Agradecimiento a Aristóteles
En mi condición de profesor de filosofía he tenido en múltiples ocasiones que defender la disciplina misma frente a un público escéptico, cuando no hostil, y ello en la misma universidad. Esta hostilidad no es de extrañar dado el concepto de universidad que se va instalando desde el denominado Plan Bolonia y que se encuentra en la antítesis de aquel desplegado en de Emmanuel Kant, titulado el Conflicto de las Facultades en el que se señalaba que el departamento de filosofía, siendo una unidad administrativa entre otras, habría sin embargo de constituir "toda la universidad".
Hace muchos años, en el País Vasco, en la vieja facultad de la colina de Zorroaga, esta tesis de Kant fue defendida e interpretada en un curso de doctorado por el fallecido filósofo francés Jacques Derrida, incorporado al claustro para apoyar el singular y fascinante proyecto de erigir un ámbito de libertad y un tribunal de la razón en un país por entonces sumido en un violento conflicto.
De lo lejos que estamos de esta atmósfera es indicio la frase (aquí evocada hace unos días) de un polémico consejero del gobierno de la Generalitat de Catalunya relativa a los criterios que habría de regir la política educativa: "si quiere estudiar filología clásica por placer se lo tendrá que pagar usted; el estado tiene que facilitar las cosas a quien quiera estudiar por razones de mercado". Entre esos de quien se ocupan los filólogos clásicos cuyo estudio no responde realmente a razones de mercado se encuentra Aristóteles y el legado espiritual que representa.
He sostenido muchas veces que la disposición filosófica es algo más que una contingencia que marcaría a ciertos individuos. Simplemente, he hecho mía la tesis de Aristóteles según la cual todos los humanos, no simplemente una élite, en razón de lo singular de la naturaleza humana, aspiran a subsumir bajo conceptos tanto el entorno físico como la dialéctica social y sus propias vivencias, aspiran a desplegar su capacidad intelectiva y emocional, aspiran a la lucidez y al lazo fértil con los demás humanos y, como expresión de todo ello, aspiran a la libertad. Pues bien: doy un paso más en este sentido, afirmando que Aristóteles encarna paradigmáticamente la humanidad así concebida.
Aristóteles consagró su vida a clasificar especies, a ordenar los conceptos mismos que permiten tal clasificación, a intentar formular hipótesis que hicieran comprensible los fenómenos físicos y astronómicos, a reflexionar sobre los abismos que hacen del humano un ser esencialmente trágico, a pensar las condiciones de posibilidad de que el hombre fertilice en el conocimiento y la creación su naturaleza racional y lingüística... Aristóteles da soporte a la ciencia sobre la que encuentra apoyo la filosofía, de tal manera que cabe decir, es el único filósofo que no necesita vampirizar el trabajo de otros (en el bien entendido de que tal vampirización de la ciencia es indispensable y que sin ella la filosofía moriría de inanición)... Aristóteles hizo, en suma, lo que él mismo indica que debería constituir el hacer de los humanos.
Y si los humanos nos dedicamos a otras cosas, si nos sumergimos en falsos problemas, si creemos que realmente nos jugamos algo en lo aleatorio de un resultado deportivo, si confundimos los intereses de la humanidad presente en cada individuo con los intereses de nuestro clan familiar o nuestra patria, si, en suma, renunciamos a la condición de amantes de la lucidez, es porque ha triunfado social e individualmente la pulsión nihilista que es siempre cómplice de la esclavitud. Pues la esclavitud en las muy diversas formas que conocemos (desde la privación física de libertad a sumisión a doce horas de un trabajo embrutecedor) tiene matriz en una esencial renuncia: renuncia en cada uno de nosotros a nutrir ese deseo, noble por definición, cuya fertilización nos hace humanos; renuncia a trabar fórmulas y forjar metáforas, en una permanente lucha contra la inercia, la costumbe, la sumisión a los imperativos de un yo que es la expresión misma de tal pasividad.
Defiendo en suma una tesis muy sencilla: Aristóteles no sólo indicó en una imborrable sentencia cuál de las disposiciones que albergamos es reflejo de nuestra singular naturaleza entre los animales, sino que se aplicó para que su vida fuera un paradigma de tal disposición. Aristóteles es por ello un admirable ejemplo de andreia, esa virtud confundida con la entereza a la que todos-hombres y mujeres- deberíamos responder. Tal ejemplo mueve a todo aquel para quien, en algún momento, vio en la filosofía una garantía contra la barbarie y un imperativo de libertad.
[Publicado el 29/4/2011 a las 12:00]
Comentado por: Enrique Morata el 29/8/2011 a las 10:38
¿Quién es el que de verdad huye, y de qué? En cualquier caso, no es esto lo que importa, aunque alguno pueda sentirse molesto a la vista de que lo llaman cobarde aquellos que pueden haberse sentido aludidos en su papel de colaboracionistas y tontos útiles. Lo que importa es qué es política de verdad, y que política es lo que cualquiera hace a cada paso, lo que la gente hace, y no esa mierda que se nos vende como tal.
Comentado por: v el 08/5/2011 a las 19:27
"con nuestros semejantes, con nuestro mundo,.."Epicuro no lo diría mejor.
Creo que tal actitud es equivocada, y es la que está en el origen de la actúal apatía y falta de reacción social ante los abusos del poder. Cada cual refugiado en su propio mundo, en su jardín, con sus amigos, con su familia, con sus conocidos, esperando que la superestructura política no les afecte. Pero, ¿es esto posible? ¿se puede vivir al margen de la ley? ¿se puede escapar al control de las instituciones del Estado?
Creo que no.
La política laboral, educativa, social de lo que usted llama Autoridad del Estado se impone a su mundo cotidiano, a los modos de vida de sus semejantes.
Lo sensato sería por tanto tratar de influir en esa Autoridad del Estado, cuestionándola si fuese preciso, pero nunca huir pues no es posible la huida, salvo que une renuncie a su ser social, es decir, traicione su propia naturaleza.
Su moral es sofista, su moral es la que interesa a la Autoridad del Estado. Es su opción, que yo creo profundamente equivocada si lo que se pretende es cambiar las cosas.
Comentado por: abc el 08/5/2011 a las 17:59
Esa moral a la que se llama por aquí aristotélica no deja de ser una máscara de la autoridad que nos impele a movilizarnos en determinada dirección, en este caso, a participar en esta fiesta de muertos vivientes a la que hoy llaman política, a ver si animamos el cotarro. Aquel sentido original que ligaba política y moral en tanto que ambas se ocupan de lo público, de lo común, del pueblo, de la gente, es el que está presente en la cotidiana convivencia con nuestros semejantes, con nuestro mundo, sin necesidad de acudir para ello a La Autoridad del Estado, ni a Autoridad alguna. Esto, al Estado, a la Historia, a la Filosofía, a sus voceros, les incomoda, pues su ambición es desmedida, y necesariamente desconfían del hombre libre.
Comentado por: v el 08/5/2011 a las 17:27
La moral empezó a interesar a la filosofía en el período helenístico, cuando se forjó y posteriormente cayó el imperio de Alejandro, desapareciendo las polis griegas, las ciudades-estado, con lo que la dimensión política del hombre (el hombre es por naturaleza un animal político, diría Aristóteles) se vió sumamente debilitada al encontrarse con estructuras políticas que superaban su capacidad de decisión. Antes de esto el ser moral y el ser político eran un todo, no se concebía la moral sin política y la política sin moral.
Debilitada la dimensión política se puso el acento en el individuo deslindado de la polis. Una moral individual. Aparecieron los sofistas, el Jardín de Epicuro y la Stoa de los estoícos. Epicuro recomendaba apartarse de toda actividad política, lo importante era uno mismo, no la comunidad, y la moral dependería exclusivamente del individuo, por tanto se establece un relativismo moral.
El pensamiento actual, las bases morales de la sociedad, del individuo, es producto de los neosofistas, cuya filosofía se adecua perfectamente al capitalismo.
Personalmente creo que una moral aristotélica no nos vendría nada mal, un compromiso con la comunidad de la que formamos parte, un interés que no sea meramente personal, un compromiso social en la medida que nos sea posible en una sociedad, en unas estructuras políticas descomunales cuya regulación cada vez es menos asequible a la decisión democrática de los individuos que la forman.
Comentado por: abc el 08/5/2011 a las 14:21
"Actualmente estamos notando que nos fallan los fundamentos. Entre el pensamiento y la realidad siempre hay un desfase, pero actualmente el desfase es tal.....
Ahí a ese comentario de p. querría tal vez decir algo.
Efectivamente ese desfase tan brutal entre la Vida y el Pensamiento (el Ser de los hombres), es de tal calibre que es la propia Vida nuestra, el Ser de lo Humano, lo que está en sumo peligro.
En esta Historia que marcha cada vez más en dirección de lo Virtual, ello conlleva un alejamiento cada vez más radical de la Vida, del Ser de la Vida.
"Allí donde está el peligro, allí tambien se encuentra al mismo tiempo la salvación de ese peligro": Hölderling.
Si así fuera parecería que nos encontrasemos muy seguramente en una tal tesitura; y que sería en el propio pensamiento donde estaría sobre todo la posibilidad y la esperanza de encontrar las formas y maneras de salir del atolladero al que nos vemos abocados.
De ahí, no ya la importancia, sino la necesidad del pensamiento filosófico; de la Política, de la Filosofía Política, del pensar de nuevo el Ser del Hombre, el Ser de la Vida, la Necesidad del Ser, su Posibilidad, las Fronteras.....
Sin un cambio de rumbo en dirección al Pensamiento, el mundo marcha parece que irremisiblemente tirado y llevado por una Economía que aboca cada vez más hacia el caos y la autodestrucción de lo Humano, del Ser del Hombre.
Pero por lo que parece (por lo que se ve por todas partes mayoritariamente) hay algo que nos lleva a proseguir en el actual camino del caos y el nihilismo;habría como una pulsión negativa que se plasma a través de la ironia y la indiferencia más radical; como si nos diese igual el rumbo que puedan tomar las cosas y adonde nos pueda llevar una Historia de la que nos desmarcamos y miramos cual si nos fuese ajena, como si fuese un espectáculo más en este mundo del espectáculo.
En este estado de las cosas sí que se dan y existen otros elementos, otras fuerzas que quieren ser positivas y buscadoras de otras posibilidades del Ser y lo Social, pero no dejan de ser bastante minoritarias y siendo así no pueden tener siquiera las mínimas opciones de siquiera mostrar esas posibles posibilidades.
La Historia anda más que jodida, pero tal vez, por si las moscas, no habría que olvidar la frase de Hölderling.- porque, al fin, no se sabe...
Comentado por: pe. el 08/5/2011 a las 11:28
Lo primero que el hombre hizo cuando supo de moral fue avergonzarse de su desnudez y proceder a cubrirse las vergüenzas. Encomiar el valor moral de La Filosofía es cosa muy propia de filósofos hipócritas, de pensadores castos y pudorosos que nos ocultan algo que no puede ser expuesto sin vergüenza. Pero acaso sólo el filósofo desvergonzado, que vence pudores, que desnuda, que desvela, que desenmascara, es el que merece llamarse con justicia filósofo; todo lo contrario del que hace de la Filosofía una máscara moral con la que adecentarse él y los suyos. La impudicia de los verdaderos filósofos es de todo punto inadecuada en sociedad, incomoda, molesta. Los Departamentos de Filosofía eran socialmente tolerados por su inocuidad y por su vieja tradición artesana de fabricantes de ideología, pero parece que esta tarea está hoy destinada a otros Organismos.
Comentado por: v el 08/5/2011 a las 03:28
Después de mucho tiempo en el que la filosofía parecía que estaba de capa caída ahora parece que vuelve con fuerza. Dicen que en Francia se publican cantidad de libros y se llenan horas de televisión con ella. Tal vez sea porque la filosofía se ocupa de lo fundamental y actualmente estamos notando que nos fallan los fundamentos. Entre el pensamiento y la realidad siempre hay un desfase, pero actualmente el desfase es tal que hay que volver a replanteárselo todo, empezando desde la base.
Comentado por: p. el 08/5/2011 a las 01:37
Estupendo post, como es habitual en lo que publica el Sr. Gómez Pin. De los mejores blogs que conozco.
Sobre lo que dice Kant: "el departamento de filosofía, siendo una unidad administrativa entre otras, habría sin embargo de constituir toda la universidad". Yo diría mejor que el espíritu de la flosifía debería regir por completo toda universidad. Pero, creo que ya lo dije hace tiempo, las Universades no están orientadas hacia la búsqueda de la sabiduría sino hacía el mundo profesional, tan carente siempre de búsqueda filosófica. El mundo profesional está absolutamente alejado de cualquier intención de desplegar la capacidad intelectiva y emocional de los hombres que no se adecue a sus intereses, mucho menos de propiciar la lucidez y el lazo fértil con los demás humanos y,como expresión de todo ello, la libertad. Esa es la cosa, yo creo.
Hay algo que me parece muy importante, esto de Aristóteles sobre los abismos que hacen del ser humano un ser esencialmente trágico. De acuerdo totalmente. Tanto tiempo después, seguimos a la búsqueda y localización de esos abismos.
Comentado por: Lu el 07/5/2011 a las 15:21
Excelente opinión. La utilidad de la filosofía está muy cuestionada en nuestros días. ¿Còmo influye la aplicabilidad de la ciencia en el desarrollo de la epistemología y la gnoseología? Visite: http://www.tendencias21.net/El-libre-albedrio-de-nuevo-discutido-en-neurologia_a1439.html
Comentado por: JOSÈ R. TREJOS M. el 07/5/2011 a las 02:56
Ante ello (la más que visible hegemonía del nihilismo generalizado, sería cosa de pensar y repensar qué es esa cosa del nihilismo; qué deseos e impulsos embarga, adonde puede conducir...
Pues si esto es lo que se impone históricamente deberíamos querer saber adonde nos conduce.
¿Encierra en si el nihilismo solo pura negatividad, o habría ahí otros elementos que acostumbrados como estamos a las formas positivas no sabríamos ver y discernir? Por ejemplo....
Comentado por: pe. el 05/5/2011 a las 11:06
Comentado por: Eduardo el 02/5/2011 a las 21:00
No siendo amigo de hiperelogios - pues ello entraña el gran peligro de inflar el yo,- muy mala cosa- sin embargo sí que hay que hacer honor a lo justo, y por ello admirar y elogiar esta sumamente inteligente y resumida y constreñida exposición del lugar de lo más justamente humano y de la desgracia en que nos encontramos en este nuestro tiempo que indignifica y abandona una posición sin la cual el mundo se convirte en un erial para la esperanza y nos cavamos las tumbas para la deshumanización radical de lo humano.- que al fin y al cabo es lo uniquito que en verdad tenemos.
Comentado por: pe. el 02/5/2011 a las 12:15
Comentado por: Pedro el 29/4/2011 a las 16:17
Comentado por: gómez el 29/4/2011 a las 14:50
Comentado por: Un bárbaro el 29/4/2011 a las 12:45
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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