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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 20 de octubre de 2020

 Víctor Gómez Pin

Asuntos metafísicos 41: el reto de la no- localidad

Digresión preliminar: Irreductibilidad de la disposición filosófica

Está fuera de duda que  la fuga de lo real,  y no la entereza para mirarlo y asumirlo, se halla en el origen  de algunas de  las grandes creaciones del espíritu, que la creación ha germinado muchas veces gracias a la sublimación de la indigencia y que  el miedo ha cimentado la  erección de catedrales. Pero es obvio que  ello no constituye la regla.  El engaño sobre el propio ser, el propio origen o el propio destino, el engaño sobre la intrínseca finitud,  no sirve en general más que  a  apuntalar el edificio mismo de la mentira, de tal manera que, cabe decir, la mentira sólo es servidora de sí misma.  La recepción sin resistencia de la propaganda sobre mezquinos valores imperantes, e incluso la complacencia en la misma, la ceguera ante intoxicaciones que un mínimo de exigencia lógica bastaría a rechazar[1],  son  indicio de este triste círculo vicioso.

Por eso mismo merecen tanto nuestro agradecimiento  aquellos que se han erigido en ejemplos de la tensión  del pensar, y en quienes  tal tensión ha cristalizado en teorizaciones que liberan de los estereotipos en los que tantas veces se esteriliza el espíritu humano.  Y aunque quepa sospechar que, en el origen,  la disposición  que lleva al pensar encubre también, más o menos sublimado,  algún  oscuro aspecto de la subjetividad, sin embargo  en el proceso mismo de activar el pensamiento,  el peso de esta  variable encubierta se achica. Pues simplemente lo que merece el nombre de filosofía  es difícilmente compatible con la escaramuza. Ya he tenido aquí ocasión de evocar la frase con la que el fallecido matemático francés Gilles Châtelet glosaba la sentencia según la cual la filosofía es una guerra: "guerra, sí, pero guerra contra la estupidez"; violencia  en todo caso contra la dificultad exterior  y la pereza y desidia interiores que frenan la disposición  a ser espejo  para la reflexión  del propio ser y el   propio entorno.

La metafísica persiste.

Si la filosofía ha encontrado en muchas ocasiones en la ciencia la privilegiada ocasión de su despliegue, vengo reiterando que en nuestro tiempo la filosofía, bajo  esa modalidad no exclusiva pero sí fundamental que es la metafísica, ha encontrado en un debate científico concreto (a saber la confrontación de los postulados cuánticos a los principios ontológicos clásicos) la ocasión de un auténtico renacimiento,  y ello en el momento mismo en que desde perspectivas tan diferentes como las de Carnap o Heidegger se anunciaba su superación. La metafísica no sólo no está muerta sino que resiste a la reducción a otras formas del pensamiento, y desde luego a ser una mera reflexión sobre el decir de la ciencia, y ello precisamente porque la propia ciencia le invita a no ceder en sus objetivos. Cuando, tras los pasos de algunos de los grandes de la física en el último siglo, Tim Maudlin da como subtítulo a un libro sobre relatividad y no localidad cuántica, Metaphysical Intimations of Modern Physics, está dando indicios de la necesidad de recuperar una palabra que (como tiempo atrás ontología) parecía reflejar una forma caduca de la reflexión filosófica.

En estas notas se intenta ser fiel a esta exigencia, se intenta mantener la disposición metafísica. En las últimas columnas me estaba adentrando en el teorema de Bell. Como dice el propio Maudlin  ello no puede hacerse sin algún "slightly technical interlude". A continuación uno de estos interludios.

Una noción técnica.

Recordemos que la luz consiste en un campo electro-magnético  que puede oscilar en cualquier dirección perpendicular a la de desplazamiento.  La dirección según la cual oscila  la vertiente eléctrica del campo es llamada dirección de polarización. Un haz de luz no tiene de entrada una polarización bien definida,  dispersión por la cual se habla de luz no polarizada. Sin embargo cuando sometemos esta luz dispersa  a cierto material con una determinada estructura cristalina (usado por ejemplo en  gafas de sol) se da el fenómeno siguiente: aproximadamente la mitad de la luz es absorbida y la otra mitad es trasmitida...ahora ya dotada de idéntica polarización. Este material que juega así el papel de filtro es denominado un polarizador, el cual tiene un eje preferente que coincide con la dirección de polarización.

Consideremos ahora la parte del haz de luz que ha pasado y que ahora coincide en polarización y sometámosla a la acción de un segundo polarizador. Ocurre lo siguiente: si el eje  preferente de este segundo polarizador coincide en dirección con el del primero, toda la luz será de nuevo trasmitida; si el segundo polarizador  es girado 90 grados, entonces nada de luz pasa (toda es absorbida); si  el giro es de 60 grados pasará una cuarta parte de la luz ; si  es de 30 grados, tres cuartas partes... . En general para un ángulo a determinado  respecto a la orientación del primer polarizador, la proporción de luz transmitida por el segundo polarizador  será coseno cuadrado de a, y la absorbida seno cuadrado de  a.

                                                           ***

Desde el artículo de 1905 sobre el efecto fotoeléctrico por el cual Einstein obtuvo el premio Nobel, sabemos que la luz no siempre se comporta como una onda, sino que a veces lo hace como un conjunto de partículas, llamada fotones. Una luz tenue está constituida por pocos fotones, eventualmente uno sólo, y  una luz fuerte por gran número de los mismos. ¿Cómo interpretamos el señalado efecto de polarización si la luz no polarizada, incidente en el  primer filtro es un conjunto de fotones? Pues simplemente diciendo que la mitad de los fotones ha pasado,  quedando ahora polarizados idénticamente, mientras que la otra mitad ha sido absorbida por el material. Diremos asimismo que  el número de fotones que pasará el segundo filtro dependerá de la orientación del mismo. Si consideramos cada fotón particular que ya ha pasado el primer filtro,  entonces la cifra antes avanzada (coseno cuadrado de a)  significa ahora  la probabilidad que un fotón individual  tiene de pasar el segundo filtro y no como antes la proporción de luz ya polarizada que pasa.  En la próxima columna aplicaremos todo esto a un caso particular.  

 


[1]    Permítaseme una digresión a este respecto. Sabido es que en Holanda  ( y de manera levemente más disimulada en múltiples otros países), grupos políticos con optimistas perspectivas  enfrentan las elecciones europeas con  propuestas de exclusión de ciudadanos de los países llamados del "Este" de la llamada "Unión", incluidos países que como Rumanía o Bulgaria forman ya parte de la misma. Pues bien, no le quepa al lector duda de que muchos de esos mismos ciudadanos que se complacen en tales propuestas y están dispuestos a votar a quienes las defienden, aceptan como palabra evangélica la  línea editorial de tantos periódicos que presentan  el conflicto de Ucrania como fruto de la tensión producida por la interferencia rusa para evitar el acercamiento de este país a una Unión Europea dispuesta a abrirle las puertas.

[Publicado el 18/3/2014 a las 08:00]

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Comentarios (3)

  • Leyendo la introducción de su libro, profesor, me he topado con la proposición que nos hace para que nos preguntemos por la finitud del mundo. Y es que preguntarse por ello también es ineludible… Pero cómo abarcar una posible respuesta para calmar unas desazones existenciales como esas. Porque “¿es el mundo finito?” es una pregunta que desborda los ámbitos de la física o de la cosmología o de la topología cotidiana…

    Podemos obtener cierto alivio y consuelo ante el vértigo de la pregunta vadeándola con otra: Aceptando la finitud de (nuestro) mundo, ¿en qué grado es finito?

    Una abstracción algebraica podría ayudarnos a dar algo de luz al asunto:

    Si el punto matemático es finito, si el segmento lineal también lo es, ¿es la recta finita, ¿o es infinita, ¿y en qué grado???

    ¿Es la infinitud de la recta distinta a la finitud del plano? Si la infinitud de la primera es una infinitud de grado uno y la del plano es de grado dos y definimos la propia infinitud como la volumétrica, como la de grado tres, entonces ¿podríamos afirmar que el plano sería un ente limitado y finito en grado 3 menos 2, o sea uno? ¿Y podríamos proponer que la recta sería finita en grado 2? ¿O que el punto tendría una finitud de grado 3?

    Ahora bien, si llevamos la propia infinitud algebraica a una dimensionalidad infinita (¿¡cuya ‘numerabilidad’ (o cardinalidad) es lineal!?), ¿podríamos decir que la finitud del plano necesita de una limitación de grado infinito menos dos y que la finitud del punto (de dimensionalidad nula) para ser definida necesita de una limitación infinita? Por tanto, ¿es el punto infinitamente finito? Sí, podríamos decir. Sí…, pero cómo, de qué forma, cuál es la estructuralidad de esa finitud infinita?

    En fin…, al final, la luz propuesta resulta de una turbidez hegeliana de la que ni siquiera Leibniz conseguiría desaturdirse con las escaleras al infinito de Cantor.

    Comentado por: Ydárvol el 22/3/2014 a las 08:20

  • La disposición filosófica ‘para’ hacer ciencia es irreductible. Claro que sí. Resulta inevitable e ineludible. Y aquel ‘para’ que hoy vincula las dos disciplinas es una señal inconfundible de cómo consideramos la relación entre ambas.


    Una pequeña evidencia de ello podría ser, a saber, la deducción de la antimateria (antienergía) hecha por Dirac. O si no, al menos, el cómo se trasmite e instruye tal deducción. No puede entenderse por qué el físico británico propuso tal propiedad de la materia en base a la naturaleza de un operador matemático como es la raíz cuadrada.


    Por qué no cuestionó, entonces, la naturaleza de tal operador como luego sí se sorprendió de la relación entre los diferenciales de posición y tiempo con momento y energía. Ello nos llevaría a dudar de la idealidad platónico-pitagórica de las matemáticas. Tal vez no sean tan abstractas e independientes de la phisis aristotélica o de la existencia heideggeriana.


    Cabe preguntarse qué habrían podido llegar a decir los cabalistas y algebristas medievales, no ya sólo de la deducción de esta nueva propiedad “anti” de la materia, sino de todo el andamiaje mecanicista para describir-descubrir la fisicalidad del mundo. Presuponer una “materia (energía) negativa” a partir del ‘hecho’ de que la raíz cuadrada de una magnitud (real (“IR”)) tiene una solución negativa no dejaría de sorprenderles. Por qué no una materia imaginaria. O por que no…


    Su sorpresa sería manifiesta ante el hecho por el cual son descubiertas propiedades nuevas de la materia a partir de las características y limitaciones (o restricciones) que presentan nuestros números y/o operadores matemáticos.


    Imaginar a tales algebristas ‒tan empeñados en describir o deducir el carácter arbóreo de los números (raíces y potencias (o raigambre y ramaje)) como absortos andaban con la paradoja del imaginario i‒ es un ejercicio de imaginación necesario que pondría en discusión esa diferencia entre filosofar científico de entonces y cierto hacer (o quehacer) científico y a-metafísico de ahora.

    Comentado por: Odarbil el 20/3/2014 a las 12:29

  • La filosofía no es ninguna iglesia ni ninguna religión. Es el pequeño lugarcito en el mundo, accesible a poquísimos, donde la siempre y en todas partes odiada y perseguida verdad debe estar por una vez libre de toda presión y coacción, celebrar por así decir sus Saturnales, que conceden libertad de expresión aun al esclavo, y donde ella debe tener incluso la prerrogativa y la última palabra, dominando ella sola absolutamente, sin admitir nada más a su lado. En efecto, el mundo entero y todo lo que hay en él está repleto de intención (Absicht), mayormente intención baja, vulgar y mala: sólo un pequeño lugar debe reconocidamente estar libre de aquélla y abrirse exclusivamente a la comprensión (Einsicht), y, por cierto, a la comprensión de las más importantes y decisivas relaciones de todas: y ese lugar es la filosofía.

    Schopenhauer, Parerga y paralipómena

    Comentado por: p el 19/3/2014 a las 08:43

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

Información sobre el Congreso Internacional de Ontología.

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