El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Luchar por ser “una cosa que piensa”

En mis años de estudiante en París era practicamente  un lugar común referirse a la subversión de valores a la que, de manera implícita o explícita, invitaría lo autenticamente vivo en el pensamiento contemporáneo. Complementariamente a la crítica de los fundamentos del orden social desarrollada por el marxismo, se ponía de relieve que el concepto mismo de sujeto, debería  dejar de ser identificado al  de conciencia  para concebirse como relacional y transitivo. Hasta en la lectura académica del cartesiano Discurso del Método se reflejaba esta exigencia de puesta en tela de juicio, insistiendo los comentaristas en que el je del cogito nada tiene que ver con el moi, (expresión en lengua francesa  del ego que subordina -más que acompaña- todas nuestras representaciones y lazos con el mundo). Significativo es al respecto el hecho de que Descartes se refiera a su propia condición como una cosa que piensa, es decir, según sus propios términos, una entidad que duda, que afirma, que niega, que cree,  que se interroga, etcétera, es decir, una entidad tensada, ágil y productiva. Por decirlo sin ambages:

Una conciencia reflejo de la obediencia a prejuicios y el anclaje  en representaciones pasivas, una conciencia  que no se pone en cuestión, una conciencia meramente expresiva del  conjunto de clichés que sirven de base a una situación social dada...tal conciencia forja un fortísimo ego, pero  no es una entidad  que piensa, repudia ese "ardiente deseo de toda mente pensante", al que se refiere el físico Max Born, no responde  a la condición mínima avanzada por Descartes, no es cabalmente un ser humano.

 

Posdata sobre la plaza de Catalunya y el Barça.

Mientras escribo estas líneas en la biblioteca parisina de una institución en cuyo patio hay tiendas de campaña con eslóganes evocativos de la madrileña Puerta del Sol y la barcelonesa  Plaza de Cataluña, me llega la noticia de que el partido del Barça podría ser la coartada para justificar el desalojo de los ocupantes barceloneses. Al parecer se ha avanzado el argumento de que algunos seguidores del club podrían exteriorizar su alegría de forma violenta   haciendo imposible discernir la actitud de unos y otros, por lo que, a fin de evitar la amalgama, la decisión de desalojar debería venir de los propios "ocupantes". 

Escribo el viernes por la mañana y no se naturalmente si finalmente habrá o no celebración. Tampoco estoy hoy en condiciones de saber si esta idea viene  de algún responsable político concreto o si meramente se ha dejado que circule. Pero simplemente quisiera manifestar que si algo hay de indignante es que una manifestación de repulsa frente a un orden social que conlleva   intrinsecamente miseria y embrutecimiento de los ciudadanos,  pueda ser homologada a la exteriorización de una alegría por lo aleatorio de un resultado deportivo. Los propios seguidores del club deberían denunciar esta utilización. De lo contrario se acentuaría la impresión que muchos tenemos de que el fútbol (por respetable y hasta admirable que pueda ser el esfuerzo técnico de los profesionales de este deporte) juega hoy un papel clave en la maquina de alienación que los propios ocupantes de la plaza denuncian. 

[Publicado el 27/5/2011 a las 12:21]

Compartir:

Comentarios (9)

  • ¿-x-+?

    En un principio… tu negación.

    Renegando, no afirmo nada;
    he de olvidar que existo (¿eso negabas?),
    ya lo olvidé, ¿lo ves?, quise olvidar:
    existo.

    Era sólo un empezar
    (¿y?),
    hay infinito
    y, por más ver, existirás también
    tú, mi enemiga.

    Tu enemigo.

    Comentado por: . el 30/5/2011 a las 03:07

  • Cada vez lo ponen más difícil esto de ser humano. Desconfío de concepciones demasiado restringidas del ser humano; a lo largo de la historia no han llevado a nada bueno. Alguien con una deficiencia mental (incapaz por lo tanto de cuestionarse nada respecto a sí mismo o a la sociedad) ¿no es "cabalmente un ser humano"? Más bien sería partidario de extender de algún modo el concepto de humanidad a otras especies dotadas de neocórtex cerebral, como los simios o los delfines...

    Comentado por: p el 29/5/2011 a las 23:34

  • Supongo que en lo que aquí se piensa cuando se habla de “cosa que piensa” es en El Hombre y en su epifanía Histórica actual: el Individuo de la Sociedad de Masas del Siglo XXI. Esa es la única cosa que merece llamarse Cosa que Piensa, como no sea que extendamos a otras cosas la posibilidad de estar pensando, la virtud de que puedan estar estar pensativos.
    El Viejo Estado, el de nuestros padres, se ha convertido en una Gran Empresa Estatal en manos de Los Mercados, que son el Nuevo Estado del Capital; conviene añadir que este Nuevo estado supone un perfeccionamiento, un progreso, respecto del viejo Estado, recientemente difunto, y, así, el Estado es hoy más que nunca Orden y Autoridad al servicio del Capital.
    Los llamados Órganos de Gobierno del Nuevo Estado del Capital, desde los Gobiernos de Dirección de la Empresa, incluidos los Gobiernos de Dirección de la Gran Empresa Estatal o antiguos Gobiernos del Estado, hasta la forma elemental de Órgano de Gobierno del Estado, eso que llaman la Voluntad Individual o Voluntad de la Cosa que Piensa, en nuestra jerga, son, visto lo visto, cada vez menos decisivos, pues son cada día menos Órganos de Gobierno y cada vez más Órganos de Decisión que permitan hacer saber a las conciencias individuales de sus miembros qué es lo que el Estado manda que se haga, hacia dónde deben encaminarse las acciones individuales, hacia dónde está el Futuro, y esto lo hace el Estado, como siempre, mediante sus Autoridades, funcionarios o ejecutivos encargados, por una parte, de interpretar los Documentos Oficiales, entre los que últimamente menudean gráficas, estadísticas y previsiones, y de supervisar, por otra, el adecuado cumplimiento de las Ordenanzas Descifradas.
    En las sesiones de estos Órganos de Gobierno, Voluntad Individual incluida, se consiente como positiva contribución a la Empresa común toda propuesta de mejora en pro de una correcta ejecución práctica de las Directrices Supremas, incluida la buena disposición del individuo a dejarse formar para mejor desempeño de la tarea que el Estado mande, y se nos convierte, de paso, en una sociedad, o en lo que el Estado entiende por Sociedad: una sinergia de intereses individuales sujeta a Su Ley, en lugar de, digamos, sólo gente que trabaja en el mismo sitio.
    Esto no es gobernarse, claro, sino, más bien, renunciar a gobernarnos, entregándonos al desgobierno de los individuos, esas cosas que piensan. Y así nos va.

    Comentado por: cyborg el 29/5/2011 a las 02:18

  • “En la expresión “pienso, luego existo” los índices “-o” no señalan a monsieur Descartes, sino a mí cuando lo digo, cualquiera que yo sea. De esta manera, el enunciado no muestra en absoluto que Descartes existiera, sino que existir es cosa que me concierne o cosa que yo hago cuando pienso. Dejaremos para otro día ver si, efectivamente, es existir lo que hago cuando pienso, habida cuenta de que eso de existir es cosa que ha de pasarle más bien a Descartes o a cualquier tipo que yo sea, pero no verdaderamente a mí, que pienso.

    Comentado por: ergo... el 27/5/2011 a las 20:47

  • ¿qué influencia tuvo y tiene Freud en todo esto?

    Comentado por: * el 27/5/2011 a las 20:30

  • Los índices pronominales, originalmente, carecen de significado: son deícticos, simplemente señalan. Sólo el índice de 3ª persona señala hacia un significado, el de alguna palabra del contexto lingüístico, y así decimos que dicho índice tiene un valor anafórico. Pero los de 1ª y 2ª persona no señalan ningún significado, no indican ninguna palabra del contexto, no son anafóricos, pues señalan a ti y a mí, que no somos palabras, y estamos fuera del discurso. La lexicalización de estos índices es el resultado de la acción de la Cultura y la Historia, un proceso en el que han intervenido de forma destacada algunas mal llamadas filosofías, con el fin de favorecer el dominio sobre tí y sobre mí, que no somos cosas, o somos cualquier cosa, una lexicalización que se ha vulgarizado, como viene sucediendo en general con eso de la Cultura en nuestros días, que ha de convertirse en Cultura de Masas, pues es a las masas a las que hoy toca educar y controlar; y, en efecto, la mayor parte de la tarea de los individuos de hoy día consiste en trabajar para darle significado a esa palabra vacía: yo, y someterse a ese yo que la Cultura y la Historia le procuran.

    Comentado por: más gramática y menos filosofías el 27/5/2011 a las 20:15

  • Para el Estado, la cosa se reduce a una cuestión de orden público y de control de las masas, que es para lo que el Estado está. Este Estado que hoy padecemos, no se olvide, es el Estado que la masa exige para ser controlada, es el estado que la masa sostiene. Todo comportamiento masivo ha de ser necesariamente un comportamiento al servicio del Estado. Confiamos en que bajo la apariencia masiva con que estas concentraciones se nos han vendido haya algo verdaderamente vivo. Pero no serán desde luego las masas, por mucho que se organicen en minorías más o menos dominantes, de las que cabe esperar una verdadera rebeldía contra el Estado, por muchas consignas que griten, por mucho que gesticulen, por mucho que intimiden. Podrán, eso sí, señalarle al Estado la dirección que seguir para su progreso, para su perfeccionamiento, es decir, para el reforzamiento de su autoridad sobre las masas, lo que parece ser que hoy pasa por meterle mano a eso de internet.

    Comentado por: caperucito el 27/5/2011 a las 19:02

  • He oído decir a Eduardo Galeano que el mundo se divide en dos, los indignados y los indignos. ¿Podremos echar el freno a este tren ya sin frenos, como sugería Benjamin?

    Comentado por: Rubén el 27/5/2011 a las 16:53

  • ¡qué difícil es pasar del "moi" al "je" desde el momento en que el asunto que se considera escapa a las estrictas y necesarias leyes de la lógica para entrar en el difuso mundo de la ética!
    Entonces lo mínimo que se puede exigir es que no se falseen los principios éticos a los que se dice obedecer, no poner la razón al servicio de la barriga.
    Pero el mundo está lleno de "barrigas agradecidas".

    Comentado por: Un bárbaro el 27/5/2011 a las 13:57

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

Obras asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres