La técnica y el ser del hombre: del control del fuego a la medida cuántica XI
Vivimos rodeados de ordenadores, aparatos de telefonía móvil, reproductores de música digital, los llamados ipod, paneles que aprovechan la energía solar, susceptibles de ser instalados en la propia casa. Desde que en los años setenta, la fibra óptica empezó a sustituir a la transmisión eléctrica, las posibilidades de comunicación rápida entre los seres humanos han experimentado un progreso quizás mayor que en todos los siglos anteriores. Forman ya parte del lenguaje cotidiano, términos como semiconductor, laser, amplificador, o fotodetector...que para algunos hará evocar el viejo efecto foto-eléctrico que se haya de hecho en su origen. Estas mismas personas se hayan relativamente informadas sobre el hecho de que los efectos físicos que hacen posible ese complejo entramado técnico, que literalmente codifica y acota nuestras vidas, son un reflejo de que, a nivel microscópico, la naturaleza responde a lo descubierto- en ocasiones con gran estupor- por los pioneros de una disciplina, la Física Cuántica, a priori muy alejada de la experiencia cotidiana de los hombres. La descripción del comportamiento de los electrones en el seno del átomo resulta que hace inteligible algo como la fotosíntesis, de lo cual cabe inferir que esa disciplina, focalizada en principio sobre la naturaleza elemental (Física y no Biología), abre una vía de acceso a la comprensión de la vida, e incluso, como veremos más adelante, una vía de acceso a la comprensión del papel de la conciencia.
La Mecánica Cuántica puede (como tantas otras cosas interesantísimas, el arte en primer lugar) jugar el papel de comodín para espíritus perezosamente adictos a la esperanza, pero asimismo puede incentivar la inclinación a retomar la interrogaciones mayores del espíritu humano, aquellas que se fraguan en la transición de la in-fancia a la humanidad cabal, que los griegos archivaron y exploraron y que hoy constituyen el contenido legítimo de lo que damos en llamar Filosofía.
De ahí que el caso paradigmático de hermenéutica de nuestro tiempo sea el de las llamadas interpretaciones de la Mecánica Cuántica. Algunas de ellas se deben a los creadores mayores de la disciplina. Sin embargo ninguna es fundamental a la hora de efectuar experimentos o avanzar protocolos que permiten innovaciones tecnológicas. Por decirlo con toda nitidez: la diferencia entre una u otra interpretación es irrelevante desde el punto de vista del progreso de la física. ¿Quiere ello decir que es irrelevante simplemente? Todo depende de si se considera que el hombre tiene como destino el control de la naturaleza o si lo suyo es más bien la interpretación de la misma la cual se revela indisociable de una interpretación de su propio ser.
El 14 de diciembre del año 1900, en una conferencia en la Sociedad Alemana de Física (Deutschen Physikalischen Gesellschaft) en Berlín, hablando de un modelo de resonadores por él concebido para intentar dar cuenta del rompecabezas que significaba la radiación efectivamente constatada a partir del objeto físico conocido como cuerpo negro (la cual contradecía todas las previsiones conformes a las leyes físicas de la época) Max Planck pronuncia la siguiente frase:
" Si el monto de energía E es considerado un continuo infinitamente divisible, la distribución de tal monto puede ser considerada de múltiples maneras. Consideraremos sin embargo- y este será el punto esencial de los cálculos que siguen- que E se haya compuesto por un número bien definido de partes iguales y consideramos además que la constante h (de naturaleza igual a 6.55 multiplicado pr 10 elevado a menos 27 ergios por segundo) multiplicada por la frecuencia de los resonadores nos da el elemento de energía epsilón. Cabe la posibilidad de que la energía total E sea un número entero de elementos de energía, pero de no ser exactamente así consideraremos en entero P más próximo y diremos que se dan P elementos epsilon de energía"
La trascendencia filosófica de esta declaración reside en el paso entre las dos palabras subrayadas por mí: de hablar del continuo se pasa a hablar de un elemento. Se estaba abriendo la puerta a la más trascendente modificación de los conceptos en los que reposa nuestra concepción de la naturaleza.
Planck era un físico teórico y no exactamente un experimentalista, pero como en tantos otros casos, el experimento seguiría. De hecho la conjetura ya había sido verificada en el momento de esa conferencia para las grandes longitudes de onda. Pero no es correcto pensar que la techné sólo corresponde al experimento. En la medida en que se trata de dar cuenta o razón la techné empieza ya con la conjetura y el experimento es prolongación de la misma.
En la senda marcada por Planck siguieron los Einstein, Bor Heisenberg, Schrödinger, es decir todos aquellos a los que estás asociada la gran aventura de la Mecánica Cuántica
[Publicado el 08/11/2011 a las 09:00]
Mientras me quede aliento jamás dejaré de recordarle su vileza, esta culpa ha de pesar sobre su conciencia con tanta mayor razón cuanto más pretenda usted desentenderse de ella, y cuánto más en la medida en que su desentendimiento redunda en que la misma continúe por idénticos medios a los que siempre ha amparado con su indiferencia. Ser benefactor del universo entero no le exime de la villanía cometida contra una sola persona; le protege a usted, eso sí. Esta impunidad siempre ha sabido usted asegurársela de antemano.
Es, evidentemente, una cuestión personal, pero no deja de delatar algo que afecta, salvo una que otra excepción, a todo aquel grupo de gente que, arrogado en cierto momento de un sentido de la justicia histórica, ha medrado al amparo de las circunstancias, y al que, envanecido por su propio medro, ni se le pasa por la cabeza que pueda en sus bases estar afectada de aquella injusticia frente a la que se posicionaba. Ésta es su mentira, reconocerla les ha de costar tanto como había de costarles a aquellos que ustedes denunciaban reconocer la suya: cargarse de razón es un vicio muy común, y nada hay común salvo el vicio, el mal y la sinrazón, por mucho que una miopía populista muy en boga entre ustedes quiera hacernos creer lo contrario. Éste ha sido su negocio como el de los falangistas fue la dictadura franquista.
En las maneras de reaccionar se reconocen sus similitudes. Es canalla quien crea estar tan seguro de sí mismo que no pueda llegar a ver ni a creer que algún error, alguna equivocación, pueda caer en su cuenta, o reconocerla abstractamente negándose a las evidencias que le harían ponerse a sí mismo en entredicho; tanto más canalla cuanto este posicionamiento le resulta apropiado para creerse justificado, no ya para lo anteriormente hecho, sino para lo que en igual sentido pueda seguirse haciendo. Cuando algo duele de verdad se conoce la calaña de cada uno, nadie perdona el dolor que se le ha inflingido, y vender ideología sustentada en la piedad y en la compasión es la modalidad más indigna del enmascaramiento. Exigir a otro una actitud que, puesto uno en idénticas circunstancias, le repele adoptar, da la exacta medida de la desfachatez que late en el fondo de todas las apariencia adoptadas para simular una entereza cuyo único fundamento está en los medios con que se cuenta para convencer de ello a quienes convenga tener convencidos; a quienes, evidentemente, les resulta más cómodo creerlo a conveniencia. ¡Pobre de aquel que dude en hacerlo, pues será proscrito!
Por lo bien que nos va, bien sabemos que vamos bien… esto lo pensaban también los falangistas, bien seguros de ello estaban también ellos.
A ustedes van dirigidas estas misivas, señor Víctor Gómez Pin.
Comentado por: MIguel Ángel Unanua el 10/11/2011 a las 17:55
Vamos a suponer que un predrusco del espacio se aproxima a la tierra, sería terrible para las leyes físicas que en vez del estrépito previsto se produjera el acomodo en una tierra de labranza. ¡Cualquiera diría que es su sitio!
Aparentemente el pedrusco fue lanzado, viajó y aterrizó, pero en la realidad siempre estuvo allí, en la labranza. La cuántica nada tiene que decir sobre eso, pero los labriegos y el pedrusco sí: hablarán de sus cosas y también les saldrá un nada aristocrático puñetazo,¡demasiados esfuerzos para las alforjas papales! que se han mantenido muy firmes en que la realidad no existe; o si todo lo contrario: cuando la realidad existe es porque los partidarios del absolutismo, y sus acompañantes ocasionales o no tanto, lo permiten.
"Piedra pequeña", "canto rodado", o algo así dijo el poeta.
Comentado por: Mercedes el 09/11/2011 a las 14:55
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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