Swann en Griazowietz
Acaba de reeditarse en París un libro de Joseph Czapski, nacido en Praga en 1896, pero oficial del ejército polaco y prisionero del ejército soviético en el campo de Griazowietz entre 1940 y 1941. Su cosmopolita vida había transcurrido entre San Petersburgo, Cracovia, Paris y Londres, donde en 1926 aprovecha una larga convalescencia para leer con devoción el libro capital de Marcel Proust.
En el campo de Griazowietz, Czapski no dispone de ningún ejemplar de la obra, pero
À la Recherche du Temps Perdu opera en él retornando a su memoria en la forma singular descrita por el Narrador, es decir, con la acuidad de lo presente y la singular emoción que sólo otorgan la distancia y el recuerdo. En una de las dependencias del campo, en el refectorio de un antiguo convento, sin apoyo escrito alguno, Czapski cita párrafos enteros de Proust ante sus compañeros, haciéndoles "revivir un mundo que nos parecía perdido para siempre". Y así Charles Haas, judío parisino frecuentador de elegantísimos ambientes mundanos y una de las claves del personaje de Swann, viene a formar parte de las referencias de los contertulios en aquel horizonte de sombras.
Singular prueba para Czapski de que "somos capaces de pensar y ser receptivos a las cosas del espíritu que nada tienen que con nuestra realidad". Singular prueba, añadiré por mi parte, de la irreductible singularidad de la condición humana.
[Publicado el 11/3/2011 a las 09:00]
no sirve ( todo lo que se quisiera - desgraciadamente-) para evitarlo, pero (volviendo a lo mismo) sirve para que la vida pueda sobrevivir. Lo cual, bien pensado, tal vez no sea poco, sino mucho más a lo que tal vez podamos aspirar realmente.
Comentado por: b el 16/3/2011 a las 01:24
Comentado por: Un bárbaro el 15/3/2011 a las 16:59
"En busca del tiempo perdido" , quizás Proust recuperó el tiempo perdido pero no pudo crear tiempo nuevo.
Comentado por: el que nos ha tocao el 14/3/2011 a las 08:18
"Hasta que la filosofía no consolide
el edificio de este mundo,
Natura regulará sus engranajes
con el hambre y el amor"
Schiller.
Comentado por: Un bárbaro el 13/3/2011 a las 22:42
Así es: irreductibles, a pesar de todo, al dominio y los poderes totalizantes, al capital, el valor; irreductibles a cualquiera forma del Ser, a cualquier fijación o eternidad de verdad cerrada y total. incluso aquellas prometen los paraisos o los mundos felices, plenos y mejores.
Comentado por: a el 13/3/2011 a las 20:11
Comentado por: en fin el 13/3/2011 a las 18:10
Me han recordado aquella vieja canción (pero tan actual):
http://www.youtube.com/watch?v=E_cyY1Wpb-U
Comentado por: Pedro el 13/3/2011 a las 01:32
Comentado por: Boecio el 12/3/2011 a las 23:52
No sé si se refiere a mí, boecio o fenicio o como se llame, pero si es así le diré que yo no equiparo nada: yo pongo las capacidades animales muy por encima de las humanas, si es que se puede hacer esa dicotomía entre hombre/animal. Las capacidades del hombre (la del habla, singularmente) son una verdadera desgracia, para él y para el resto de seres vivos. El hombre es el ser más abyecto (el único) de la creación, un error imperdonable de los dioses.
Comentado por: ossa el 12/3/2011 a las 21:00
Hace ya muchos años que leí "En busca del tiempo perdido", pero sigo teniendo tan presentes a sus personajes como si los hubiera conocido en persona.
Comentado por: gómez el 12/3/2011 a las 00:12
Siempre he encontrado ridículo intentar equiparar las facultades humanas con las animales. No tiene sentido.
Comentado por: Boecio el 11/3/2011 a las 14:58
Respeto mucho al doctor Pin, pero su obsesión por la singularidad del hombre me parece que ya alcanza niveles religiosos. ¡Seres de razón y lenguaje! ¡Somos singulares! Pues sí, seguramente. Y qué me dice del oso polar, capaz de olfatear una foca a 45 kilómetros de distancia. Un poco singular es también el oso polar, ¿no? Y a mí me parece que la excelencia olfativa es una característica singular tan destacable, al menos, como la triste capacidad racional del hombre, que se equivoca nueve veces de cada diez, y la vez que acierta es porque se deja llevar por el instinto.
Comentado por: ossa el 11/3/2011 a las 11:13
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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