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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 4 de agosto de 2020

 Víctor Gómez Pin

El honor de los filósofos

De la Revolución húngara al Mont Valérien: el "acto radical" de Georg Politzer.

"Hay que reconocer que para la filosofía nueva ya no cabrá dualismo entre la certeza y la seguridad puesto que los que preconizan tal filosofía son tachados de enemigos de la sociedad. Y encontrándose así, afortunadamente, en desacuerdo con el Estado, [privados de seguridad] para los nuevos filósofos ya sólo queda la certeza. Hacer realmente filosofía será de nuevo una ocupación peligrosa como en los tiempos heroicos. Los filósofos serán de nuevo amigos de la verdad, mas en razón de ello enemigos de los dioses, enemigos del Estado y corruptores de la juventud. La filosofía conllevará  de nuevo un riesgo. En consecuencia habrá una selección. No accederán a la verdad mas que aquellos que la aman hasta el extremo de osar transformar las aventuras espirituales en aventuras materiales" (Georg Politzer)

En marzo de 1919 una coalición de comunistas y social-demócratas instaura la  República de los Consejos de Hungría, efímero régimen inspirado en la experiencia rusa de los Consejos Obreros de 1905 y  1917-18, cuyo principal dirigente es Bela Kun. En 1920  un gobierno  profundamente reaccionario se forma en el país forzando al exilio, a veces indistintamente político y económico, a miles de ciudadanos magiares. Entre ellos un muchacho de 17 años a quien la policía política perseguía y que  22 años más tarde   sería fusilado en  el Mont Valérien, al oeste de París, antigua sede de la congregación de sacerdotes de calvario.

Refugiado con su familia en Francia, el muchacho aprende la lengua francesa en unos meses, y  animado   por su padre la perfecciona  con la lectura de Voltaire y Diderot. George Politzer muestra muy rápidamente todos los rasgos de un filósofo de raza: reivindica la gran tradición racionalista del Cartesianimo, pero se interesa por la filosofía griega, lee a  Freud y sobre todo convierte  los textos más áridos  en armas  temibles a la hora de interpretar el entorno social. En el plano político su actitud se radicaliza. Tras hacerse miembro del Partido Comunista asume en ocasiones posiciones dogmáticas, reflejadas en 1929 en una tan injusta como virulenta diatriba  contra Henri Bergson, cuya obra se le antoja en exceso idealista y que califica de "parade" filosófica. Se distancia  asimismo de Freud en cuya psicología  admiraba  su inclinación a considerar al hombre de manera holística (sin separar cuerpo y alma por así decirlo), pero a quien acusó de no tomar suficientemente en cuenta las variables que resultan de la interiorización por los individuos de los valores resultantes de la jerarquía social.

El excelente profesor que era Politzer preparaba  a alumnos para el concurso  que en Francia habilita para la función docente (la llamada "Agregación", que él mismo había pasado brillantemente muy joven) en programas que lógicamente abarcaban todo el espectro de la historia de la filosofía. Sin embargo, cuando  en 1930, bajo  impulsión del Partido Comunista, se funda en París la Universidad Obrera,  George Politzer concentra en ella sus esfuerzos y, cada vez más radicalizado en lo ideológico, inicia  a los trabajadores  inscritos en los grandes temas de la filosofía abordándolos  bajo el prisma de la teoría marxista.

Cuando, siendo poco más que adolescente, llegué  yo mismo a París aun existía un rescoldo de esa  Université Ouvrière,  que acogía en sus clases nocturnas a personas de lo más diverso y que para  muchos de los que (a veces  "sin papeles") subsistían con un trabajo precario o clandestino constituía casi la única posibilidad de enriquecer la brumosa cotidianidad con alguna brizna de vida espiritual. Clausurada inevitablemente durante  la ocupación alemana, la función a la vez cultural y militante de la  Universidad Obrera sería unos años asumida por una publicación  clandestina llamada  "Universidad Libre", entre cuyos principales animadores figura una vez más Georg Politzer, junto a su compañera Mai Politzer. Cuando en 1940 el gran físico francés Paul Langevin es arrestado por los alemanes publica un duro alegato  en la también clandestina La Pensée libre. Como para Jean Cavaillès al que evocaba en una columna anterior (por mucho que en el plano filosófico difirieran grandemente) el combate y el pensamiento se refuerzan mutuamente.

El pensamiento ha de tener necesario reflejo en instituciones sociales, en primer lugar la universidad pública. Pero la universidad sin el marco que le permita ser efectivamente  libre, al menos como proyecto,  está mutilada en su esencia. De ahí que la doble faceta de Georg Politzer no sea disociable:  el coraje en la resistencia en este caso testimonio de la radicalidad filosófica y viceversa. Lo de menos es el grado en el que  las posiciones  teoréticas de Politzer son compartidas por uno. La fidelidad a la filosofía se mide precisamente en ocasiones por la radicalidad en la diferencia, no por la adecuación al pensar del otro.

Michel Leyris  abrigaba el proyecto de llegar a escribir un libro que tuviera la fuerza de un acto radical, un acto en el que cuerpo y espíritu mostraran su indisociabilidad. Quizás Georg Politzer no llegó nunca a escribir ese libro, pero cabe decir que el proyecto le acompañó siempre. Un acto radical fue en todo caso su entera vida:

Tras haber sido sede de la congregación de sacerdotes de calvario, el Mont Valerien pasó a ser abadía cisterciense. Durante la ocupación de Francia, los nazis hicieron de ella lugar  de ejecución  de múltiples resistentes. Cuando Politzer se suma a la revolución húngara de los consejos obreros tenía 16 años.  Cuando a los 39, el 23 de mayo de 1942,  es pasado por las armas, su último acto fue alzar los ojos, recorrer la mirada de los miembros del pelotón de la Wehrmacht y pronunciar un enigmático desafío: " todos sois fusilados por mí". Retomo la evocación por Politzer  de la disposición socrática, que citaba en el arranque: La filosofía conllevará  de nuevo un riesgo. En consecuencia habrá una selección. No accederán a la verdad mas que aquellos que la aman hasta el extremo de osar transformar las aventuras espirituales en aventuras materiales"

[Publicado el 08/9/2015 a las 07:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 

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