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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 19 de septiembre de 2020

 Víctor Gómez Pin

Obediencias: la intimidad como reducto

Preliminar sobre las condiciones sociales: cuando el cuerpo no es espejo del alma  obediente.

Me escribe Felix de Azúa  unas líneas relativas a mi evocación de la tesis de Chillida según la cual si le quitas los pliegues y otras singularidades topológicas omnipresentes en cuadros como el descendimiento de Roger van der Weyden, nada queda de los mismos; tesis que yo utilizaba para defender  que si se hace abstracción de sistema de obediencias de las que somos sujetos pasivos nada queda de lo que denominamos yo

Azúa me señala que  la importancia de los pliegues residía en que el cuerpo cuyas vestiduras se reducían a pliegues   representaba "la institución misma (uno era lo que vestía)". A su juicio en el umbral de la modernidad, con el movimiento romántico, el cuerpo pierde entidad y la representación se focaliza en el paisaje, que sería el mismo  puro pliegue. "Un paso más y sobre la tela flotarán unas líneas sinuosas en representación de sí mismas". Y Felix de Azua establecía una analogía con los manifestantes de Barcelona a los que yo me refería en mi columna,  "puro estar ahí sin cuerpo", indica.

Sin cuerpo,  matizaría  por mi parte, que fuera representación de institución  partidista, político-administrativa o económica, pero tampoco  de la conciencia de intereses familiares o patrióticos, y ni siquiera representación de intereses  y deseos vinculados a lo que se considera esfera íntima. En suma: cuerpo que se resiste a representar  todo aquello de  lo que suele ser espejo el cuerpo.  Unos u otros de tales motivos podían  estar presentes en cada uno de los individuos,  pero  simplemente no contaban, no eran  el motor de lo que había canalizado hacia la barcelonesa Via Layetana a decenas de miles de personas. No se trataba en suma de una mera superposición de intereses  de los cuales   cabe legítimamente sospechar que son fruto de obediencias. Se ha señalado en todas partes la importancia de que  ningún poder mediático o institucional hubiera convocado a la evocada manifestación. Pues bien: dadas las lamentables circunstancias actuales, dado el divorcio entre las instituciones públicas o privadas y el ideal de ciudadadanía, esa manifestación sin precepto era expresión de  un pensamiento irreductible y auténticamente popular, cuyo primer lema es que las condiciones sociales actuales hacen imposible la libertad, que sin libertad no hay vida del espíritu y sin vida del espíritu simplemente no hay humanidad.

                                               ***

 

 BORROSAS FRONTERAS DE LA INTIMIDAD

 

 

Basándome en unos párrafos de Descartes me refería en pasadas columnas al perezoso y conservador yo forjado en la huida de la confrontación (en el caso de Descartes confrontación con una todopoderosa  voluntad de engañar, un Dios "que dedica toda su industria a engañarme"), frente al sujeto del pensar,  que  repudia tanto la situación de ser engañado como la sumisión que ello conlleva. Sugería que el yo, que consideramos una suerte de reducto inexpugnable es en realidad un constructo, la expresión quintaesenciada de un conjunto de aspectos que configuran lo que consideramos esfera íntima de nuestra vida. De ahí que  la sospecha en relación al yo sería útil que se extendiera al concepto mismo de intimidad. Si el pensamiento fértil tiene como condición necesaria el superar la tiranía del yo, quizás deba  con mayor generalidad superar la tiranía de la intimidad.

"Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de la familia". Así presenta el diccionario de la Academia el término intimidad...en su segunda acepción, pues  la primera es la de amistad íntima, dónde el calificativo hace referencia a lo más interior o interno.

Hay como general acuerdo  que lo íntimo constituye un ámbito  que ha de ser respetado. Pero desde luego hay serias divergencias respeto a las fronteras de la intimidad. Recuerdo que en Francia se consideraba de mal gusto preguntar a alguien por su voto, por considerar que la decisión respecto al mismo habría de ser tomada en meditación consigo mismo, y ello fueran cuales fueran las actitudes políticas de la persona en cuestión, sobre las cuales no existía ningún tabú y hasta era convencional el expresar profusamente.

Obviamente esta polaridad entre las convicciones políticas, que pueden ser exteriorizadas por ser consideradas públicas,  y la decisión íntima de tal o tal voto se diluye en ocasiones. En un régimen totalitario se exterioriza una cosa aunque se piense otra...íntimamente.

Cabe  incluso que se llegue a invertir la situación: votar lo que todo el mundo sabe que se vota, mientras que lo que realmente se piensa en materia de político es impublicable, reservado para sí o en todo caso expuesto "a vista de pocos, familiar y domésticamente" o sea de manera privada.

La intimidad, aleatoria pues dependiente de normas y relaciones de fuerzas cambiantes  se halla en todo caso  amenazada, cuando el entramado social tiene fuerza para hurgar en las conciencias, por ejemplo torturando, o mediante instrumentos como la obligatoria confesión. Instrumento este último para abolir las fronteras de la intimidad mucho más  eficaz que la fuerza, como bien sabe el poder vaticanista, al menos desde la revolución ignaciana, que marca a hierro las conciencias para que sólo en la desnudez de la confesión quepa la reconciliación con uno mismo.

 Si el desvelo de la intimidad ajena ha sido una constante (sea por procedimientos inquisitivos, coercitivos sin tapujos o persuasivos en apariencia), no lo es menos el deseo de tal exteriorización. Complicidad dialéctica bien conocida por los publicistas,  paradigma de lo cual es que para determinada  casa de prendas de vestir se haya elegido el término intimissimi.

En cualquier caso, más o menos reducida en su espectro, la intimidad del otro es un reducto de la alteridad.  Si la intimidad del otro no fuera tabú no habría deseo de franquearla y si la intimidad propia no fuera el ámbito de la identidad no la protegeríamos de la incursión ajena.

Sentimos que la intimidad es nuestro ser, ocultado  en ocasiones por la urgencia de adecuarse a circunstancias ajenas, adecuarse al guiñol social determinado por relaciones de fuerza afectivas, económicas, etcétera. Podemos estar reconciliados con este ser íntimo o por el contrario considerarlo vil, cobarde o  impostor, mas en todo caso experimentamos que acompaña todas nuestras representaciones del mundo y marca el papel más o menos cambiante  que nos asignamos en él.

Todos sospechamos que el impulso que nos lleva a comer un helado es en realidad un acto de mera obediencia. La cosa no es muy diferente tratándose de la degustación de un vino, o de la emoción fetichista provocada por una prenda que luce el eventual partenaire sexual.  Nuestra vida es ya como una piel reducida a poros por los que se infiltra esa modalidad del mal que es la reducción de toda cosa a mercancía. Somos lo que deseamos y deseamos lo que está mandado. Y sin embargo...es imposible que siempre haya sido así. La apertura originaria al mundo, el momento en que el in-fante  da paso al ser de pensamiento y de lenguaje, no consiste en mediatizar las cosas por el valor sino el mediatizar las cosas por las palabras. De tal apertura queda en cada uno de nosotros necesariamente un rescoldo. Hacer que reviva este rescoldo, restaurar el momento en que  la exhaustiva porosidad de nuestra superficie sea infiltración de las palabras,  a la vez que apuesta por la dignidad propia (la inmersión redentora expresada en la metáfora del pozo artesiano) es apuesta por la realización colectiva, redención de uno mismo en una práctica modificadora del nudo relacional que es siempre el hombre. Uno en la pólis, es decir, cabalmente ciudadano.

[Publicado el 11/7/2011 a las 07:52]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

Información sobre el Congreso Internacional de Ontología.

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