Alma nacida en su cárcel
Felix de Azúa responde al último cruce de mensajes y evocando la tesis del gen egoísta de Richard Dawkins, se pregunta: "si somos simple portadores de nuestra información genética y no tenemos otra función en este mundo que transmitirla, hasta ahora mediante el semen, en el futuro quizás por otros medios ¿cómo podemos saber que nuestras pretensiones civilizatorias no son meras astucias del gen?"
Por otra parte Felix me indica que si el uso de la palabra "bestial" parece excesivamente cargada de connotaciones psicológicas no tiene inconveniente en sustituirla por el término "animal". Entiendo-y estoy de acuerdo- que lo esencial es que el término sirva para designar las disposiciones oscuras de los seres humanos. El punto de discusión está en el origen de tales disposiciones, y a mi juicio la genética pueda aportar en última instancia el criterio; la genética no tiene la última palabra.
La genética nos dice que (al igual que ocurre en las demás especies animales) las potencialidades del hombre están marcadas por un código que a su vez es fruto de la economía evolutiva. Pero la genética no penetra (no puede hacerlo, al menos por el momento) en el terreno del lenguaje, simplemente porque no se ve manera de ponerla en correlación con las disciplinas que se ocupan de los aspectos semánticos del lenguaje.
Es quizás relativamente fácil (de hecho tengo dudas) explicar la potencialidad, genéticamente determinada, que tiene la abeja para llegar a actualizar un sofisticado código de señales. Pero encontraríamos delirante que alguien proyectara reducir a expresión de un código determinado por la adaptación no digo ya las Soledades de Góngora, sino cualquier discurso de taberna en el que -hablando por hablar- los hombres dicen muchas tonterías, pero se complacen en las metáforas.
Mi sospecha es que todo lo que en nosotros designamos con el término "animal" o "bestial" procede sin embargo de esta fuente, que aquello que Freud designaba con el término "malestar" era realmente interior a la cultura.
Felix evoca en su escrito las argucias del gen. Yo más bien me atrevería a hablar de la limitación que supone para el fruto de los genes que somos la propia condición genética. Cárcel de un alma que no tiene otro origen que la cárcel misma, pero (por eso está en la cárcel) sabe su finitud y la maldice.
Sin duda cabe sospechar como en una frase de Coleridge citada por Felix ("Nuestras pretensiones metafísicas, juguetes que cuelgan del cabezal de un niño mortalmente enfermo") que todas nuestras aspiraciones digamos espirituales son viento. Pero el hecho mismo de que Coleridge lo diga de esta manera es ejemplo de lo imprevisible de nuestra reacción. Como la blasfemia movida por una intención precisa, a la que se refería Pavese, esa frase es en efecto "le meilleur témoignage que nous puissions donner de notre dignité"
Posdata
Mi ex alumno, el investigador Oscar Castro, interesado por las diferentes hermenéuticas relativas a la selección natural, me escribe formulando la siguiente pregunta, para la que obviamente carezco de respuesta:
"Si la ‘selección natural' es un hecho de facto, ¿quién es el agente seleccionador? A veces no comprendo las ideas neodarwinistas de selección y de estocástica combinadas donde la selectividad sea una fuerza ciega de la naturaleza. Si se generan atractores selectivos en función del ambiente, ¿el ambiente es el seleccionador? ¿o el ambiente es la resultante de los agentes seleccionados por la selección natural?
El asunto es una vez más el de la prioridad ontológica entre el huevo y la gallina. Y desde luego se complica enormemente cuando la selección natural afecta al único testigo de tal selección. Testigo que además se halla en condiciones de modificar el ambiente mismo y los atractores selectivos a los que Oscar Castro alude. No cabe (si se respeta el postulado de que en toda discusión filosófica la razón va por delante) repudiar la teoría de la selección natural. Pero sentado esto el problema no hace más que empezar. Exigencia cartesiana elemental es sentar los problemas filosóficos sobre terreno firme, pero, ¿qué firmeza tratándose del ser que establece los criterios de lo que cabe considerar firme?
[Publicado el 16/3/2011 a las 09:00]
"alma nacida en su cárcel"
Lindísima forma para hablar del ser de lo humano.
Cárcel de la que surge esa nuestra libertad, ¿no debería ser ella misma (la cárcel) espacio-germen de la posibilidad de libertad? En tal caso la misma cárcel estaría hecha de alma, de espíritu, contradiciendo su propia forma de cácel, de determinación.
Comentado por: a el 18/3/2011 a las 10:44
"El sujeto es como un ojo que ve el mundo desde un determinado lugar, pero que nunca consigue verse a sí mismo." (Wittgenstein) Nunca sabremos lo que somos, realmente.
Comentado por: angel el 17/3/2011 a las 13:04
No somos viento.Aunque en la respiración podamos descubrir los secretos de nuestras identidades.Y para tranquilidad de UN BÁRBARO,la responsabilidad moral es ineludible.Habrá quien se refugie en " el intelecto",pero éste si acaso puede obrar como un narcótico.No más.
Comentado por: Beatriz Basenji el 17/3/2011 a las 08:20
afortunadamente existe algo fuera del lenguaje de otra manera como pondriamos sus límites o piensa ud. que los límites se ponen desde dentro o peor aún que el lenguaje no tiene límites.
Comentado por: Aurelio el 17/3/2011 a las 08:10
El Alma no nace en cárcel alguna.Se dice que cada uno de nosotros ha elegido ESTA VIDA porque la creyó necesaria.Es posible que tengamos una memoria genética,transmitida por nuestros ancestros,lo cual puede comportar en sí tanto un tesoro de virtudes como lo opuesto.La mayoría de los seres, en algún momento de sus vidas estan en conflicto con ellos mismos.Porque no se aceptan tal como son.No nos podemos conformar con la simple idea de ser trasmisores de unos códigos genéticos.Por torpes que seamos, en algún instante llegaremos a comprender que lo que realmente nos hace ser quien somos es nuestro ESPÍRITU.El cual, se sospecha, es eterno.Ese es nuestro verdadero drama.Es nuestro espíritu el que posee una sabiduría mediante la cual nuestra mente humana se nutre y trasciende.Ahora bien: si vivimos enajenados a nuestra propia realidad,va a ser muy difícil llegar a conectarnos con la esencia de nuestro Ser espiritual.El quid de la cuestión radica en vencer nuestro YO.Y no lo vamos a vencer leyendo a Freud. (Pobrecito Freud ! ) Acaso con Jung,Erich Fromm, y otros, tengamos mas éxito.
He conocido seres que, si pudieran, se quitarian no solo todos los genes heredados de su padre,sino que hasta la última gota de sangre la cambiarían,dado el horror que este pater les causa.Pero lo asumen como un karma que les ha correspondido.No vamos subsidiados por la Vida con nuestro código genético.Sino mas bien al contrario.
Comentado por: Beatriz Basenji el 17/3/2011 a las 01:54
Pero el sólo hecho de apartarse para leer a Proust indica que no está en nuestro genes esta apetencia de lucha por el poder que se supone irremediable y natural en el hombre.
Comentado por: Un bárbaro el 17/3/2011 a las 00:49
Claro, Félix de Azúa, dice que esa cultura podría ser una manifestación más de nuestros genes. Si a eso añadimos que el cree que el capitalismo es algo natural, que siempre estuvo presente, queda claro que no tenemos más remedio que resignarnos a la explotación del hombre por el hombre, buscarnos nuestro particular hueco en la selva, lo más cómodo posible,lejos de ruidos, sangre y lucha por la vida y dedicarnos a leer a Proust mientras esperamos resignados la inevitabilidad de la muerte. Pero si quienes son capaces de leer y apreciar lo que significa Proust se apartan, no actúan, no hacen oir su voz, sabedores de que la única salvación posible es la que uno se procura para sí mismo, estaremos a merced de los hombres de acción, los mejor adaptados al medio inevitable de esta selva social, donde todo progreso es entendido como lo capaz de acrecentar la propia fuerza, el propio poder sobre los demás, donde todo está al servicio de este objetivo único, cada vez con una técnica más sofisticada, armas nucleares, patentes médicas y biológicas...en una lucha de todos contra todos que acabará por autodestruirnos.
Comentado por: Un bárbaro el 17/3/2011 a las 00:38
Del mismo modo que suponemos que una abeja no comprende una égloga de Garcilaso, me pregunto cómo podemos saber si las abejas no recitan poemas, o utilizan metáforas, en su particular lenguaje de signos. Si en nuestro estudio sobre la comunicación que las diversas especies animales tienen entre sí, no nos quedamos en la superficie, al igual que un poema recitado en japonés no supondría para mí sino una serie de sonidos ininteligibles. Es conocida la capacidad de los elefantes para reconocer los huesos de miembros de la manada muertos, cómo los huelen, los palpan y esconden los colmillos de marfil, sabedores, quizás, de que serán expoliados por los humanos. Su actitud ante los restos se ha calificado incluso como de culto. Quiero decir, si esto que orgullosos llamamos espíritu y lenguaje, no es más que algo perteneciente a todo ser vivo. Las tribus nativas americanas estaban convencidas de esto. Pero ¿y el arte, la pintura, la música, la literatura…? Nuevamente no son más que lenguajes humanos, con códigos humanos. Me pregunto si los animales no tienen también sus propios códigos artísticos que somos incapaces de comprender y que por tanto nos pasan tan desapercibidos como una pintura de Picasso a un ornitorrinco.
Pero la historia de todo, que comenzó hace no se cuantos post atrás, es si somos o no capaces de articular unas relaciones sociales que no añadan sufrimiento innecesario al sufrimiento que como seres vivos tenemos. Y ahí, estoy de acuerdo en que todo ese sufrimiento innecesario, gratuito, es producto fundamentalmente de nuestra cultura, y que por tanto puede ser aliviado actuando sobre esa cultura.
Comentado por: Un bárbaro el 17/3/2011 a las 00:05
Me saca de quicio esa fijación por quitarse de encima toda idea de responsabilidad moral acudiendo a un principio que quedaría fuera del alcance del lenguaje; da lo mismo que se le llame gen o pecado original. La fijación en ese tipo de ideas atufa a una apología de la resignación intelectual.
Comentado por: gómez el 16/3/2011 a las 11:12
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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