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sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Víctor Gómez Pin

La actitud filosófica y su caricatura

Es una situación embarazosa la de alguien que, al ser preguntado por su profesión, ha de responder "filósofo" o incluso "profesor de filosofía".Y el problema no reside tanto en que el interlocutor no sepa en qué sector del conocimiento o de la técnica encasillar tal respuesta, como en el hecho de que, probablemente, el propio filósofo tampoco lo sabe.

Un filósofo es desde luego una persona cuya tarea es pensar, pero esto también caracteriza a Ramón y Cajal, Einstein, Gauss... a los que nadie (al menos de entrada) califica de "filósofos".El embarazo del profesional de la filosofía se acentuará  además por una sospecha de lo que, ante su respuesta, el interlocutor empezará a barruntar. Pues si se hiciera una encuesta en la calle sobre el tema, la gran mayoría de los interrogados haría suya una opinión del tipo siguiente:

"Los filósofos son tipos que habla sobre asuntos que sólo a ellos interesan y en una jerga que sólo ellos (en el mejor de los casos) entienden."

Descartes

Obviamente el profesional de la filosofía protestará y hasta se sentirá ofendido. Pero tiene en su contra el que esta popular idea de lo que sería la disposición filosófica, encuentra reflejo en el trabajo efectivo de muchos de sus colegas y (lo que es más grave) no forzosamente en el de aquellos que hoy gozan de menos prestigio. Difícil es para el filósofo convencer (tanto a los demás como a sí mismo) de que la evocada imagen es una burda caricatura y que, en realidad, filósofo es exclusivamente aquel que habla de cosas que a todos conciernen y lo hace en términos, de entrada, elementales y que sólo alcanzan la inevitable complejidad respetando esa absoluta exigencia de transparencia que viene emblemáticamente asociada al nombre de Descartes.

[Publicado el 16/11/2007 a las 01:22]

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Comentarios (12)

  • El problema no es que filosofadas de este tipo sean equivalentes a intentar beber de una copa vacía: lo peor viene cuando se empeña en vendernos la nada disfrazada de falsa profundidad, o sea, la nada con sifón.

    Para este viaje, no hacían falta alforjas. Y mucho menos filosóficas...

    ¡Demasiada logorrea!

    Comentado por: maría el 28/12/2007 a las 19:38

  • porque no me definis la actitud filosofica en la realidad

    Comentado por: cinthya el 19/12/2007 a las 03:53

  • He sido incapaz de leer los libros de Pin. Que empiece el combate contra su propia complejidad, contra su propia espesura. Será lo mejor.

    Comentado por: john done pezil el 20/11/2007 a las 18:10

  • Mi reverencia a tan digna labor. Lo desustanciante es norma en el torrente contemporáneo. Gracias por la contracorriente.

    Comentado por: Hermes el 19/11/2007 a las 13:21

  • Duda: Qué deseo más humano, ese de querer poder explicarlo todo (inteligiblemente) con palabras. Aún lo que no podemos comprender por su 'oscuridad' propia o en la que se encuentra.
    Pero creo que también hay de lo otro. El deseo de ser oscuro adrede. Sea por propia ignorancia u 'oscuridad mental', o por simples intereses (materiales, generalmente). Creo que ejemplos sobran en la historia.
    Me ha gustado la primera entrada de este autor.

    Comentado por: HjorgeV el 19/11/2007 a las 09:58

  • Al margen del elitismo de las jergas; ¿no entraña esta defensa de la claridad la pretensión de que no existe nada tan oscuro que no pueda ser iluminado por la razón?

    Comentado por: duda existencial el 18/11/2007 a las 20:16

  • Hombre, don Víctor! Encantado de encontrarlo por aquí.

    Un saludo

    Comentado por: Ferran Caballero el 18/11/2007 a las 18:36

  • Estimado don Víctor:
    he leído recientemente dos de sus libros ("Los ojos del murciélago" y "Entre lobos y autómatas"), en los que me han parecido especialmente pertinentes , por un lado, su defensa del lenguaje como el elemento sustancial de la naturaleza humana y, por otro, la exigencia de inteligibilidad como horizonte imprescindible de la ciencia.
    El filósofo debe, pues, aunar ambas cosas: la gracia de la expresión entendida no como "la bonitura y lo superfino", en palabras de Cernuda, sino como adecuación exacta y fatal entre un contenido y las palabras en que se expresa.
    Espero que su filosofar en este blog nos aporte claridad y materia en que pensar.
    Bienvenido.

    Comentado por: Álvaro q. el 17/11/2007 a las 14:37

  • Se me olvidó decir que quien me prestó el libro es un tal (em)prendedor de coches. Me comenta mi amiga (viz)condesa que haga el favor de asomar su cabecita también por aquí.
    Es todo; perdón por el mensaje personal.

    Comentado por: gabriel féraud el 17/11/2007 a las 12:23

  • Qué casualidad. Justo cuando acaban de dejarme La escuela más sobria de vida. En fin, bienvenido sea.

    Comentado por: gabriel féraud el 17/11/2007 a las 11:49

  • Desde ya bastantes años, Víctor Gómez Pin viene intentando demostrar, con su práctica de la teoría, que la filosofía es básicamente el combate de la razón contra la memez mística. Hoy añade (no es la primera vez) que esa razón filosófica ha de hablar en términos claros de las cosas que a todos nos conciernen, para analizar lo complejo (sin trivializarlo) con claridad y distinción cartesianas. Su claro alegato contra las jergas oscurantistas de buena parte de sus colegas es toda una invitación a entender este nuevo blog como invitación a un pensamiento sin fronteras gremiales y sin confusión de lo profundo con lo tenebroso. La verdad es que no tiene mala pinta la copa que nos ofrece.

    Comentado por: José Lázaro el 17/11/2007 a las 00:27

  • Y viendo la foto, se me ocurre que pensar es tratar de beber de una copa vacía (o llena de nada).

    Comentado por: Tipo de incógnito el 16/11/2007 a las 19:57

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Biografía

Desplazado desde muy joven a París, Víctor Gómez Pin estudió en la Sorbona, donde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico (publicada en París por Anthropos y ulteriormente traducida al español por Ariel bajo el título El orden aristotélico). Tras años de docencia en Dijon y París, obtuvo una cátedra en la Universidad del País Vasco con una investigación sobre los aspectos filosóficos del cálculo diferencial. Actualmente es catedrático de la U. A. B., donde enseña Gnoseología e introducción al Pensamiento Matemático. Es coordinador del Congreso Internacional de Ontología, cuyas últimas ediciones se han celebrado bajo el patrocinio de la UNESCO. Es asimismo vicepresidente de la Sociedad Ibérica de Filosofía Griega. Es autor de una veintena de obras y ha obtenido el Premio Anagrama de Ensayo en 1989 por su libro Filosofía, el saber del esclavo y el Premio Espasa de Ensayo en 2006 por su libro Entre lobos y autómatas. Entre sus obras destacan también El drama de la ciudad ideal, Límites de la conciencia, El infinito, Descartes, la exigencia filosófica, La dignidad y La tentación pitagórica. Actualmente es profesor en la Venice Internacional University.

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