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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 22 de octubre de 2020

 Víctor Gómez Pin

El honor de los filósofos

HIPATIA Y LA ANDREIA

No perdura escrito alguno de Hipatia, seguidora de la doctrina de Plotino en la conflictiva y a la vez brillante Alejandría del siglo V de nuestra era. Se sabe sin embargo que estaba al tanto de las disciplinas científicas de su época,  siendo tan conocida por sus conocimientos en astronomía  y matemáticas como por sus hermenéuticas  de las teorías de Plotino relativas  al "uno", a partir  del cual todo vendría a ser derivado.  De hecho su padre fue el matemático y filósofo Teón de Alejandría  con quien habría colaborado en muchos de sus trabajos, entre ellos una reedición del libro de los Elementos de Euclides,  que serviría de soporte a muchas otras de las ediciones posteriores. 

La  lucidez de Hipatia, su persistencia en enfrentarse a los interrogantes de la vida (incluidos los relativos a la religión) sin sacrificar los imperativos de la razón, debió resultar insultante para los gerifaltes espirituales la comunidad cristiana de la ciudad, aunque también es cierto que algunos cristianos se consideraron sus discípulos, así Sinesio de Cirene que llegaría a ser obispo y que mantuvo con Hipatia una correspondencia de la que se conservan algunas cartas en las cuales expresaba su admiración por el saber tanto científico como filosófico de su interlocutora.

Los historiadores cuentan que una de las razones que provocaron la enemistad de jerarcas cristianos contra Hipatia fue su filiación con Orestes, prefecto de la ciudad,  quien entró en conflicto con el patriarca Cirilio nombrado en 412 y que llegaría a ser santificado. Sea como fuere no hay que olvidar que para los cristianos de la época la razón era sospechosa de paganismo, por lo que es difícil discernir si las rivalidades políticas sirvieron de pretexto para repudiar a una pensadora irreductible,  o al revés.

Tanto la edad  de Hipatia en el momento de su muerte como  las circunstancias de  la  misma,  acaecida en 415, son objeto de debate. La conocida pintura del pre-rafaelista Charles William Mitchell nos presenta a una mujer joven  de rasgos algo masculinos, que parece haberse zafado por un momento de sus verdugos, arrinconada contra un altar, cuya mano derecha  sostiene la larga cabellera que  cubre parcialmente su desnudez, mientras la mano izquierda se alza en gesto de dignidad desafiante. Los eruditos apuntan sin embargo a que en el momento de su muerte Hipatia tendría entre cincuenta y sesenta años. En cuanto a la autoría del crimen, unos la atribuyen a monjes partidarios del patriarca y otros a una turba enfurecida de la que también formarían parte algunos monjes. En cualquier caso, habría sido arrastrada hasta   una iglesia,  despojada,  brutalmente golpeada y finalmente conducida a un crematorio.

Hipatia fue, como tantos otros pensadores,  presa de un fanatismo que cabe suponer exacerbado por la condición de mujer de la víctima. Se ha descrito a Hipatia como bella, brillante en su discurrir y carente de pretensión en lo relativo a su saber filosófico y científico. La tendencia espontánea es obviamente la de aceptar que tales atributos efectivamente la adornaban. En cualquier  caso la mirada  de la protagonista en el evocado cuadro de Charles William Mitchell refuerza la tendencia a considerar en Hipatia una virtud mayor: Hipasia es en nuestro imaginario  representante paradigmática de la andreia, o andria definida por Aristóteles como la capacidad para no ser paralizados por el temor a la muerte, capacidad  que  (a pesar de la etimología)  en ocasiones es atribuida por Aristóteles ( y también por Sócrates) tanto  a  mujeres como a hombres:  "Distintas son la templanza (sofrosune) y la hombría (andria) en el caso del hombre (andros)y de la mujer (gynaikos)" escribe en su Política.

El término griego anthropos designa tanto a los representantes femeninos de la especie humana como a los masculinos. Para referirse al varón por oposición a la fémina, se usa el término aner apuesto a gyne. De ahí que la virtud (arete) propia del varón, la andreia o andria, en principio no debiera ser confundida con una virtud análoga, expresiva de la condición femenina. Las cosas no son, sin embargo, tan claras. Para empezar, no se da en griego un término específico, forjado a partir de gyne para designar la perfección o virtud femenina. Por otro lado, muchas de las características esenciales de la andria son de tal tipo que la mujer puede perfectamente reconocerse en ellas. De ahí el que, en textos como el citado, Aristóteles muestre una inclinación a generalizar el término andria, distinguiendo entre una andria propia del hombre y una andria propia de la mujer. Razón aristotélica que  mueve a no traducir andria por virilidad, sugiriendo por el contrario lo adecuado de un término como entereza.

Andreia es aquello que el hombre en general (es decir, dado ese fascinante equivoco, tanto el hombre como la mujer) revela cuando deja que su condición se abra camino, cuando asume lo que le determina y no se encharca en los problemas contingentes en los que de ordinario nos vemos sumergidos. Andreia es así aquello de lo que da prueba mayor Hipatia de Alejandría, asunto éste del que  seguiré ocupándome.

[Publicado el 20/10/2015 a las 12:23]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

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