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El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La técnica y el ser del hombre: del control del fuego a la medida cuántica XII

XII Medida cuántica y humanismo

Para intentar hacer perceptible como esa modalidad de la techné que constituye la medida cuántica nos conduce inevitablemente a una situación de estupor no solamente en relación al entorno físico sino al ser del hombre, conviene empezar evocando un ejemplo concreto que inevitablemente  tiene un cierto carácter técnico.

En la senda del conocido como teorema de Bell (calificado en ocasiones con exceso de retórica como el descubrimiento más grande de la historia de la ciencia ) se publicó  en 1993 un importante trabajo firmado entre otros por el actual Premio Newton de Física Antton Zeilinger, que por su trascendencia y por permitir una fácil traslación cualitativa me permito sintetizar aquí.

Sean dos parejas de  partículas 1, 2, emitidas por dos fuentes A y B que  se hallan   separadas  entre sí por una distancia D. La primera fuente emite hacia su derecha,  más o menos  perpendiculamente a la línea que une A y B, la partícula 1 y hacia su izquierda la partícula 2;  y lo mismo hace la fuente B, con las partículas 3 y 4,  de tal manera que 1 sigue una trayectoria paralela a  4 y 2 una trayectoria paralela  a 3. Como consecuencia de su interacción cuando residían en la fuente,   las partículas que forman la primera pareja mantienen una correlación opositiva y ocurre lo mismo con las de la segunda pareja. Concretamente, como el momento angular de la rotación conocida como spin en la dirección z era (por una ley llamada de Pauli) opuesto antes de la separación, por la ley de conservación del momento, esta oposición  se mantiene cuando  se separan.  Si el spin de la partícula  1 es arriba, el de la partícula 2 será abajo; y lo mismo ocurrirá si consideramos las partículas 3 y 4. Es necesario señalar que  sólo sabemos la oposición del spin,  no cual tiene cada una de ellas. Si por ejemplo las fuentes lanzan muchas partículas en un minuto pudiera darse que a la izquierda unas dieran spin arriba y otras abajo; lo que siempre se mantendría es que las correspondientes de la derecha tendrían spin diferente. O sea : hay aleatoriedad  en el resultado individual,  no en la oposición de resultado respecto a la partícula correlativa.

Nótese  que  las partículas  1 y 4,  no tienen lazo alguno en el pasado y por consiguiente llevan una existencia indiferente la una respecto a la otra. Y lo mismo ocurre con las partículas  2 y 3.

Supongamos,  sin embargo, que se establece  una correlación entre 2 y 3. Por  ejemplo,  que al proceder a la medida del spin en la dirección z  el valor coincide en ambos y que tal valor cuantitativo es registrado. En el  artículo mencionado se establecía un protocolo matemático, del que se infería que en razón  de  haber establecido la relación entre los spin de las partículas  2 y 3, queda establecida  instantáneamente una correlación entre las partículas  1 y 4,  que sin embargo se mantienen alejadas en el espacio y en las cuales no ha habido la mínima intervención directa. O en otros términos: la constatación matemática  del destino común  (por coincidencia  o por oposición-en la jerga spin z o bien compartido o bien opuesto-) de las partículas 2 y 3 supondría un destino común en las partículas 3 y 4, permaneciendo cada una en su sitio y sin que nada ni nadie las hubiera conectado:

Por ejemplo si el spin de la partículas 2 y 3  fuera arriba (designado por el número cero) en ambos casos, entonces el de las partículas 1 y 4 sería abajo (correlación); si el 2 fuera arriba y el de 3 abajo entonces el de  1 sería abajo y el de 4 arriba (anticorrelación)

La cosa era tan extraordinaria que pese a lo rigurosamente consistente del protocolo, el escepticismo perduró hasta que en  2002 hubo ratificación experimental.

Pues bien han pasado casi 10 años y referirse sin más al artículo que avanzaba el protocolo en 1993 o la publicación de resultados experimentales de 2002,  puede  provocar irónicas sonrisas si uno lo hace en un medio académico, precisamente por que se habla de lo que  todos sabemos. "Todos"- es decir los que están por profesión o afición en berenjenales cuánticos-  saben que ya fue en 2002 cuando se probó experimentalmente lo que se entiende por cesión o más bien trueque de entrelazamiento (Entanglement Swapping),

La remisión directa a lo que en su día se reveló novedoso en relación a nuestra ordinaria concepción del entorno o de nosotros mismos, corre peligro de ser considerado como reiteración de lo bien sabido. Pero que sea bien sabido no es razón para que desaparezca el espontáneo y  fresco estado de ánimo que lleva a la interrogación cabalmente filosófica, que el científico tiene derecho a plantear, como  lo tiene simplemente el ciudadano (sin duda exigiéndose a sí mismo un esfuerzo en las necesarias mediaciones). ¡Cómo no va a se sujeto de estupor, por ejemplo, el que dos realidades físicas espacialmente separadas se encuentren vinculadas por  la simple constatación de que otras  dos  lo están¡ ¿Cómo es posible, se preguntará cualquiera que haya entendido el protocolo  evocado  en el que se describe un efectivo experimento realizado en 2012?  ¿Qué confianza seguir teniendo en las ideas nucleares con las que elaboramos nuestro concepto del orden natural, entre ellas la de que no puede haber intervención física a distancia (es decir intervención no mediada ni por la materia ni por el campo) si las partículas a las que se reducen las cosas que percibimos se comportan de este modo?

Es obvio, por ejemplo,  que las  discusiones, a menudo de gran complejidad técnica, sobre los pros y los contras de una u otra interpretación de la teoría cuántica hacen más sutil la reflexión (que en cada paso ha de integrar todas las consideraciones avanzadas por otros al respecto), pero no hacen más sutiles los interrogantes de salida, cuya cristalina sencillez está en la base de que se necesitaran interpretaciones, interpretaciones en razón de cuyo conflicto se acumula la erudición, es decir la forja de nuevas armas para defender  una o  otra, para rechazarlas de pleno, o para avanzar una nueva.

[Publicado el 10/11/2011 a las 08:00]

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Comentarios (2)

  • Quiero una burbujita
    que no me haga sentir culpable.
    No pude comprar suelo
    cuando se liberalizaba
    a precio de remate.
    No construí sin licencia,
    ni con desalojos arbitrarios,
    ni con información privilegiada.
    Por eso ahora, a mis años
    sé de manera consciente
    que los buenos proyectos
    tienen la fuerza de su propio peso.
    Pero por inconsciente
    me decanto por el globo.
    Compruebo sin estupor
    que estoy construyendo sin licencia,
    desalojando arbitrariamente,
    revendiendo sin gastar,
    utilizando información privilegiada
    donde había interrogantes mal formulados,
    donde sólo estaba Proust.

    La burbuja intelectual

    Comentado por: Mercedes el 10/11/2011 a las 23:22

  • Mientras me quede aliento jamás dejaré de recordarle su vileza, esta culpa ha de pesar sobre su conciencia con tanta mayor razón cuanto más pretenda usted desentenderse de ella, y cuánto más en la medida en que su desentendimiento redunda en que la misma continúe por idénticos medios a los que siempre ha amparado con su indiferencia. Ser benefactor del universo entero no le exime de la villanía cometida contra una sola persona; le protege a usted, eso sí. Esta impunidad siempre ha sabido usted asegurársela de antemano.

    Es, evidentemente, una cuestión personal, pero no deja de delatar algo que afecta, salvo una que otra excepción, a todo aquel grupo de gente que, arrogado en cierto momento de un sentido de la justicia histórica, ha medrado al amparo de las circunstancias, y al que, envanecido por su propio medro, ni se le pasa por la cabeza que pueda en sus bases estar afectada de aquella injusticia frente a la que se posicionaba. Ésta es su mentira, reconocerla les ha de costar tanto como había de costarles a aquellos que ustedes denunciaban reconocer la suya: cargarse de razón es un vicio muy común, y nada hay común salvo el vicio, el mal y la sinrazón, por mucho que una miopía populista muy en boga entre ustedes quiera hacernos creer lo contrario. Éste ha sido su negocio como el de los falangistas fue la dictadura franquista.

    En las maneras de reaccionar se reconocen sus similitudes. Es canalla quien crea estar tan seguro de sí mismo que no pueda llegar a ver ni a creer que algún error, alguna equivocación, pueda caer en su cuenta, o reconocerla abstractamente negándose a las evidencias que le harían ponerse a sí mismo en entredicho; tanto más canalla cuanto este posicionamiento le resulta apropiado para creerse justificado, no ya para lo anteriormente hecho, sino para lo que en igual sentido pueda seguirse haciendo. Cuando algo duele de verdad se conoce la calaña de cada uno, nadie perdona el dolor que se le ha inflingido, y vender ideología sustentada en la piedad y en la compasión es la modalidad más indigna del enmascaramiento. Exigir a otro una actitud que, puesto uno en idénticas circunstancias, le repele adoptar, da la exacta medida de la desfachatez que late en el fondo de todas las apariencia adoptadas para simular una entereza cuyo único fundamento está en los medios con que se cuenta para convencer de ello a quienes convenga tener convencidos; a quienes, evidentemente, les resulta más cómodo creerlo a conveniencia. ¡Pobre de aquel que dude en hacerlo, pues será proscrito!

    Por lo bien que nos va, bien sabemos que vamos bien… esto lo pensaban también los falangistas, bien seguros de ello estaban también ellos.

    A ustedes van dirigidas estas misivas, señor Víctor Gómez Pin.

    Comentado por: Miguel Ángel Unanua el 10/11/2011 a las 18:21

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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