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El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

No hay ciencia del hombre

El hombre no sólo es un animal al que sorprende su entorno, un animal para el que en un momento u otro (ya se trate de un momento infantil  olvidado y hasta repudiado) la presencia de la naturaleza  es causa de estupor, sino también un animal al que su propio ser inquieta, un animal que se pregunta por su animalidad, por lo singular de su animalidad.

La pregunta por el ser del hombre ha tanteado la  respuesta en muchos ámbitos, uno de ellos el lenguaje. Ha habido como una sospecha de que de  la sentencia según la cual "en el principio está el verbo" expresa una intuición que va más allá del contexto evangélico en el que fue enunciada y poco tiene que ver con la creencia religiosa o la afirmación de algún principio trascendente.

No se trata en absoluto de negar que el hombre es fruto de la historia evolutiva, sino  de  denominar hombre  no al primate geneticamente determinado para acceder a ese rarísimo código de señales que es el lenguaje humano, sino al primate ya forjado por  el conjunto de variables que supuso la aparición de tal código. Es casi una mera cuestión de escapar a un equívoco, mostrando acuerdo o desacuerdo respecto a la tesis  siguiente:

El primate que experimentó una determinada mutación en el gen denominado FOX P2, el primate en quien se dieron las condiciones genéticas para  una "caída" en la posición de la laringe,  potencialmente calamitosa para el orden estrictamente biológico (el bebe humano corre riesgos de ahogarse al ingerir alimentos) pero que supone la existencia de una suplementaria cavidad de resonancia preciosa para el lenguaje (¡y el belcanto!), el primate en quien se daban las condiciones  mentales de que el signo además de remitir  a lo designado remitiera también a un registro eidético ( la polaridad saussiriana entre imagen acústica e idea )...este primate susceptible de ser reducido o convertido en objeto de ciencia (objeto concretamente de la paleontolología que tiene soporte en la genética), sería el ancestro inmediato del hombre en la historia evolutiva, mas no exactamente el hombre.

El hombre empezaría justamente cuando lo que potencialmente encerraba el ancestro viene a ser  acto, el código de señales se hace lenguaje, cuando los signos además de designar eventualmente  lo necesario a la subsistencia se complacen e su propio despliegue; el hombre empezaría justamente allí dónde un signo adquiere eventualmente más riqueza en la equivocidad que en la univocidad (tan imprescindible para el buen funcionamiento de un código ); el hombre empezaría con la emergencia de ese código irreductible a razón cognoscitiva, código del que no hay ciencia posible porque la equivocidad de sus signos posibilita (entre otras cosas) el que  un conjunto finito de elementos fonéticamente diferenciados sea la puerta de entrada  a un monto potencialmente infinito de posibilidades semánticas, asunto ciertamente chocante  y que exige algún tipo de clarificación, de lo que me ocuparé en la próxima columna.

 Post-scriptum sobre las condiciones sociales: del conductor de taxi al empleado de Telecom

Hacía días atrás alusión a las condiciones de trabajo de taxistas sometidos en ocasiones a una jornada de 12 horas y para los cuales podría parecer un sarcasmo el reivindicar el derecho de todo ser humano a una vida social que no suponga  renuncia a la realización de sus potencialidades como ser de lenguaje y de razón. Al escribir la nota tenía en mente a  conductores de taxi españoles, y en particular de la ciudad de Barcelona a la que me hallo mayormente vinculado. Sin embargo, sólo dos días después, un dossier en un periódico francés me informa de que profesionales parisinos que alquilan su coche a una sociedad de taxis trabajan once horas diarias y en ocasiones hasta siete días por semana para alcanzar un sueldo medio de 1200 euros mensuales.

Es posible que la cifras sean algo exageradas, pero lo que no constituye exageración es que muchos de estos conductores comparten con otro el alquiler del coche y que la sociedad exige que el vehículo circule la jornada por entero, de tal manera que si uno sólo cubre 10 horas el segundo se verá obligado a trabajar 14. Todo ello en un clima de degradación de los lazos entre los trabajadores: tras evocar con  nostalgia el tiempo en que los conductores se arreglaban entre ellos para distribuirse la clientela, uno de los encuestados, conductor en Marsella, se queja de que actualmente reina la guerra entre ellos.

Trabajar en tales condiciones era inconcebible en Francia hace treinta años, y sospecho que sigue siendo ilegal el hacerlo. Pero no será la legalidad lo que frene a sociedades sometidas ellas mismas a la guerra de la competencia; esa competencia que lleva a la sociedad de telefonía Telecom  a imponer condiciones de trabajo que sus empleados consideran incompatibles con su dignidad y hasta eventualmente con su vida. Aludo obviamente a los suicidas de esa empresa. Tremendo asunto que hace treinta hace años hubiera producido una crisis mayor en la vida política del país y que hoy sin embargo es casi evocado como algo inevitable: uno de los destinos posibles para aquellos que el sistema empuja poco a poco a los arcenes 

[Publicado el 06/6/2011 a las 09:59]

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Comentarios (3)

  • En casi todos los países, lo normal era que estas máquinas destinadas a taxis,cumplieran 3 turnos de 8 horas cada uno,verificados por los correspondientes sindicatos y fiscalizados por los agentes del Estado.¿Donde estan pues,los dirigentes sindicales? ¿Donde los agentes del Ministerio de Trabajo comprobando el cumplimiento de las estipuladas ocho horas?Parece que han optado por la ceguera vocacional.

    Comentado por: Beatriz Basenji el 07/6/2011 a las 01:33

  • Vivimos en una época en que esa potencialidad infinita de posibilidades semánticas, que constituirían lo específicamente humano, se ha reducido, para la mayoría, a unos pocos lugares comunes. No es sólo el estar encadenado durante diez o doce horas a un trabajo embrutecedor, sino el no disponer de autonomía de pensamiento, por esa reducción de los signos a lo necesario para el buen funcionamiento del sistema social. La mayoría carece así de posibilidades de transformar e interpretar su propia realidad vital, al estar inmersa en la realidad virtual de los signos y señales que interesan al Capital.

    http://vimeo.com/4745924

    Comentado por: Un bárbaro el 06/6/2011 a las 13:01

  • Repare, Sr. Pin, en que ninguno de los interlocutores con los que dialoga sobre estos temas (Baltasar, Azúa, etc)y que tiene la amabilidad de trasladarnos a todos en este blog, niega la singularidad del hombre en relación con las otras especies; solamente creo ver cierto escepticismo respecto a que esa singularidad signifique superioridad, y a que haya un corte tan radical entre la especie humana y el resto que llegaremos a delimitar sin atisbo de duda el principio eidético que lo dejará más claro que el agua.

    Por otra parte, no comprendo muy bien como puede separar, en el proceso evolutivo (que por definición es un continuum), al hombre de sus ancestros, como si hubiera un momento crucial en el que el hombre fuese consciente de su humana condición, y le dijese a su pobre padre: yo soy un hombre, tú solamente un ancestro. A ese tipo de cortes radicales solo le veo sentido en explicaciones narrativas de tipo mítico-religioso. Por cierto, explicaciones que nos han venido muy bien, y nos han ofrecido serenidad durante muchos siglos.

    Comentado por: ossa el 06/6/2011 a las 12:27

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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