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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de septiembre de 2020

 Víctor Gómez Pin

No hay ciencia del hombre

El hombre no sólo es un animal al que sorprende su entorno, un animal para el que en un momento u otro (ya se trate de un momento infantil  olvidado y hasta repudiado) la presencia de la naturaleza  es causa de estupor, sino también un animal al que su propio ser inquieta, un animal que se pregunta por su animalidad, por lo singular de su animalidad.

La pregunta por el ser del hombre ha tanteado la  respuesta en muchos ámbitos, uno de ellos el lenguaje. Ha habido como una sospecha de que de  la sentencia según la cual "en el principio está el verbo" expresa una intuición que va más allá del contexto evangélico en el que fue enunciada y poco tiene que ver con la creencia religiosa o la afirmación de algún principio trascendente.

No se trata en absoluto de negar que el hombre es fruto de la historia evolutiva, sino  de  denominar hombre  no al primate geneticamente determinado para acceder a ese rarísimo código de señales que es el lenguaje humano, sino al primate ya forjado por  el conjunto de variables que supuso la aparición de tal código. Es casi una mera cuestión de escapar a un equívoco, mostrando acuerdo o desacuerdo respecto a la tesis  siguiente:

El primate que experimentó una determinada mutación en el gen denominado FOX P2, el primate en quien se dieron las condiciones genéticas para  una "caída" en la posición de la laringe,  potencialmente calamitosa para el orden estrictamente biológico (el bebe humano corre riesgos de ahogarse al ingerir alimentos) pero que supone la existencia de una suplementaria cavidad de resonancia preciosa para el lenguaje (¡y el belcanto!), el primate en quien se daban las condiciones  mentales de que el signo además de remitir  a lo designado remitiera también a un registro eidético ( la polaridad saussiriana entre imagen acústica e idea )...este primate susceptible de ser reducido o convertido en objeto de ciencia (objeto concretamente de la paleontolología que tiene soporte en la genética), sería el ancestro inmediato del hombre en la historia evolutiva, mas no exactamente el hombre.

El hombre empezaría justamente cuando lo que potencialmente encerraba el ancestro viene a ser  acto, el código de señales se hace lenguaje, cuando los signos además de designar eventualmente  lo necesario a la subsistencia se complacen e su propio despliegue; el hombre empezaría justamente allí dónde un signo adquiere eventualmente más riqueza en la equivocidad que en la univocidad (tan imprescindible para el buen funcionamiento de un código ); el hombre empezaría con la emergencia de ese código irreductible a razón cognoscitiva, código del que no hay ciencia posible porque la equivocidad de sus signos posibilita (entre otras cosas) el que  un conjunto finito de elementos fonéticamente diferenciados sea la puerta de entrada  a un monto potencialmente infinito de posibilidades semánticas, asunto ciertamente chocante  y que exige algún tipo de clarificación, de lo que me ocuparé en la próxima columna.

 Post-scriptum sobre las condiciones sociales: del conductor de taxi al empleado de Telecom

Hacía días atrás alusión a las condiciones de trabajo de taxistas sometidos en ocasiones a una jornada de 12 horas y para los cuales podría parecer un sarcasmo el reivindicar el derecho de todo ser humano a una vida social que no suponga  renuncia a la realización de sus potencialidades como ser de lenguaje y de razón. Al escribir la nota tenía en mente a  conductores de taxi españoles, y en particular de la ciudad de Barcelona a la que me hallo mayormente vinculado. Sin embargo, sólo dos días después, un dossier en un periódico francés me informa de que profesionales parisinos que alquilan su coche a una sociedad de taxis trabajan once horas diarias y en ocasiones hasta siete días por semana para alcanzar un sueldo medio de 1200 euros mensuales.

Es posible que la cifras sean algo exageradas, pero lo que no constituye exageración es que muchos de estos conductores comparten con otro el alquiler del coche y que la sociedad exige que el vehículo circule la jornada por entero, de tal manera que si uno sólo cubre 10 horas el segundo se verá obligado a trabajar 14. Todo ello en un clima de degradación de los lazos entre los trabajadores: tras evocar con  nostalgia el tiempo en que los conductores se arreglaban entre ellos para distribuirse la clientela, uno de los encuestados, conductor en Marsella, se queja de que actualmente reina la guerra entre ellos.

Trabajar en tales condiciones era inconcebible en Francia hace treinta años, y sospecho que sigue siendo ilegal el hacerlo. Pero no será la legalidad lo que frene a sociedades sometidas ellas mismas a la guerra de la competencia; esa competencia que lleva a la sociedad de telefonía Telecom  a imponer condiciones de trabajo que sus empleados consideran incompatibles con su dignidad y hasta eventualmente con su vida. Aludo obviamente a los suicidas de esa empresa. Tremendo asunto que hace treinta hace años hubiera producido una crisis mayor en la vida política del país y que hoy sin embargo es casi evocado como algo inevitable: uno de los destinos posibles para aquellos que el sistema empuja poco a poco a los arcenes 

[Publicado el 06/6/2011 a las 07:59]

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Biografía

Victor Gómez Pin se trasladó muy joven a París, iniciando en la Sorbona  estudios de Filosofía hasta el grado de  Doctor de Estado, con una tesis sobre el orden aristotélico.  Tras años de docencia en la universidad  de Dijon,  la Universidad del País Vasco (UPV- EHU) le  confió la cátedra de Filosofía.  Desde 1993 es Catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona ( UAB), actualmente con estatuto de Emérito. Autor de más de treinta  libros y multiplicidad de artículos, intenta desde hace largos años replantear los viejos problemas ontológicos de los pensadores griegos a la luz del pensamiento actual, interrogándose en concreto  sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Esta preocupación le llevó a promover la creación del International Ontology Congress, en cuyo comité científico figuran, junto a filósofos, eminentes científicos y cuyas ediciones bienales han venido realizándose, desde hace un cuarto de siglo, bajo el Patrocinio de la UNESCO.

Ha sido Visiting Professor, investigador  y conferenciante en diferentes universidades, entre otras la Venice International University, la Universidad Federal de Rio de Janeiro, la ENS de París, la Université Paris-Diderot, el Queen's College de la CUNY o la Universidad de Santiago. Ha recibido los premios Anagrama y Espasa de Ensayo  y  en 2009 el "Premio Internazionale Per Venezia" del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti. Es miembro numerario de Jakiunde (Academia  de  las Ciencias, de las Artes y de las Letras). En junio de 2015 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad del País Vasco.

Bibliografía

  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Enlaces

Información sobre el Congreso Internacional de Ontología.

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