El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Analectas

A la Recherche du Temps Perdu
 
La lengua de los vencidos

Me imponía el pronunciar una y otra vez el nombre de Gilberte, como esa lengua natal que los vencidos se esfuerzan en conservar, a fin de no olvidar la patria que no volverán a ver (I, 490)*

 

Sudario

"...Me dormiré enseguida, pues estoy muerta". Y en efecto fue una muerta lo que vi cuando después entré en su habitación. Se había dormido tan sólo acostarse; sus sábanas enroscadas como un sudario en torno al cuerpo, habían adquirido, con sus largos pliegues una rigidez de piedra. Se diría, como en ciertos Juicios Finales de la Edad Media, que sólo la cabeza emergía de la tumba, esperando en su sueño la trompeta del Arcángel. (III, 862)

 

Anuncio

Pues todo ha de retornar,  como está escrito en las bóvedas de San Marco y como lo proclaman, bebiendo en las urnas de mármol y de jaspe de los capiteles bizantinos, los pájaros que significan a la vez la muerte y la resurrección. (III, 871)

 

Barrera

Podía mantener su cabeza entre mis manos, podía acariciarla, pasar largamente mis manos sobre ella, mas, como si hubiera manejado una piedra que encierra la salumbre de los océanos inmemoriales o el espectro  de una estrella, sentía que  tan solo tocaba el entorno cerrado de un ser que interiormente accedía al infinito. (III, 888)

 

Presentimiento

La abracé entonces una segunda vez apretando contra mi corazón el azul  resplandeciente y dorado del Gran Canal y los pájaros acoplados que simbolizan la muerte y la resurrección. Mas  por segunda vez, en lugar de devolverme el beso, se apartó con esa suerte de constancia instintiva de los animales que sienten la muerte. (III, 900)

 

Morir para el Narrador

Tenía una infinita pena por seres menos queridos, incluso indiferentes, y por tantos destinos que mi pensamiento había intentando comprender y cuyo sufrimiento o incluso simplemente cuyo ridículo, había utilizado. Todos esos seres que me habían revelado verdades y que ya no existían, me parecían como portadores de una vida sólo provechosa para mí, y como si hubieran muerto para mí (IV, 481)

 

Posar para el Narrador

Los seres que fueron mas queridos por el escritor no han hecho en última instancia sino posar para él, como lo harían ante un pintor. (IV, 484)

 

El libro y el cementerio

Un libro es un gran cementerio en la mayoría de cuyas tumbas no cabe ya leer los nombres borrados. A veces por el contrario se retiene el nombre,  pero sin saber si el ser que lo llevó sobrevive en sus páginas. Esta muchacha de pupilas profundamente sumergidas y voz languideciente, ¿se encuentra aquí? Y si en efecto reposa efectivamente aquí, ¿en que lugar? No se sabe, ¿y cómo buscar bajo las flores? (IV, 482)

 

Rostros roídos

 El dolor acaba por matar. En cada nueva pena excesivamente fuerte, sentimos que una nueva vena se desangra, desarrolla su sinuosidad mortal a lo largo de nuestra mejilla, bajo nuestros ojos. Y así es como, poco a poco, se forjan estos terribles rostros roídos del viejo Rembrandt y del viejo Beethoven, de los cuales todo el mundo se mofaba. (IV, 485)

 

Posar para el dolor

Y los que posan para la felicidad no tienen en general muchas sesiones a ofrecer, ni tampoco, desgraciadamente, puesto que pasa tan rápido, los que posan para el dolor. (IV, 487)

 

Etimología

Y en este caso viejo no tiene raíz en vetus, sino en vastatus, lugar devastado y desnudo (III, 281)

 

 Para hacerse visible

Muñecas bañando en los colores inmateriales de los años, muñecas exteriorizando el Tiempo, el Tiempo, de ordinario invisible, que para hacerse visible busca cuerpos, acaparándolos allí dónde los encuentra y proyectando sobre ellos su linterna mágica. (IV, 503)

 

Antes del cementerio

Antes del cementerio, la ciudad clausurada de los viejos mantenía sus lámparas permanentemente encendidas en la bruma (IV, 556)

 

 Cuando el Tiempo se retira

Pues tras la muerte el Tiempo se retira del cuerpo, y los recuerdos- tan indiferentes, tan apagados - se borran en la muchacha que ya no existe, como se borrarán muy pronto en aquel al que todavía torturan, y en quien perecerán cuando no los alimente ya el deseo de un cuerpo vivo. (IV, 624)

 

En la cima de los años

Experimentaba un sentimiento de fatiga y de espanto al sentir que todo este tiempo tan largo, no sólo había, sin interrupción alguna, sido vivido, pensado, conservado  por mí, que  constituía mi vida, que era mi propio yo, sino también que debía en todo momento  mantenerlo atado a mí, que era el soporte  de ese mi yo fijado en su vertiginosa cima (...) Sentía vértigo al ver bajo mis pies, y sin embargo en mí, como si tuviera leguas de altura, tanta cantidad de años (IV, 624)

 

Los zancos

Y avanzaba tembloroso, sobre  la cumbre difícil de sus ochenta y tres años, como si los hombres se hallaran fijados sobre zancos vivientes que crecen sin cesar, a veces superando en altura a campanarios, lo que hacía que el andar se hiciera  difícil y peligroso,  por lo cual,  de repente, esos hombres acaban por desplomarse. (IV, 625)

 

La nadadora

Parecía, como una torpe nadadora que ve  la orilla ya a una gran distancia, rechazar con gran esfuerzo las olas del tiempo que la sumergían. (IV, 515)

 

Un pie en la tumba

Ciertos hombres cojeaban y se percibía que no era consecuencia de un accidente de coche,  sino de un primer ataque, y en razón de que tenían, como suele decirse, un pie en la tumba. (IV, 516)

 

 

Parábola

En lo entreabierto de su propia tumba, medio paralizadas, ciertas mujeres parecían no poder retirar completamente su vestido que permanecía enganchado en la piedra de la cavidad, y no conseguían alzarse, arqueadas como se hallaban, la cabeza inclinada, en una curva análoga a la que ocupaban de facto entre la vida y la muerte, antes de la caída final. Nada conseguía batirse contra el movimiento de ésta parábola que las arrastraba y, cuando conseguían alzarse, temblaban, y sus dedos no conseguían aferrarse a nada. (IV, 516)

 

Espejo

Indiferente en ella misma, su vejez me desolaba, anunciándome la proximidad de la mía. (IV, 505):

 

Muerte del escritor

Iba así enfriándose progresivamente, pequeño planeta que ofrecía una imagen anticipada de lo que serán  los últimos días del  planeta grande, cuando poco a poco el calor se retirará de la tierra, y tras el calor la vida. Entonces, la resurrección se detendrá, pues por muy adelante que en las generaciones futuras alcancen a brillar las obras de los hombres, nada renace ya cuando no hay hombres. (III, 689)

 

Letos interior

Cuando, para recorrer las arterias de la ciudad subterránea, nos embarcamos en las olas negras de nuestra propia sangre como en  un río del olvido interior y de sextuplicados  repliegues, entonces tremendas imágenes solemnes se muestran a nosotros, nos interpelan y nos abandonan fundidos en  lágrimas. (III, 157)

 

Las almas

Tras la muerte de los seres, tras la destrucción de las cosas, tan sólo, más frágiles, pero también más vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, el olor y el sabor permanecen aun largo tiempo, al igual que las almas, haciéndose presentes, expectantes, confiados, cuando todo el resto es ya ruina, soportando sin desmayo, en su gotear casi imperceptible, el inmenso edificio del recuerdo. (I,  46)

 

Ciudad y jardines

Así todas las flores de nuestro jardín y  las del parque de Monsieur Swann y las ninfeas del río Vivonne, y las buenas gentes del pueblo, y sus pequeñas casas y la iglesia y todo Combray con sus alrededores, todo ello bien formado y sólido, surgió, ciudad y jardines, de mi taza de té.(I,47)

 

 

La edad dorada

¿No me había equivocado al tomar estos arbustos que había visto en el jardín por dioses extranjeros, al igual que la Magdalena cuando, en un jardín diferente, un día en que el aniversario se acercaba, al ver una forma humana "creyó que era el jardinero"? Guardianes del recuerdo de la edad dorada, garantes de la promesa que la realidad no es lo que se cree, que el esplendor de la poesía, que la luminosidad maravillosa de la inocencia pueden resplandecer y pueden llegar a ser la recompensa que nos esforzamos en merecer, las grandes criaturas blancas, maravillosamente inclinadas sobre la sombra propicia a la siesta, a la pesca, a la lectura, ¿no eran más bien ángeles? (II, 458-459)

 

El verdadero paraíso

Respiramos un aire nuevo, precisamente porque es un aire que hemos respirado antes, ese aire más puro que los poetas han intentado en vano  hacer reinar en el paraíso, y que no podría dar esta sensación profunda de renovación si no hubiera sido respirado anteriormente, pues los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos (IV, 449)

 

Fin del dolor

 Pues  en este mundo,  en el que todo se gasta, todo perece, hay algo que cae en ruina, que se destruye aún más completamente, dejando  todavía menos vestigios que la belleza: es el dolor (IV, 270)

 

La religiosa

Entonces, unos minutos antes del último suspiro, la muerte, como una religiosa que os hubiera cuidado en lugar de destruiros, asiste a vuestros últimos instantes, coronando de una aureola suprema al ser ya para siempre gélido, cuyo corazón ha cesado de latir. (III, 704)

 

*Las referencias entre paréntesis remiten a la edición hoy canónica en cuatro tomos, Bibliothèque  de la Pléiade, Paris Gallimard 1987.

[Publicado el 09/8/2011 a las 16:00]

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Comentarios (2)

  • Hola Lourdes, aspàldiko! Un beso desde andalucia

    Comentado por: Fran el 30/8/2011 a las 22:26

  • Alguien descubrió en una urbe superpoblada,una sala de grandes dimensiones donde el tiempo se apilaba por años.Con solo soplar las substancias microscópicas era posible acariciar las columnas de Cronos.Empero,salió de allí sin volverse a mirar.

    Comentado por: Magique Flute el 10/8/2011 a las 22:33

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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