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viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

La filosofía a todos concierne: consecuencia pedagógica

Corolario importantísimo del postulado según el cual la filosofía concierne al género humano como tal, es que la actitud filosófica ha de surgir en primer lugar en esa singular clase de los humanos que son los niños. Por definición, un niño es alguien en quien la capacidad de hablar se ha actualizado tan sólo recientemente. Mas por ello mismo, el niño no se halla aun contaminado por los usos falaces de la palabra, que acaban por ser los que imperan en un universo adulto sustentado en ese rechazo de la lucidez antes evocado.

Es bien sabido que los niños se caracterizan por una actitud interrogativa que, a menudo, desconcierta y hasta irrita a los mayores. Por supuesto que, muy frecuentemente, tal actitud no refleja sino un interés trivial por asuntos perfectamente contingentes. Pero, haciendo una criba suficientemente fina, en el discurso del niño, cabe percibir el meollo de alguna de las interrogaciones más elementales, y a la vez más radicales, a las que se enfrenta la humanidad.

En alguna ocasión he evocado al respecto el caso de una niña parisina que (correteando incesantemente por la casa en una frívola  reunión organizada por su madre) se detuvo repentinamente, balanceando su cuerpo, con expresión en la que se mezclaban alborozo e inquietud y, ante la mirada interrogativa de la madre, preguntó: "¿por qué me sigue?". Quien seguía de tal modo a la pequeña era su sombra, cuyo vinculo con su propio ser era descubierto por vez primera, en una disposición de espíritu que cabe, sin exageración alguna, identificar a ese estupor ya aludido en el que Platón y Aristóteles situaban el origen de la filosofía. Cuando la madre, a la vez tranquilizada e irritada por la interrupción, respondió con un seco "no lo sé", la pequeña dijo "pues yo quiero saberlo" (mais je veux le savoir) con tono que encerraba todo un desafío.

Pues bien:

Esta actitud de la niña parisina, su desconcierto y rabia ante el frívolo rechazo de su madre a considerar una interrogación de hecho esencial, muestra que el espíritu de un niño no es esa tabula rasa que el pensador Steven Pinker denuncia (suerte de saco de patatas que sólo la información llenaría de contenidos), sino que se halla constituido por facultades que la educación debe simplemente potenciar y actualizar. Por decirlo en términos de Platón, la educación debe fertilizar un órgano ya dado, no sustituirse al mismo

[Publicado el 20/11/2007 a las 09:02]

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Comentarios (5)

  • cuales son los autores de la pedagogia filosofica

    Comentado por: katherine el 07/2/2008 a las 14:49

  • ¿Qué sabrás de niños tú, que acabas de repudiar a tu propio hijo de once años, igual que hiciste hace treinta años con tu hija?

    Comentado por: pepito grillo el 28/12/2007 a las 19:48

  • A mi cuarto hijo, que acaba de cumplir 3 años el mes pasado, le pregunté justo hace dos días:
    -¿Y? ¿Cómo te va en el nido (guardería, kínder, jardín de la infancia)? ¿Te gusta?
    -Normalmente, sí. Pero, a veces, no. Sí y no.
    -Ah -le dije, sin saber qué añadir.
    -Es así -concluyó, frunciendo un poco la nariz y abriendo los brazos enfáticamente.
    -Aahhh...

    Comentado por: HjorgeV el 20/11/2007 a las 23:26

  • Estoy más de acuerdo con Borges: "un poeta es menos inventor que descubridor", he aquí la consecuencia cierta de la falsa teoría de la reminisencia. No traemos conocimientos porque no tenemos experiencia. Fundamentalmente no disponemos de un lenguaje significativo hasta bien avanzados unos cuartos. El lenguaje permite hacer manejable la realidad incluso la interior (su propia afectividad). Hasta entonces el niño va haciendo una experiencia afectiva y sensible que también es conocimiento del mundo: su percepción.
    PD: La madre francesa bastante bruta, la respuesta era sencilla y hablando de sencillez, ¿no es la pedagogía la encargada de transformar lo complejo en sencillo que es lo que se puede compartir, discutir, aprehender?

    Comentado por: Mercedes Beroiz el 20/11/2007 a las 20:09

  • No creo que la negación de las ideas innatas propuestas por Descartes sea equivalente a imaginar al niño como saco de patatas. Tengo entendido que Pinker invoca miles de años de evolución en los que aprendimos, entre otras, cosas que nos enseñaron y permitieron sobrevivir. ¿Acaso no es la supervivencia un contenido cognitivo?
    Creo que se trata de una crítica injusta ante un autor que, como mínimo, tiene la capacidad de suscitar una actitud interrogativa que, a menudo, desconcierta y hasta irrita a los mayores.
    Es Americano, sí, pero que le va a hacer, bastante tendrá el pobre... (Uf no, que es rico...)
    Honor y alegría de participar en su blog.
    Saludos.

    Comentado por: Pablo el 20/11/2007 a las 19:50

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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