El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Qué conduce a la filosofía
Tras muchos años de enseñanza creo estar en condiciones de barruntar qué hace a un joven derivar (normalmente desde la adolescencia y con nula complicidad de su entorno familiar y hasta educativo) hacia la disciplina universitaria designada mediante la rúbrica filosofía. Se trata sin duda de una aspiración al conocimiento, que también tiene el que aspira a ser científico o artista (aunque en este caso la pulsión de conocimiento se ve subordinada a otra inclinación exclusiva de los seres de razón, que más adelante nos ocupará). Pero el ansia por conocer se mezcla aquí con una tendencia casi religiosa, pues anida también un deseo de escapar a las limitaciones de la vida; deseo de lo que, en otro contexto, se denominaba salvar el alma. No se trata ciertamente de salvarla a cualquier precio, no se trata desde luego de salvarla aun a costa del buen juicio. Importantísimo matiz, que separa radicalmente al joven de referencia de aquel otro que, por decir un ejemplo, canalizara toda la tensión de su espíritu en intentar responder a los imperativos de la catequesis.
Ya Kant veía en esta doble pulsión el motor que conduce a la práctica filosófica que él designaba como Metafísica, problemático término que, hasta ulterior precisión, intentaré evitar. Conviene avanzar que uno de los objetivos de Kant es mostrar que si la filosofía puede realmente llegar a satisfacer (parcialmente al menos) la primera tendencia nunca conseguirá hacerlo con la segunda. La filosofía no puede, por así decirlo, competir con la religión. De ahí que el joven que a la filosofía se dedica acabe sacrificando toda inclinación a algún tipo de promesa vana, es decir, promesa que no venga estrictamente determinada por aquello que de la razón cabe esperar. Lo bueno del asunto es que el campo de lo que la razón ofrece es enormemente rico y fértil, como no podía ser menos dada nuestra esencia de seres racionales. Ni la filosofía salva (concretamente de los efectos termodinámicos en nuestros cuerpos que designamos como huellas del tiempo), ni necesidad alguna hay de que salve. Pues el horizonte de satisfacción que la filosofía ofrece se sitúa más allá de las construcciones imaginarias con las que encubrimos lo real de la condición humana que tantas veces nos negamos a asumir; más allá, desde luego, de esa suprema construcción imaginaria que es la idea de una absoluta salvación.
[Publicado el 22/11/2007 a las 13:29]
Comentado por: Jose el 15/12/2007 a las 18:51
Interesante artículo sobre las razones de una elección. Desfortunadamente, en otros ámbitos del saber humanístico, la realidad es otra. Las razones por las cuales un estudiante elige matricularse en una filología cualquiera estan cada vez más alejadas de la voluntad de saber en el sentido amplio del término. De hecho, existe una voluntad constante y potente por parte de los burócratas universitarios por desmantelar y los estudios filológicos y crear en su lugar
subescuelas de idiomas que en el mejor de los casos van a permitir un aprendizaje más o menos riguroso de una lengua, pero no ya del hilo que la une a una cultura. En el caso específico de carreras en las que el paradigma nacional impera sobre los otros, la elección se debe muy a menudo a instintuvos movimientos identitarios de agregación más que al interes real por los complejos caminos de la creación literaria. Lo peor de todo, además, pasa por la separación disciplinar de las humanidades, la especialización sin sentido, que hace dificil la tarea siempre necesaria de la intercisciplinariedad, del intercambio, del otro.
Comentado por: Jose el 15/12/2007 a las 18:49
Es sabido que Salamanca no da lo que natura no otorga.
En mi caso,seguir con atención lo que se me antoja un curso de Filosofia a mi edad será cerrar una cuenta pendiente.
Durante mi formación academica en la UB no recibimos clase de la asignatura de Filosofia que se impartia en el primer curso de carrera ya que el profesor titular,Manuel Sacristan,fue expulsado de la docencia.Tambien fuimos expulsados numerosos alumnos a los que se nos permitio el reingreso previo pago de nuevas tasas academicas.Fue un curso raro en el que los alumnos matriculados en esa asignatura recibimos aprobado general.
Creo que esta es una oportunidad para mi de hacer bueno aquel aprobado general.Y de paso,rememorar aquellos años.
Gracias Victor por sus palabras.
Comentado por: maleas el 25/11/2007 a las 13:03
Veo que hay reacción entre alumnos míos respecto a los motivos que llevan a alguien a estudiar filosofía. Mi idea era que se entra intentando salvar el alma y se acaba kantianamente afirmando que esa no es cuestión de la filsofía. Pero admito que quizás muchos vienen por un deseo de saber en plena serenidad, y otros, pese a Kant, salen de la facultad siguiendo con la intención de salvarse.
He de repensar el asunto.
Un saludo y gracias
Comentado por: Víctor Gómez Pin el 25/11/2007 a las 12:18
Entre esa masa invisible de estudiantes que seguro tiene considéreme su alumna de la última fila. Quizá se ha colocado ahí porque viene de otra carrera (pongamos que filología) y no quiere que la descubran, o porque se pasa las clases dibujando, sin por eso perder detalle. Aunque pocas veces levante la mano para hablar, téngame presente, a mí y a muchos como yo que permanecerán callados, escuchándole.
Comentado por: escarola el 23/11/2007 a las 10:03
Comentado por: Ferran Caballero el 22/11/2007 a las 22:55
Recuerdo el primer día en la facultad de Filosofía de la UAB. El profesor Pere Lluis Font prenguntó a aquellos jovenes aturdidos: ¿Cuántos de vosotros han elegido la carrera de Filosofía como primera opción?...se levantaron 6 brazos de un total de 40 (bueno, contando que tenemos 2 brazos, en total serían 80, pero acostumbramos a levantar o bien el derecho o bien el izquierdo, raro es que alguien, por muy seguro que esté levante los dos. Por eso habitualmente contamos un brazo como persona).
Muchas deben ser las razones para estudiar Filosofía, pero en aquel entonces la más común era la desisdia y la mediocridad.
Comentado por: belarmino el 22/11/2007 a las 19:28
Se ve que soy más borrico de lo que me pensaba prque he leido dos veces el escrito ese y no me he enterado de nada en concreto, admiro al vagalume por ser tan entendido en estas materias y ya de paso lo invito a leer la web del escritor peor del mundo y asi podrá presumir de ello entre sus amistades intimas en el instante de exaltación suprema. Podrá exclamár. Y además, he leido a www.antoniolarrosa.com
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 22/11/2007 a las 19:27
¿Hay alguna manera de escapar a la alienación colectiva que soportamos?
Si existe una vía y es la filosofía, yo me apunto. Los ídolos que adora nuestra sociedad son de mierda, no de barro.
Ya tengo 40 años y no me gustaría vivir en vano.
Comentado por: lenz el 22/11/2007 a las 19:12
Hola Víctor, soy un alumno de la UAB, he encontrado tu blog de casualidad. Tengo 20 años. Yo entré en filosofía agonizando como quien dice, como bien apuntas en busca de alguna salvación (racional). Siempre me había maravillado el mundo y comprender sus razones, pero no había sentido la necesidad de entregarme completamente a ello al considerarla algo secundario.
Cursaba otros estudios y sobrevivía a situaciones que no me llenaban cuando, justamente por preguntarme demasiadas cosas –quizás no formulaba bien mis preguntas-, entré en una crisis, de falta de referencias y vacío.
Primero me consoló la filosofía oriental, -¡ya sé que en los círculos académicos no goza de buena prensa!-, por su contemplación serena de uno mismo, de la existencia y de la realidad (o irrealidad). Pero claro, una vez lleno el vació dentro, faltaba llenar el vacío de fuera.
Eso se convirtió en prioridad y la prioridad me llevó a la Filosofía (¡y a ti!).
No serás de los profesores más claros que he tenido, pero desde luego sí de los más inspiradores.
Espero verte en el segundo semestre,
un saludo de un alumno.
Comentado por: vagalume el 22/11/2007 a las 18:21
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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