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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

La filosofía a todos concierne: consecuencia política

El pensador, de Auguste Rodin

Decir que un filósofo habla exclusivamente de asuntos que a todos conciernen, decir que si algún asunto no responde a esta exigencia no puede ser filosófico, es acercar la interrogación filosófica a esas preguntas elementales que el ser humano plantea como mero corolario de una suerte de tendencia innata. Tendencia que, desde luego, observamos en los niños y que cuenta entre sus ingredientes con lo que un pensador contemporáneo ha denominado "instinto de lenguaje". Instinto que mueve a intentar que el lenguaje se fertilice, alcance aquello de que es potencialmente capaz, es decir se realice. El lenguaje alcanza su madurez explorando diferentes vías, pero desde luego la vía interrogativa es una de ellas, y la palabra designativa de la situación de estupor que lleva a interrogarse es precisamente filosofía.

Corolario inmediato del presupuesto de universalidad de la filosofía es lo siguiente: la única forma de que la filosofía no forme parte de nuestras  vidas es que haya sido objeto de repudio. Cabe decir que tal repudio, sustentado en razones sociales relativamente bien delimitables, se haya en la base de la actitud que respecto a la vida del espíritu caracteriza a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Dando un paso más, cabe conjeturar que la organización concreta de la vida social efectiva es fruto de ese repudio, lo cual explicaría que sean tan pocos los que se creen concernidos por las interrogaciones filosóficas.

Mas si hombre implica filosofo si (por evocar ya a Aristóteles) hombre implica tensión en pos de la lucidez (tensión en pos de que sea desvelado aquello que, de entrada, se oculta a nuestra inteligencia), entonces todo orden social sustentado en el repudio de la filosofía, o en reducirla a práctica de una élite, es intrínsicamente ilegítimo, mutilador de la condición humana.

[Publicado el 19/11/2007 a las 12:19]

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Comentarios (6)

  • Estimado sr:
    Diremos, en primer lugar, que la filosofia es un conoiciento. Aqui conocimiento está tomada en su sentido vulgar, como sentido que todos damos espontáneamente a la palabra conocimiento. La filosofía, es, pues, un conocimiento; un conocimiento, pretende ser válido universalmente, es decir, que no pretende valer tan solo como opinión del filosofo.

    Comentado por: julio el 05/2/2008 a las 18:45

  • Como el lector atento que me considero, me he quedado con algunas dudas.
    Eso de usar haya por halla, practica por práctica e ilegitimo por ilegítimo, me lleva a preguntarme por qué El Boomeran(g) no tiene correctores. (Y si los tiene, ¿serán los mismos de su hermano mayor, que hoy nos regalaron varias perlas como ‘planificción’?)
    Por otra parte, me parece ver varios defectos de argumentación, cierta oscuridad en los conceptos y ligereza en ciertas afirmaciones. Lo digo sin afán de molestar. Lo fundamentaré a continuación.
    Pienso que de "una suerte de tendencia innata" no se puede deducir ninguna proposición en el sentido filosófico o lógico; tampoco ningún corolario, por lo tanto.
    Otro ejemplo de lo primero, según mi opinión: no creo que un "Corolario inmediato del presupuesto de universalidad de la filosofía" sea lo que usted afirma a continuación. ¿Por qué? Esa inmediatez me parece demasiado arbitraria.
    Por otro lado, como ejemplo de lo segundo, las siguientes frases me parecen especialmente oscuras o hasta chistosas:"la organización concreta de la vida social efectiva" (¿cuál sería la ‘inefectiva’?, ¿habría consenso en la definición de ambas?); y "se haya en la base de la actitud que respecto a la vida del espíritu caracteriza a la inmensa mayoría de los ciudadanos". ¿Por qué no simplemente “en la actitud de la actitud espiritual”, si es que ella existe, y hay consenso en su definición? ¿O hay actitudes no espirituales? (Yo considero así a todas las mías. Por eso simplemente las llamo ‘actitudes’, a secas.) Por lo demás, una actitud requiere del intelecto y de la voluntad, para dejar de ser un simple gesto.
    Tampoco creo que haya –necesariamente- incompatibilidad en repudiar (de alguna forma) la filosofía y que ella forme parte de una vida. (Es mi caso.)
    Finalmente, como otro ejemplo de lo tercero, hombre implica también -y mucho antes en el tiempo y en la práctica que lo que usted ha escrito-: rapiña, mentira, abuso, ventaja, acumulación obsesiva, oscuridad, maquillaje de la historia, guerra, más violencia. Pienso que esa es la gran tarea pendiente del hombre, filósofo o no.
    Le ruego perdonar mis sinceras dudas.

    Comentado por: HjorgeV el 20/11/2007 a las 02:03

  • La cuestión la resolvia Stuart Mill cuando afirmaba que preferia ser un socrates infeliz a un cerdo satisfecho.
    Mas allá de genes o condicionantes sociales es una opción personal.Puro ejercicio de libertad de la que dispone todo individuo.
    Un saludo (em)prendedor,¿de vuelta al redil?

    Comentado por: Maleas el 19/11/2007 a las 20:37

  • De acuerdo, Víctor. Hay en el ser humano un instinto del lenguaje que le empuja, a través de la filosofía, hacia la lucidez.
    Hay un repudio social (y político) de la filosofía y de la lucidez, repudio que sin duda está al servicio de los beneficiarios de cuanto el orden social tiene de ilegítimo y de mutilador de la condición humana.
    Partiendo de este doble acuerdo, ¿podemos dar un paso más?
    Además del instinto del lenguaje, ¿tiene el sujeto humano otros factores internos (no sociales) que le dificultan —en lugar de facilitarle— el acceso a la lucidez? Esos eventuales factores internos que quizá se encuentren en las raíces oscuras de los deseos e intereses más inconfesables (incluso inconfesables para la propia conciencia), ¿implican que hay pulsiones que desde lo más hondo de la propia psique se oponen a las pulsiones filosóficas y, oscureciendo la lucidez, cooperan con las fuerzas alienantes de la sociedad?
    Otro paso más: tú, que defiendes la mutua fertilización de los diversas ramas del saber, admites, sin duda, que la filosofía de la biología también puede servir a la causa de la lucidez. Nadie ignora que la carga genética influye en nuestra conducta, como influyen las estructuras sociales y las peculiaridades del carácter individual. Nadie lo ignora hoy día, aunque nadie pueda precisar, por el momento, en qué aspectos concretos (y en qué medida concreta) nos influyen, nos empujan e, incluso, nos determinan, las estructuras moleculares genéticamente heredadas, las pulsiones mentales biográficamente desarrolladas y las estructuras sociales ideológicamente interiorizadas.
    Nos hablas del combate entre la innata tendencia a la lucidez y su repudio social. ¿Hay en las fuerzas que nos empujan hacia la lucidez componentes biológicos, personales y sociales, de carácter primario cada uno de ellos, o todos se pueden reducir a formas secundarias de uno solo primigenio? ¿Hay en las fuerzas alienantes que repudian la lucidez componentes internos del propio individuo (biológicos o psíquicos) o toda la oposición oscurantista se puede reducir a estructuras sociales y políticas?
    “Mirad, Sancho -dijo la duquesa-, que por un ladito no se vee el todo de lo que se mira” (Quijote, II, 41).

    Comentado por: José Lázaro el 19/11/2007 a las 18:59

  • Estimado Sr.:
    Me atrevo a molestarle porque creo que, en el ámbito de la creación literaria y/o del pensamiento, se está desde hace años cometiendo una (a lo que ahora me interesa) injusticia de esas que sólo las persona que han logrado hacerse un nombre y ser creadoras de opinión, pueden subsanar en parte.
    Que los méritos de Agustín García Calvo sean muchos y variados no parece cosa de la que se pueda dudar:
    1.- Es el poeta con más gracia y más sabiduría rítmica de estos tiempos 2.- Es el autor de las obras de teatro con más enjundia y con más virtudes teatrales de estos tiempos 3.- Es uno de los filólogos y traductores más certeros de estos tiempos 4.- Es el pensador más claro y más incomodo que el puñetero Sistema, sea éste lo que sea, tiene enfrente.
    Podríamos seguir así, sin faltar a la verdad, unos cuantos puntos más.
    Y claro, como no podía ser menos, en los últimos tiempos los Medios de Comunicación han ido, discreta pero constantemente, quitándolo de en medio y así sus libros, al desaparecer él de las noticias, también desaparecen (aunque nunca del todo).
    ¿No sería deseable y posible que le dedicara algún artículo de reconocimiento?
    Estoy haciendo, aprovechando la facilidad de las herramientas informáticas, esta página http://librosdeagustingarciacalvo.blogspot.com
    Aprovecho para saludarle y hacerle llegar mi reconocimiento por anticipado.
    PD.: Tampoco estaría de más que enviara este correo a otros "creadores de opinión", vamos digo yo.

    Comentado por: dale arden el 19/11/2007 a las 16:07

  • ...Pues si aceptamos eso de la tensión en pos de la lucidez ¡que quiten la foto del ensimismado, mudo y cabizbajo "pensador" de Rodin, triste parodia del hombre filósofo!
    Siempre me he imaginado esta (fea) escultura con un bocadillo de cómic sobre su cabeza lleno de zetas... zzzzzzzzzzzzzzz.
    Saludos a los viejos camaradas.

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 19/11/2007 a las 13:05

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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