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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 2 de junio de 2020

 Víctor Gómez Pin

La causa de la naturaleza y la causa del animal de razón (XI): tener clara cuál es la causa final


Querer la dignidad de todos... ¡es un acto de sano egoísmo! Pues la indigencia de los demás hace el entorno moralmente insalubre. Esto nada tiene que ver con los buenos sentimientos, la compasión que sitúa al que la experimenta del buen lado. Si el objetivo de la dignidad de los seres de razón se alcanzara no habría ocasión de poner de manifiesto buenos sentimientos en esta materia, lo cual hubiera quizás sido de lamentar por aquel que lo que se complace en esa situación de sentirse piadoso, de sentirse del buen lado en la miseria. Este aborrece toda alegría realmente compartida, aborrece toda razón de celebración colectiva, que en efecto le privaría simplemente de su razón de ser, consistente en lamentarse de la indigencia ajena. 
 
Por ello, incompatible con el deseo de una sana existencia colectiva, el ansia de estar situado del buen lado a cualquier precio, el ansia farisaica de " no ser como esos", acaba también siendo incompatible con la decencia.

¡Lucha pues por una sociedad en la que sea legítimo prohibir la indigencia! El objetivo sólo se conseguiría si antes se hubiera logrado abolir muchas otras causas de iniquidad; abolición que pasa por un difícil cuestionamiento de modos hoy imperantes de funcionamiento de la sociedad.

Sería cuando menos necesario el restablecimiento de algunas pautas de la política social -demócrata. Acabar desde luego con el ciclo en el que un porcentaje mínimo de la población posee una proporción inmensa de la riqueza: cincuenta por ciento de la riqueza en manos del 10 por ciento, sólo tres por ciento de la misma en manos del cuarenta por ciento de la población más pobre (ateniéndose a países de la OCDE). Se necesitaría como mínimo una nueva distribución de las cargas impositivas, que va en contradicción con lo defendido no sólo por Trump o Bolsonaro, sino también por Macron y otros representantes del liberalismo económico. 

Y como los beneficiados por este orden social no están dispuestos a ceder, alcanzar tal meta supondría sin duda una lucha tenaz, en la cual, como en toda confrontación real, el fracaso se traduciría en elevado precio personal. De ahí quizás la sustitución de tal lucha por otras, perfectamente legítimas y eventualmente de elevado peso moral, pero que no suponen una amenaza tan radical para la trama político-económica del mundo.

A propósito de la omnipresencia y- a su juicio-sobredimensión de problemas vinculados a la sexualidad, Michel Foucault señalaba que es vieja estrategia militar el focalizar la atención del enemigo allí dónde realmente no se dirime lo esencial. Pues bien, los que simplemente queremos un entorno natural a la vez humanizado y compatible con la continuidad de tal humanización, haríamos bien en estar prevenidos sobre el hecho que ciertas luchas no parecen perturbar sobre manera a quienes han dado múltiples muestras de recuperar para sus intereses desde nuestros deseos sexuales, hasta nuestras costumbres alimentarias y nuestras exigencias de sentirnos reconciliados.

Deberíamos tener simplemente un gramo de desconfianza ante el hecho de que seamos en ocasiones inducidos a la buena acción por un entorno ideológico cuyos mentores no parecen precisamente hallarse guiados por el imperativo kantiano. Pequeña lista de causas en las que todos estamos de acuerdo, a veces sin preguntarnos si al concentrar toda nuestra energía en ella estamos haciendo otra cosa que obedecer a una consigna interesada:
Viendo como la naturaleza se degrada nos alzaremos contra la proliferación de plásticos y el desequilibrio energético. Constatando que la ternura ordinaria por las mascotas desaparece cuando estas complican el tiempo de ocio, lucharemos por acabar con esa mezcla de canallada y frivolidad que supone su abandono llegadas las vacaciones. Nos alzaremos contra la caída de los jóvenes en el consumo de droga. Convencido de que el consumo de carne perjudica a la vez la salud del planeta y de sus habitantes, haremos lo posible por cambiar tus hábitos alimenticios. Defenderemos la necesidad del equilibrio energético... 

En todo ello encontraremos quizás inesperados aliados ¿Se oponen acaso los Gates, Bezos o Zuckeberg a tales bienintencionados propósitos? Recientemente incluso Madame Le Pen se ha apuntado a la causa ecológica, ciertamente cargada de connotaciones que revelan el plumero y la verdadera intencionalidad: ataque a las importaciones del extranjero, exaltación de la calidad de los productos propios, jerarquización de los modos de alimentación tradicionales frente a la de las comunidades inmigrantes, etcétera: "A quien es nómada no le importa la ecología porque no tiene tierra" declaraba hace unos meses. Pero ello no impide que Madame Le Pen quiera una naturaleza limpia y bien explotada, a la imagen de su imaginaria Francia limpia y que trabaja. En el libro "Ecofascismo" de los estadounidenses Peter Staundenmaier y Janet Biehl se recordaba que los nazis resumían en ocasiones su ideario en la expresión "Sangre y tierra (Blut and Boden)". Y Conviene recordar que los autores son dos conocidos militantes del movimiento ecológico, ambos de tradición libertaria.

Estoy sugiriendo que quizás ciertas reivindicaciones estén en el fondo permitidas y hasta jaleadas, de tal manera que al asumirlas como imperativo mayor y causa final no hacemos otra cosa que nadar a favor de corriente- mientras que abolir las causas de creciente indigencia supondría enfrentarse de verdad a los cimientos del orden (o desorden) imperante.

[Publicado el 17/4/2020 a las 11:15]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

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