Letra no muerta
La carta abierta de José Lázaro a la que me refería en la columna anterior ha tenido continuidad en otras de Basilio Baltasar, Félix de Azúa y Enrique Baca.
Felix sintetizaba su posición refiriéndose a una afirmación de Rafael Sanchez Ferlosio según la cual nada puede cambiar hasta que "no cambien los dioses", entendiendo por tal-supongo- el entramado de valores incuestionables, de proyectos miríficos e identificaciones imaginarias que en una época dada operan como dispositivos de consuelo para ir sorteando lo aleatorio, más triste que realmente trágico, de cada destino individual .
La tesis de Felix es que ese sistema de referencias ya ha cambiado y en consecuencia se pregunta "¿Qué ha cambiado, ahora que los dioses son otros?". Y la dialéctica con José Lázaro consiste en que a los interrogantes que este último planteaba en su carta se les ha pasado el tiempo por lo cuál sería ocioso seguir consagrándole tiempo, es decir, discutir a costa de las mismas. Y Félix es muy explícito respecto a los asuntos así periclitados:
"Ya sea el patriarcado, el monoteismo, el positivismo, el mesmerismo o el comunismo, llega un día en que todo lo que se dice sobre ello ya no suena, no tiene ni letra ni música. Es como si ahora nos pusiéramos a discutir cuánta verdad había en el estructuralismo, el existencialismo, lo muy acertado que estuvo Dilthey o Freud. Todo eso ha muerto, es materia de tesis doctoral. Podemos hablar de esas cosas en forma de Requiem, o a la nostálgica manera de los poetas andaluces, pero hablamos de cosas muertas, tan muertas como el dodecafonismo, la pintura abstracta o el hongo salvador." José Lázaro le responde sugiriendo que lo importante no es el cambio de valores sino el mecanismo común que subyace a la operación psicológica de apuntarse a tales o tales valores consistente en que nos sentimos atraídos -al parecer de manera inevitable- por la seguridad plácida del rebaño. Instalados en éste, sabríamos en cada momento "qué dioses han cambiado y cuales permanecen". Oportunista adaptación que nos permitiría en cada momento tener claro "quienes son los enemigos que debemos odiar". Y José Lázaro evoca un tema querido a nuestro contertulio el catedrático de psiquiatría Enrique Baca relativo a "la construcción del enemigo".
En suma, mientras Félix de Azúa juzga caduco aquello que era objeto de debate hace unos años, José se pregunta por los mecanismos psicológicos que encubre la apuesta por tal o tal causa, ya sea estética, política o redentora. Pues bien:
Invitado por unos amables colegas a dar un seminario en el Queens College de Nueva York, el tema que debo tratar el día mismo en que aparece esta columna me retrotrae a esta diatriba y ello en razón de un mensaje que me enviaba en paralelo Félix de Azua. Excéptico como hemos visto respecto a la vigencia de la mayoría de objetos de debate intelectual que han ocupado el pasado siglo, Félix me hace una pregunta sobre personas vinculadas a la Mecánica Cuántica y ello en un tono que parece indicar que la proliferación de debates más o menos filosóficos sobre esta disciplina no le es indiferente y que de alguna manera no la cuenta entre los dioses caídos antes evocados.
Y sin embargo la Mecánica Cuántica lleva dando guerra desde hace casi un siglo. Algunos de los textos sobre los que se sostienen las interpretaciones aparente más chocantes de la misma (así la conocida como de los múltiples mundos, Many-Worlds altamente valorada hoy entre hermeneutas de la profesión) datan de hace medio siglo. La ecuación lineal que da sostén al apólogo del gato vinculado a la vez a un estado cuántico que supone vida y un estado cuántico que supone muerte es de los años treinta...¿De dónde pues el sentimiento de que algo en la Mecánica Cuántica nos interpela?
La respuesta no puede consistir en evocar la perennidad de las teorías científicas por oposición a la contingencia de las filosóficas ya sean de tipo ético o de tipo estético. Pues la diatriba en torno a la Mecánica Cuántica es no sólo filosófica en el sentido estricto de la palabra sino incluso filosófico-dialéctica, es decir: es compatible con posicionamientos no sólo diversos sino opuestos y hasta contradictorios, no ciertamente en el registro de las descripciones y previsiones efectuadas por tal disciplina sino en el de la significación profunda de las mismas.
Los físicos cuánticos muestran en ocasiones una sensación de tedio al comprobar que, una vez más, los filósofos se acercan a ellos intentando encontrar armas para sobreponerse al estupor que el mismo físico ha provocado. "Esto que tanto sorprende a este novicio para mi es bien conocido", parece que se dijera. Pero lo bien conocido no es exactamente letra muerta:
El físico conoce bien el problema en sus términos técnicos, sabe que no hay cabal respuesta a cómo tomar partido por las alternativas hermenéuticas y...prosigue su trabajo en la exploración de nuevos datos. Y sin embargo ese mismo físico no podrá sustraerse a la cuestión, que eventualmente le quitará el sueño. Pues los grandes problemas retornan como retorna la naturaleza "en la furca que la expulsa".
[Publicado el 16/5/2011 a las 08:52]
Clara y Eugenia (IV)
IV
La obsesión del corregidor
Manuel había logrado con Clara lo que consigue el picapedrero con la piedra. Con paciencia, con sutileza, fue dando la forma que quiso a su matrimonio. La mujer le reconocía el esfuerzo. Ni ella misma prácticamente se había dado cuenta de que despacio había ido entregándose a él de una manera que trascendía lo físico. Los días fueron el cincel que utilizó Manuel para moldearla y Clara, ingenua, sumisa, se dejó moldear. Hasta cambió su manera de vestir, siempre tan lúgubre, cambiando el negro de sus vestidos por el blanco, el amarillo o el naranja. El definitivo golpe a la piedra, con la que terminó su obra maestra, la dio su esposo en la cala a la que prometió llevarla tan pronto llegase el calor. En Julio, cumplidos los cuatro meses de casados, con el sol abrasador del verano golpeando a la ciudad, Clara pudo gozar de una sensación desconocida hasta entonces. Sumergirse en aquellas inquietas aguas totalmente desnuda junto a él; un acto tan indecoroso, impensable no hacia mucho para alguien de tan rígida moral, tan decentemente educada, la condujo, en cambio, a una mística comunión con Dios, a una libertad que permitió a Clara ver con otros ojos a Manuel, como su salvador, la persona que la había mostrado el camino que ella no encontraba con sus rezos y buenas intenciones. Nunca se imaginó capaz de entregarse a su esposo en un lugar que no fuese en la intimidad de su alcoba, menos aún, que al hacerlo se sintiera mas cerca de su Señor en vez de mas lejos. Su punto de vista sobre muchas cosas cambió entre las espumosas olas y otros vaivenes. Había renacido, la mariposa salió de su envoltura. Ahora solo soñaba con ser la esposa perfecta, no por imposición, porque lo deseaba y porque para estar a la altura de su esposo, que era perfecto, ella debía serlo también. Su entrega a Dios no cambió. Seguía tan devota y con la moral estricta y rígida de siempre. Solo se mostraba humana con su marido y fuera de otras miradas...
http://elhombreysulargocaminar.blogspot.com/2011/06/clara-y-eugenia-iv.html
Comentado por: Richard el 26/6/2011 a las 17:19
Yo ahí veo más bien otra aparición de la evidencia que hace que las físicas todas terminen por volverse tarde o temprano metafísicas: que el fundamento de la realidad no puede ser algo real.
Comentado por: v el 22/5/2011 a las 02:50
Los físicos cuánticos se están planteando últimamente que la realidad se reduce en última instancia a información, basándose en la influencia del que observa en lo observado (fotón). No tengo puñetera idea de mecánica cuántica, salvo algunas cosas leídas y vistas aquí y allá. Pero lo cierto es que dicha idea de la realidad como información me recordó lo del Nous o Entendimiento aristotélico y pensé que es cierto que, a pesar de la contigencia y mutabilidad de las cosas, hay ciertas cuestiones que se muestran tozudas a los cambios, como verdades últimas e inmutables que subyacen en las apariencias.
Comentado por: Un bárbaro el 21/5/2011 a las 23:02
Comentado por: Pangloss el 18/5/2011 a las 05:17
Comentado por: Pangloss el 18/5/2011 a las 05:15
Comentado por: Pangloss el 18/5/2011 a las 05:13
Comentado por: chick el 17/5/2011 a las 23:57
Comentado por: MadHatter el 16/5/2011 a las 22:52
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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