal que provoca uno de los textos mas bellos y dramaticos de la historia de la Literatura,el Desconsuelo,contradice en mi opinión o al menos matiza la afirmación anterior.
    En el fracaso de Don Quijote radica su grandeza.Cuando el fin es noble,claro.

    Comentado por: maleas el 23/11/2007 a las 12:10

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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