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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 30 de octubre de 2020

 Víctor Gómez Pin

Asuntos metafísicos 47: la hipotética partícula que abriría el camino a la causalidad inversa.

Cómo garantizar que no hay influencia clásica.

Empecemos por refrescar algunos extremos ya avanzados:

Sean dos acontecimientos espacio temporales A, B.  Si  el intervalo temporal que va de la aparición de A a la aparición de B no es suficiente para que  la luz  cubra la distancia entre ambos, diremos que  estos acontecimientos se hallan espacialmente separados.  Así, si A ocurre a la hora cero y B un segundo más tarde y a 600000 kilómetros, un mensaje enviado por A, incluso a la velocidad de la luz, no llegaría a tiempo de determinar en modo alguno el acontecimiento  B.

 Si el intervalo que va de la aparición de A a la aparición de  B permite que una partícula  que se mueve a velocidad inferior a la de la luz cubra la distancia espacial que les separa, diremos que los  acontecimientos A y B se hallan temporalmente separados. Así, si A acontece a la hora cero y B un segundo más tarde a 150000 kilómetros, un electrón acelerado hasta  el cincuenta por ciento de la velocidad de la luz  llegaría justo a tiempo de determinar de alguna manera las características de B.

En fin,  si en el intervalo temporal que va del acontecimiento A al acontecimiento B,  la luz, y sólo la luz, cubriría exactamente  la distancia espacial entre ambos, diremos que  A y B se hallan separados por la luz. Así, si A acontece a la hora cero y B un segundo más tarde a 300000 kilómetros,  un fotón enviado desde A a B  llegaría justo a tiempo de determinar de alguna manera las características de B.

El problema se plantea con los acontecimientos espacialmente separados. Consideremos el caso de una distancia de 600000 kilómetros. Supongamos que tenemos razones de  sospechar  que  el acontecer de A (por ejemplo el hecho de medir la polarización de un fotón) tiene un efecto sobre las características de B. Para explicar esta influencia no cabe recurrir a la hipótesis de que desde A se ha enviado una partícula, por ejemplo contenedora de un mensaje encubierto, dado que  incluso un fotón (partícula por así decirlo nacida a la velocidad de la luz) llegaría  demasiado tarde.

Distancia espacial grande e intervalo temporal reducido hasta prácticamente la  simultaneidad: tal es la garantía de que entre un lado y el otro no hay influencia posible.  Ahora bien, la física cuántica tiene algo más que sospechas  para considerar  que, en determinadas circunstancias, esta influencia se ejerce: por un lado  tal influencia es concordante con sus propias previsiones; por otro lado  la constata experimentalmente. Mas, ¿cómo explicar el asunto? ¿como dar cuenta de este sorprendente lazo entre partículas que la distancia espacial debería proteger de toda influencia mutua?

 Una hipótesis sería la siguiente: A no ha influido en B mediante una partícula conocida que sólo puede desplazarse a velocidad igual o inferior a la luz, sino mediante una partícula que se trasladaría a velocidad superior a la de la luz y que respondiendo al significado de la palabra griega tachus, recibiría el nombre de tachyon.

[Publicado el 29/4/2014 a las 07:00]

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Comentarios (3)

  • Curiosa expresión esa de "separados por la luz". ¿Es la luz una extensión material que pueda ser interpretada como distancia física entre uno y otro? ¿No era más bien la luz aquello que, recorriéndola, sirve para dar cuenta de la extensión, de lo que de uno a otro va?
    Por otra parte, acaso no esté de más recordar con Perogrullo aquello de que uno y otro están separados justamente por lo que los une, por aquello donde uno y otro están.
    Y, en fin, que uno y otro y donde uno y otro están y la luz que va de uno a otro, dando testimonio de uno, de otro y de lo que de uno a otro hay, todo ello, son los mimbres con los que se ha tejido la trama de este mundo nuestro, recurrentemente amenazado por la aniquilación, y que ese tachyon traidor e imprevisible parece una garantía, otra más, de que esa aniquilación, ese armageddon diríase que secretamente anhelado, es, no ya físicamente posible, sino cotidiana, aunque inadvertidamente, experimentado.

    Comentado por: taquicardias el 02/5/2014 a las 17:43

  • Habría que preguntarse por la naturaleza algebráica o geométrica de aquello que denominamos conumicación entre dos sucesos. Me parece que no es muy diferente de aquello que nos decían en la escuela que que la vida es el transitar de un punto que va de un extremo del segmento a otro.

    Cualquier chaval se preguntaría porque consideramos el tiempo lineal, o las distancias...

    Y, a esas preguntas, metafísicas a más no poder, ¿sólo se puede responder desde la litúrgica teológica convertida en rutina impotente con la respuesta "eso son cosas de dios? ¿o desde el trajinar empirichipifláutico del jamelín que experimenta depurando los concebires purificándolos con sus santos óleos?

    En fin, saludos cordiales, y a ver si alguien se atreviese a atisbar medir el tiempo con, yo qué sé, segundos al cuadrado..., a ver si, en ese ahí se asomara leibniz y sus pasados, presentes, futuros, futuribles, pasadoides y demás sinsentidos (no-rectos).

    Comentado por: Hayahíay!? el 29/4/2014 a las 10:51

  • Sí, pero el problema, aunque quizá me adelante, es que la existencia de esos taquiones daría lugar a efectos muy extraños relacionados con la causalidad.

    Una vez leí, y para explicar este tipo de fenómenos, el siguiente ejemplo. Supongamos dos jugadores de tenis que están jugando con un taquión como bola de tenis. Supongamos que el jugador A es el que va a sacar y el jugador B es el que recibe al resto. Pues bien, justo en el momento en que el jugador A va a impactar la bola (taquión) para servir al saque el jugador B ya estaría restando la bola (taquión). Es decir se recibiría la bola (taquión) justo antes de sacar. Es decir, el efecto precedería a la causa

    Comentado por: elías el 29/4/2014 a las 10:10

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

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