El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Obediencias: la intimidad como reducto

Preliminar sobre las condiciones sociales: cuando el cuerpo no es espejo del alma  obediente.

Me escribe Felix de Azúa  unas líneas relativas a mi evocación de la tesis de Chillida según la cual si le quitas los pliegues y otras singularidades topológicas omnipresentes en cuadros como el descendimiento de Roger van der Weyden, nada queda de los mismos; tesis que yo utilizaba para defender  que si se hace abstracción de sistema de obediencias de las que somos sujetos pasivos nada queda de lo que denominamos yo

Azúa me señala que  la importancia de los pliegues residía en que el cuerpo cuyas vestiduras se reducían a pliegues   representaba "la institución misma (uno era lo que vestía)". A su juicio en el umbral de la modernidad, con el movimiento romántico, el cuerpo pierde entidad y la representación se focaliza en el paisaje, que sería el mismo  puro pliegue. "Un paso más y sobre la tela flotarán unas líneas sinuosas en representación de sí mismas". Y Felix de Azua establecía una analogía con los manifestantes de Barcelona a los que yo me refería en mi columna,  "puro estar ahí sin cuerpo", indica.

Sin cuerpo,  matizaría  por mi parte, que fuera representación de institución  partidista, político-administrativa o económica, pero tampoco  de la conciencia de intereses familiares o patrióticos, y ni siquiera representación de intereses  y deseos vinculados a lo que se considera esfera íntima. En suma: cuerpo que se resiste a representar  todo aquello de  lo que suele ser espejo el cuerpo.  Unos u otros de tales motivos podían  estar presentes en cada uno de los individuos,  pero  simplemente no contaban, no eran  el motor de lo que había canalizado hacia la barcelonesa Via Layetana a decenas de miles de personas. No se trataba en suma de una mera superposición de intereses  de los cuales   cabe legítimamente sospechar que son fruto de obediencias. Se ha señalado en todas partes la importancia de que  ningún poder mediático o institucional hubiera convocado a la evocada manifestación. Pues bien: dadas las lamentables circunstancias actuales, dado el divorcio entre las instituciones públicas o privadas y el ideal de ciudadadanía, esa manifestación sin precepto era expresión de  un pensamiento irreductible y auténticamente popular, cuyo primer lema es que las condiciones sociales actuales hacen imposible la libertad, que sin libertad no hay vida del espíritu y sin vida del espíritu simplemente no hay humanidad.

                                               ***

 

 BORROSAS FRONTERAS DE LA INTIMIDAD

 

 

Basándome en unos párrafos de Descartes me refería en pasadas columnas al perezoso y conservador yo forjado en la huida de la confrontación (en el caso de Descartes confrontación con una todopoderosa  voluntad de engañar, un Dios "que dedica toda su industria a engañarme"), frente al sujeto del pensar,  que  repudia tanto la situación de ser engañado como la sumisión que ello conlleva. Sugería que el yo, que consideramos una suerte de reducto inexpugnable es en realidad un constructo, la expresión quintaesenciada de un conjunto de aspectos que configuran lo que consideramos esfera íntima de nuestra vida. De ahí que  la sospecha en relación al yo sería útil que se extendiera al concepto mismo de intimidad. Si el pensamiento fértil tiene como condición necesaria el superar la tiranía del yo, quizás deba  con mayor generalidad superar la tiranía de la intimidad.

"Zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo, especialmente de la familia". Así presenta el diccionario de la Academia el término intimidad...en su segunda acepción, pues  la primera es la de amistad íntima, dónde el calificativo hace referencia a lo más interior o interno.

Hay como general acuerdo  que lo íntimo constituye un ámbito  que ha de ser respetado. Pero desde luego hay serias divergencias respeto a las fronteras de la intimidad. Recuerdo que en Francia se consideraba de mal gusto preguntar a alguien por su voto, por considerar que la decisión respecto al mismo habría de ser tomada en meditación consigo mismo, y ello fueran cuales fueran las actitudes políticas de la persona en cuestión, sobre las cuales no existía ningún tabú y hasta era convencional el expresar profusamente.

Obviamente esta polaridad entre las convicciones políticas, que pueden ser exteriorizadas por ser consideradas públicas,  y la decisión íntima de tal o tal voto se diluye en ocasiones. En un régimen totalitario se exterioriza una cosa aunque se piense otra...íntimamente.

Cabe  incluso que se llegue a invertir la situación: votar lo que todo el mundo sabe que se vota, mientras que lo que realmente se piensa en materia de político es impublicable, reservado para sí o en todo caso expuesto "a vista de pocos, familiar y domésticamente" o sea de manera privada.

La intimidad, aleatoria pues dependiente de normas y relaciones de fuerzas cambiantes  se halla en todo caso  amenazada, cuando el entramado social tiene fuerza para hurgar en las conciencias, por ejemplo torturando, o mediante instrumentos como la obligatoria confesión. Instrumento este último para abolir las fronteras de la intimidad mucho más  eficaz que la fuerza, como bien sabe el poder vaticanista, al menos desde la revolución ignaciana, que marca a hierro las conciencias para que sólo en la desnudez de la confesión quepa la reconciliación con uno mismo.

 Si el desvelo de la intimidad ajena ha sido una constante (sea por procedimientos inquisitivos, coercitivos sin tapujos o persuasivos en apariencia), no lo es menos el deseo de tal exteriorización. Complicidad dialéctica bien conocida por los publicistas,  paradigma de lo cual es que para determinada  casa de prendas de vestir se haya elegido el término intimissimi.

En cualquier caso, más o menos reducida en su espectro, la intimidad del otro es un reducto de la alteridad.  Si la intimidad del otro no fuera tabú no habría deseo de franquearla y si la intimidad propia no fuera el ámbito de la identidad no la protegeríamos de la incursión ajena.

Sentimos que la intimidad es nuestro ser, ocultado  en ocasiones por la urgencia de adecuarse a circunstancias ajenas, adecuarse al guiñol social determinado por relaciones de fuerza afectivas, económicas, etcétera. Podemos estar reconciliados con este ser íntimo o por el contrario considerarlo vil, cobarde o  impostor, mas en todo caso experimentamos que acompaña todas nuestras representaciones del mundo y marca el papel más o menos cambiante  que nos asignamos en él.

Todos sospechamos que el impulso que nos lleva a comer un helado es en realidad un acto de mera obediencia. La cosa no es muy diferente tratándose de la degustación de un vino, o de la emoción fetichista provocada por una prenda que luce el eventual partenaire sexual.  Nuestra vida es ya como una piel reducida a poros por los que se infiltra esa modalidad del mal que es la reducción de toda cosa a mercancía. Somos lo que deseamos y deseamos lo que está mandado. Y sin embargo...es imposible que siempre haya sido así. La apertura originaria al mundo, el momento en que el in-fante  da paso al ser de pensamiento y de lenguaje, no consiste en mediatizar las cosas por el valor sino el mediatizar las cosas por las palabras. De tal apertura queda en cada uno de nosotros necesariamente un rescoldo. Hacer que reviva este rescoldo, restaurar el momento en que  la exhaustiva porosidad de nuestra superficie sea infiltración de las palabras,  a la vez que apuesta por la dignidad propia (la inmersión redentora expresada en la metáfora del pozo artesiano) es apuesta por la realización colectiva, redención de uno mismo en una práctica modificadora del nudo relacional que es siempre el hombre. Uno en la pólis, es decir, cabalmente ciudadano.

[Publicado el 11/7/2011 a las 09:52]

Compartir:

Comentarios (8)

  • La música no es palabra pero sí constituye significación, por lo que sí podríamos estar hablando de una comunicación que más tarde avanzando sí podríamos traducir a palabra. La palabra no es más que un límite en la comunicación. Por lo que la música podría ser la más sofisticada palabra para poder llegar a hablar de intimidad. Por supuesto que la intimidad sí se expresa pero también puede llegar a explicarse. Si el artista no puede explicar su propia obra, su propia intimidad, dentro de su propia ambientación, el sentido de la obra quedaría perdido en el vacío de lo desconocido.

    Comentado por: 3194 el 19/7/2011 a las 02:22

  • Toda doctrina acerca de lo que somos encierra una coartada moral que justifica una forma u otra de dominio o sumisión, tanto monta. Lo que somos es una máscara, una apariencia legal que no nos pertenece, y bajo la cual podemos entregarnos a la satisfacción de oscuras querencias.
    Ya sabemos lo que somos: demasiado poco. Demasiado humanos, que diría don Federico. Una panda de hipócritas serviles, de criminales útiles, de animales feroces encerrados en un laberinto delirante que recorremos cotidianamente hasta la extenuación.
    Y sin embargo, a veces sentimos como un soplo de aire no viciado en nuestras catacumbas, una luz, un aroma, una música, la palpable evidencia de que esta negra tarea de ser no es todo lo que hay.

    Comentado por: v el 17/7/2011 a las 14:22

  • Si hemos de cuestionar el mundo, empecemos por cuestionarnos nuestro “yo”.
    Y hagámoslo de un modo REFLEXIVO, efectuando constantes preguntas sobre aquello que más firmemente creemos; RACIONAL, no dejándonos dominar por miedos e intereses espurios; RADICAL, es decir, que vaya a la raíz intentando diferenciar lo que son los “pliegues y ropajes” con los que arropamos nuestro yo de lo que sería el propio yo, si es que existe ese “yo” diferenciado (félix dixit).
    Creo que la misma permeabilidad que nos hace aprehender el mundo, la sociedad, es también la que posibilita que lo que creemos nuestro yo más íntimo no sea sino espejo, constructo social, determinado por intereses económicos y políticos inculcados por un determinado sistema educativo y unos medios poderosos de propaganda que nos hacen asumir como nuestro reducto más íntimo lo que no son sino valores que representan y fortalecen unos determinados intereses sociales.

    En definitiva, cuestionemos aquello que llamamos “yo” e “intimidad” de un modo crítico y autocrítico, cuestionando las “verdades” sin fundamentar de nuestra época, sus creencias e ideologías dominantes, intentando que dicho intento de conocimiento, de saber, tenga su proyección práctica, es decir, que se traduzca en acción, en comportamiento, en ética.

    Es así como lo que en principio se presenta como búsqueda personal, de la propia intimidad, del propio ser, que es en última instancia lo común a todos, lo que subyace bajo la diversidad de intereses sociales, lo propio de la persona como tal persona, lo que nos hace iguales, proceso que en principio nos haría pensar en un repliegue sobre uno mismo, en una huída hacia la búsqueda de la verdadera intimidad, se traduce, por el contrario en una dimensión social y política, pues cuando se descubre la dignidad en sí mismo, una dignidad intrínseca al propio ser y no la falsa dignidad aportada por los ropajes sociales con que lo revestimos, se comprende que dicha dignidad es común a todos.
    Nos encontramos así con la imagen frecuente del camino que nos lleva de lo particular a lo universal, de lo propio a lo común. También la relacionada con los pozos artesianos, tan recurrente en este blog, pero tan ilustrativa del proceso de descenso y ascenso.
    Claro, Félix de Azúa viene a decirnos que somos como las cebollas: bulbos de sucesivas capas de hojas formadas por los aportes sociales. Tal vez, si empezamos a quitar estas capas institucionales corremos el riesgo de encontrarnos sin nada. Añadiría también que, como las cebollas, este despojamiento de las sucesivas capas sociales (valores vigentes en una determinada época: ideas políticas, moda, gastronomía…todo aquello que nos identifica socialmente) desprende una sustancia irritante que provoca en nuestro yo, entendido como “moi”, en nuestra intimidad, un desagradable y molesto llanto que nos nubla la visión y nos tienta para abandonar tan penosa empresa. Es sabido que dicha sustancia irritante, sulfóxido de triopopanal , es en la cebolla un medio de defensa contra los depredadores. Del mismo modo, nuestro “yo” hedónico y egoísta, parece defenderse de los esfuerzos de la razón por desnudarlo de falsas creencias, como si esta fuese percibida como una depredadora que a base de quitar capas de prejuicios, engaños e intereses inconfesados acabara por aniquilar todo lo que somos.
    Miedo y dolor de ese “yo” que ha de morir, de ese niño egoísta y consentido al que tan apegados estamos, pánico a que tras esa muerte no haya nada. Y de nuevo la frase de Víctor Hugo citada por Proust, acaso con un nuevo sentido en este contexto: “Es necesario que crezca la hierba y mueran los niños” y la reveladora continuación de Proust:
    “Yo digo que la cruel ley del arte es la de que las personas mueran y que nosotros mismos muramos apurando todos los sufrimientos para que crezca la hierba –no del olvido, sino- de la vida eterna, la hierba tupida de las obras fecundas, sobre la cual vendrán las generaciones a celebrar, alegres, sin preocuparse por los que duermen abajo, su “almuerzo en la hierba”.
    Muerte del yo y de la supuesta intimidad para intentar llegar a aquello que es propiamente nuestro porque precisamente es común a todos. Acaso por eso gente como Proust conecta con lo más profundo y auténtico de cada uno, porque apela a lo que tenemos todos en común, desprendiendo penosamente las capas de los usos sociales, del accidente, de la apariencia, dejando morir al ser social para que florezcan sobre su tumba, como flores imperecederas, las últimas verdades de la condición humana.

    Comentado por: Un bárbaro el 17/7/2011 a las 00:16

  • No entiendo eso de íntimo. Se me alcanza eso de hondura y de secreto. ¿Qué otra cosa es una cosa íntima sino algo que nos llega hondo o algo de lo que no se habla? Vamos, que íntimo no es nada de lo que se pueda hablar, por mucho que duela.
    Así que esa intimidad de la que se habla no es una verdadera intimidad.
    Lo íntimo no es algo a lo que quepa renunciar, de lo que se pueda escapar.
    Lo íntimo se recubre de una espesa capa de silencio, pero a veces se alza o se muestra, se manifiesta en este o aquel involuntario rasgo de carácter, en un gesto no forzado.
    Puestos a hablar, se puede hablas, cómo no, de cosas personales, incluso de personas y cosas a las que queremos u odianos, pero no de cosas íntimas.
    Lo íntimo no se dice, se expresa.
    Así que eso de que lo que hacemos sin darnos cuenta de que lo hacemos pueda ser, efectivamente, algo íntimo, pues vale, pero no será de su significado, de su valor social, de donde podamos deducirlo.

    Comentado por: cyt el 16/7/2011 a las 02:27

  • Me gusta la parte final: " y sin embargo...
    es imposible que haya sido siempre así.L apertura originaria al mundo... no consiste en mediatizar las cosas por el valor, sino en mediatizar las cosas por el lenguaje".Bello y perfecto ( o casi..).
    ¿No es eso al fin aquello que hace pervivir la esperanza de una vida guiada
    por una razón común que librarnos pudiera
    del imperio de esta sinrazón hoy dominante
    y que solo se basa en la pura mercaderia, valor mercantil, dinero, acumulación loca y sin límites, posesión, poder...?
    Parecería que nos fuéramos acercando a pasos agigantados a unos límites de agresión y cercenamientos de la vida que
    harían imposible el poder vivirla dentro de los mínimos necesarios que ello exige
    y necesariamente necesita.
    Y llegados a tales límites tal vez lo único que nos espera es - nuevamente- el terror, la miseria, la guerra, la destrucción.... La puesta en cuestión de la pretendida humanidad del proyecto humano, del proyecto Hombre, del proyecto ser-de-palabra...
    Ahí nos vamos acercando peligrosamente y no parece que ese peligro haga surgir fuerzas humanas capaces y querientes de otras formas de regulación de la vida, de la polis...
    Y si ello no surge de la gente, de las grandes mayorias que con sus haceres cotidianos reproducen continuamente esta gigantesca maquinaria mundial, ¿de qué otra cosa o lugar podría surgir? Parece que de ningún otro lugar ( y si ello sucediera seguramente sería aún más terrible que lo que ahora tenemos).

    ¿Podrá, tal vez, seguir teniendo validez
    eso de " Allí donde está el peligro, allí está tambien la salvación" de Hölderling ?
    No se sabe, parece que existen fuertes razones para dudar de ello....
    Pero parecería que es lo último donde poder aferrarse...

    Comentado por: p. el 14/7/2011 a las 19:52

  • "Somos lo que deseamos y deseamos lo que está mandado", afirma el autor. Y de este modo otorga al "mercado" (mediador absoluto del mal en la sociedad contemporánea, cuando no el mal en sí mismo) un poder totalitario y alienado, como si el "sistema" (otro de los nombres de la bestia capital) no estuviera a su vez compuesto por todos y cada uno de nosotros, como células inseparables del cuerpo social.

    Y, a su vez, descuida el hecho de nuestra esclavitud superior: la obediencia bioquímica que todos debemos a nuestras estructuras cerebrales, a nuestros impulsos neuronales. Somos seres que se mueven a fuerza de descargas electroquímicas y que buscan, como fin último, la satisfacción endorfínica que produce la atención a los centros de placer.

    El "mercado", el "sistema", la "estructura", no son, en definitiva, más que la inflorescencia de nuestra mente, la manifestación externa de la neurosis subyacente a todo ser humano, fruto inevitable de la mutación de los cerebros que nos ha llevado a ser como somos: las víctimas alucinadas de un constructo narrativo al que, para defendernos, llamamos realidad.

    Tal vez exista una intimidad más cierta que la que manifestamos en presencia de otros. Una intimidad animal que nos negamos a conocer o que somos incapaces de aceptar. Tal vez la intimidad consista en las actuaciones que nuestro cerebro decide acometer medio segundo antes de que cobremos consciencia de ellas. Pero mientras sigamos buscando los cimientos de la realidad en lugares en los que no está, sean estos los pliegues de una vestimenta o los movimientos brownianos de la masa acrítica, tanto da, seguiremos siendo incapaces de comprender los términos veraces de esta fantasía a la que damos en llamar realidad.

    Aunque lo más probable sea que nuestro cerebro esté incapacitado para tal fin por su propia naturaleza.

    Comentado por: Germán Ricoy el 13/7/2011 a las 18:24

  • Aún no he terminado de leer su artículo pero de entrada me ha hecho pensar en la música, alguna vez pensé que íbamos hacia la abstracción cada vez más pura. Esa música que es cada vez más sólo palabras. Ordenadores manejados por el pensamiento. ¿Vamos hacia la nada? ¿Torceremos el rumbo ante el miedo al vacío? Un saludo.

    Comentado por: aldehi el 12/7/2011 a las 11:20

  • ¿Cuántos "yo" estan radicados en una misma y única persona? Somos seres diferentes a través de nuestra existencia.Felizmente!

    Comentado por: Chabela el 11/7/2011 a las 16:49

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres