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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 20 de octubre de 2020

 Víctor Gómez Pin

Asuntos metafísicos 40: resistencia de la representación clásica.

Qué seguir discutiendo tras John Bell

"Por gemelos auténticos que dos hermanos J y L sean, si se encuentran en lugares alejados nadie espera que una acción física sobre J, tenga asimismo efectos en L (las cosquillas en el uno no provocan la risa en el otro, como dice socarronamente un cronista científico)". De esta manera informal me he  referido aquí   al  principio de contigüidad en el orden natural, el cual  posibilita un segundo enunciado cuando es considerado en perspectiva local: todo fenómeno físico que quepa observar en L es independiente de las observaciones que en paralelo puedan hacerse en J. Este segundo enunciado  pone mayormente de relieve la independencia  de quien se encuentra protegido por el hecho de tener  un lugar  o  espacio propio, pone mayormente de relieve la localidad.

El asunto puede ser presentado de una manera algo más precisa:

Sean A y B dos acontecimientos temporales que ocurren en lugares distintos.  Entonces una influencia de A  en B (o viceversa) no puede ejercerse en un tiempo inferior al que la luz tardaría en recorrer el espacio que les separa. Si A y B son simultáneos, es decir, si el tiempo que les separa es nulo, la influencia entre ellos que sólo podría ser instantánea  está simplemente excluida. [1] Necesario será presentar en su momento  un compendio de los principios reguladores del orden natural, compendio que además de la  localidad incluye  individuación, causalidad, determinismo y realismo. En el marco de la teoría cuántica cada uno de ellos puede ser objeto de un tratamiento riguroso, el cual a veces se hace imprescindible a la hora de extraer el meollo conceptual  y poner de relieve las enormes implicaciones filosóficas.

La postulación de la localidad constituye  quizás la viga maestra en la arquitectura de los principios. De hecho en los trabajos de Einstein (o a los que Einstein está asociado) relativos a este asunto, la localidad es hasta tal extremo relevante que incluso la reivindicación del realismo puede interpretarse como mero corolario de la asunción de la localidad. [2]  Cabe decir que sin localidad no hay para Einstein  garantía de que se de una  realidad independiente del  observador susceptible de perturbarla y, en consecuencia, no hay razones para excluir la indeterminación en el orden natural.  Que otros hayan intentado salvar el realismo sin sostenerse en la localidad no excluye que  discutir la localidad es  esencial, lo cual in embargo puede dejar al lector perplejo:

¿Por qué pues volver al origen del problema en Einstein?  En la última  columna señalaba que se cumplen cincuenta años del teorema de Bell ¿No quedábamos en que esto supone un antes y un después? ¿No está claro desde 1964 que localidad, realidad física, observables compatibles, todo ello reivindicado por   la concepción clásica del orden natural pero incompatible con las previsiones de la mecánica cuántica ha perdido la partida a partir de estas últimas? Por si fuera poco ¿no fue dado el golpe de gracia por un teorema tres años  posterior conocido como de Kochen -Specker al que aquí me he referido ya en alguna ocasión?

Y sin embargo sigue habiendo  mucho que discutir, tanto por razones técnicas como por razones conceptuales. No se ventila fácilmente un asunto en el que se juega una parte de la metafísica imperante desde Aristóteles a Einstein. No se renuncia sin combate  a los principios sobre los que, al decir de Einstein, se sustentaba el trabajo de la física, ni siquiera al de localidad que parece a veces haber sido  definitivamente sacrificado.

¿Las dos vías de Parménides? Vamos a dar vueltas a la localidad, a la vez en una dimensión filosófica (cuando sea necesario apoyarse en  una dimensión técnica esta será expuesta en apartado para no interrumpir el hilo del discurso), intentando determinar el estado de la cuestión respecto a los posicionamientos sobre la misma.

Correlativamente nos preguntaremos sobre las condiciones de posibilidad de la interiorización de la no localidad, abordando el peliagudo asunto siguiente: en el caso de que indiscutiblemente quepa afirmar que, en sus estructuras elementales, la naturaleza se comporta sin sometimiento al principio de localidad ¿hay algún tipo de estrategia que permitiera adaptar nuestro comportamiento efectivo a este espejo profundo? ¿Cabe  interiorizar un entorno que, una vez traspasada  la  apariencia inmediata, ni siquiera es seguro que responda a las leyes de la Relatividad Restringida?  ¿O más  bien, como en los ejemplos de Zenón, el saber de la cosa  ( si cabe llamar cosa a lo que ni siquiera obedece a lo más básico)  va por un lado y el efectivo estar del ser del hombre en el mundo por otro?

El propio John Bell dudaba de que los corolarios de su teorema determinaran no ya su disposición ante la vida sino su disposición como hombre de ciencia. Dudaba de que pudiera  un físico aceptar sin más que aquello de lo que se ocupa carece de garantía fuera de su testimonio. La vía parmenidiana de la verdad pone en tela de juicio pero no excluye del mundo la vía de la opinión. Nunca el lector de Zenón ha adoptado la resolución de dejar de acercarse al lugar situado a diez metros  que aleja del peligro en razón de que antes ha de recorrer cinco metros  y antes dos metros y medio...Nunca el saber de la elasticidad y división infinita del continuo paralizó la acción por mucho que sí activara el pensamiento. "Afirmar que realmente es así..."constituiría el verdadero pecado  mientras que en el hecho de meramente salvar los fenómenos "no existe peligro alguno", escribe el cardenal Roberto Belarmino  intentando poner en guardia a su muy apreciado Galileo.


 


[1]

      Existe una versión restringida de este principio de contigüidad-localidad que dice así : "Aunque hubiera manera de ejercer una influencia  instantánea  de A sobre B, esta influencia no podría ser utilizada para enviar una señal. O dicho de otro modo: no podemos comunicar a velocidad superior a la velocidad de la luz. La terca constancia de esta versión restringida del principio tendrá  enorme importancia a la hora de ponderar la verdadera trascendencia ontológica de ciertos experimentos de la física contemporánea.

[2]             Así en el ya histórico artículo conocido como  Einstein- Podolsky Rosen ( A Einstein, B. Podolsky, and N. Rosen: "Can quantum mechanical description be considered complete?" Phys Rev 47, 777 1935) se sostiene  la tesis de que la mecánica cuántica   no puede ofrecer una representación completa del estado de cosas en el orden natural dado que el principio de incompatibilidad de observables a ella asociado  es inconsistente con la asunción del realismo. En síntesis el argumento es que si en determinados casos de correlación  los valores cuantitativos de la posición y el momento (por elegir el ejemplo convencional) pueden ser previstos con absoluta certeza sin perturbar el sistema,  entonces  dichos valores corresponden a un elemento de realidad física. Así pues  el hecho de que cuando disponemos del valor preciso de la posición no dispongamos del valor del momento, y viceversa, sería tan sólo resultado de nuestra ignorancia, en absoluto de una ausencia de determinación en el orden natural. Mas si el argumento directamente esgrimido contra el principio de incertidumbre es el realismo, de hecho  la hipótesis realista se sostiene en el escrito  en base a  una situación que garantiza la localidad.

[Publicado el 11/3/2014 a las 08:00]

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Comentarios (1)

  • “Por gemelos auténticos que dos hermanos J y L, sean, si se encuentran en lugares alejados nadie espera que una acción física sobre J, tenga asimismo efectos en L (las cosquillas en el uno no provocan la risa en el otro, como dice sonoramente un cronista científico”

    Supongo que con eso de que se encuentren en lugares alejados debe de entenderse como que no pueden tener conocimiento el uno del otro. Es decir, si mi hermano es disparado y muerto claro que yo no soy disparado y muerto. Pero ello no significa que dicha acción física acaecida sobre mi hermano no tenga una influencia en mi persona si yo la veo o me la cuentan, Cómo no va a tenerla. La tiene, pero eso sí, se da en el orden psico-orgánico.
    Efectivamente, las cosquillas en el uno no producen la risa en el otro. Pero la risa en uno provocada por las cosquillas sí que puede provocar la risa en el otro aunque no medie cosquilla alguna en este último. ¿Hasta qué punto puede decirse que las cosquillas en uno no provocan la risa en el otro?
    Es decir, en el orden de la producción por supuesto que las cosquillas en uno de ellos no produce la risa en el otro. Pero si se entiende desde la funcionalidad entonces sí que puede decirse que la risa en uno de ellos está en función de las cosquillas que se dan en el otro. Existe una correlación entre las cosquillas en uno y la risa en el otro.
    Creo que hay que hacer caso a lo dicho por Hume. La causalidad entendida como necesariedad no es algo de lo que se tenga aprehensión inmediata. En lo que no reparó Hume fue en el momento de realidad. Y sí es algo dado inmediantamente el que toda realidad se dé en función de otras realidades.

    Muchos de los problemas asociados a la no-localidad, desde mi punto de vista, se deben a seguir manteniendo la concepción sustancialista de Aristóteles. Y creo que debe de ser abandonado en concepto de sustancia por el de sustantividad.
    La cosa no sería una sustancia, esto es, un sujeto al que le son inherentes unas propiedades, sino una sustantividad, es decir, un sistema clausurado y cíclico de notas.
    Una célula, por ejemplo, no sería una sustancia. No sería una sustancia conformada por la unión de múltiples sustancias. Una célula sería una sustantividad, es decir, una estructura o sistema clausurado y cíclico de notas en los que prima la unidad del sistema sobre los elementos componentes. Los elementos componentes que forman parte de un sistema no son elementos independientes que mediante su unión conforman la célula (nueva sustancia).
    En un sistema, todos los elementos son elementos-de todos los demás elementos y actúan en orden a la unidad sistemática.
    En esta visión habría que distinguir las propiedades aditivas de las sistemáticas. El peso de cualquier sistema sería la suma o adición de los elementos componentes. El peso sería una propiedad aditiva como también lo seria la energía cinética del sistema (la energía cinética puede repartirse entre los elementos componentes). Mientras que propiedades sistemáticas serían aquellas que no pueden repartirse entre los elementos componentes sino que deben asociarse al sistema como un todo (ejemplo: la propiedad llamada vida o la propiedad llamada energía potencial).

    Si yo preguntase si una acción física que recae sobre un electrón tiene efectos sobre otro electrón cuál debería de ser la respuesta. Pues la respuesta no debería de ser ni sí ni no sino depende. Depende ¿De qué depende? (perdón por el chiste fácil).
    Pues depende de si estos electrones previamente han estado “relacionados”. Es decir, depende de si estos electrones están ahora integrados dentro de una estructura superior a ellos. Y es que ahora no cabe entender los electrones como independientes entre sí. Ahora, cada electrón es el electrón-de el resto de electrones y actúan en función de la estructura conformada por ellos.
    Ahora no cabe interpretar que la acción física recae sobre uno de los dos electrones sino que dicha acción recae sobre el sistema entero en el cual cada electrón es tan sólo un momento del sistema total.
    Si se quiere, la no-localidad, lo que nos pone de manifiesto es la no independencia de los elementos componentes de cualquier sistema.


    Nos pregunta el Profesor Pin sobre “las condiciones de posibilidad de la interiorización de la no localidad, abordando el peliagudo asunto siguiente: en el caso de que indiscutiblemente quepa afirmar que, en sus estructuras elementales, la naturaleza se comporta sin sometimiento al principio de localidad ¿hay algún tipo de estrategia que permitiera adaptar nuestro comportamiento efectivo a este espejo profundo? ¿Cabe interiorizar un entorno que, una vez traspasada la apariencia inmediata, ni siquiera es seguro que responda a las leyes de la Relatividad Restringida?”

    Pues bien, recuerdo haber leído el diálogo establecido entre Zubiri y un personaje (no se lo citaba) en relación, creo recordar, a la cuestión metafísica del movimiento. El personaje en cuestión decía que era incapaz de imaginar o concebir una concepción diferente del movimiento a lo cual Zubiri le respondía: “Claro, solo estamos acostumbrados a concebir o a imaginar lo que viene rodando desde hace 2500 años”.
    Quizá la solución no venga de Occidente sino desde Oriente. Creo que no es casual el interés de muchos padres de la física cuántica por la “filosofía” Oriental.
    Esa no localidad que se da en la naturaleza nos debe de llevar a concebir a la Tierra como un eco-sistema (Gaia). Ese sistematismo que se da en todo experiencia económica o social (y la crisis actual es un ejemplo de sistematismo) debe de llevarnos a la elaboración de una ética de la responsabilidad para con el Otro y para con todo otro.

    Un saludo

    Comentado por: elías el 12/3/2014 a las 08:42

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

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