El colapso de la social democracia (I): el imperio de lo que cabe hacer
Cuando se consumó el anunciado desmoronamiento de la Unión Soviética, la reacción general fue a la vez de estupor (¿quién podría suponer que un formidable imperio cuyo ejército había vencido al nazismo, se rendiría sin disparar prácticamente un sólo tiro?) y de aprobación, ya fuera por lo que precipitación de los acontecimientos tenía de espectáculo gratuito, ya fuera por la propaganda imparable que predecía una universal era de libertad.
Sin duda en el bloque soviético, la permanente amenaza que suponía la guerra fría, la renuncia a la universalización del sistema socialista, el nihilismo respecto a las propias posibilidades de competir (en coexistencia pacífica) con un sistema cuya esencia es la competencia, habían tenido como resultado la canalización de las energías hacia el control paranoico de la población. Interna y externamente fue inevitable que el proyecto comunista quedara identificado al de un sistema policíaco e inoperante, o incluso policíaco por inoperante. Sin embargo, mientras se derrumbaba el muro de Berlín, una persona en mi entorno se atrevió a avanzar esta inquietante frase: "Quizás todo esto sea efectivamente bueno para los trabajadores de Moscú o de Berlín Este, está por ver si lo será para los trabajadores de Lyon o de Hamburgo. Pues bien, lo que entonces estaba por ver se ha ido viendo poco a poco, y pasados ya veinte años el asunto está sentenciado: para los trabajadores de Lyon de Hamburgo, o de Barcelona... el desmoronamiento de la Unión Soviética ha sido simplemente una catástrofe.
Pues sin contrapunto en un bloque socialista, sin el polo dialéctico que dificultaba la libre realización de sus tendencias, el sistema de mercado se ha convertido en un angosto camino en el que mientras das pruebas de vigor serás tolerado, pero si desfalleces, serás aparcado en los arcenes. El taxista que trabajaba 35 horas trabaja hoy sin rechistar 50, y el empleado parisino autorizado por ley a una formación complementaria en actividades no necesariamente vinculadas a su profesión, y que podían eventualmente responder a exigencias cognoscitivas o creativas, sólo puede hoy responder con un sarcasmo al que le evoque reivindicaciones de ese tipo.
Entre tanto, sectores de la población que en Lyon votaban al Partido Comunista hoy votan a políticos filo-lepenistas, y aquellos obreros de Flandes que mantenían alianza de intereses con los de Walonia y se manifestaban en función de los mismos, hoy pueblan las filas del partido ultra-nacionalista ganador de las elecciones y proclaman que los males de su país se deben fundamentalmente a la unión con los poco competitivos (y en consecuencia, para ellos poco recomendables) walones.
Todo esto obviamente no ha ocurrido por azar. Y desde luego no se trata de una historia de malos y buenos. Se trata más bien del Mal, sustantivo y casi sujeto, cuando mínimo substrato, y que se recrea en múltiples epifanías. Ese mal por el que la energía antes encaminada a la protesta es hoy sofocada, o-lo que es peor- derivada hacia el resentimiento.
Estoy en efecto diciendo que la situación actual no tiene otra perspectiva que la acentuación del enajenamiento de capas mayoritarias de la población, la progresiva usura de sus derechos y la canalización de su inevitable desazón hacia el desprecio del considerado en situación de mayor debilidad. Se trata en suma de que no es viable que el sistema de mercado se auto-regule a través de leyes con contenido social; no es viable que se eviten las situaciones extremas (como lo que suponían esos cuatrocientos veinte euros cuya supresión el mando exigió al gobierno español); no es viable, en suma, el proyecto de la socialdemocracia.
La socialdemocracia funcionaba en Suecia, en la Alemania de Schmidt, y hasta parcialmente en los Estados Unidos de Johnson, en razón de que la ley pura del mercado era imposible: su aceptación hubiera generado un tremendo movimiento de resistencia, inmediatamente utilizado por el bloque socialista. Se daba así la circunstancia de que "el estado era a la vez el protector y el regulador de la economía y de los mercados, de suerte que la distribución de los ingresos no se hiciera siempre en detrimento de las capas más desfavorecidas de la población"; se daba entonces, en suma, esa intervención en la economía capitalista no siempre conforme a la lógica del capitalismo mismo que constituye la esencia de la socialdemocracia.
La cita que precede es de G. Corm, ex-ministro de finanzas del Líbano y defensor de un grado de intervencionismo, para el cual simplemente no se dan las condiciones sociales de posibilidad. Pues una política efectivamente socialdemócrata no es cuestión que decidan libremente unos cuantos más o menos poderosos. Es algo que constituye para el sistema capitalista un mal menor, sólo viable cuando hay riesgo de mal absoluto, cuando el sistema de mercado tiene poderosísimo contrapunto, susceptible de provocar su derrota.
En el mismo artículo, publicado en varios países, el citado G. Corm, se pregunta: " ¿No sería hora, pues de abandonar discusiones estériles sobre el diálogo de religiones y civilizaciones ...?¿No sería hora de abordar de forma inteligente y matizada los problemas reales de millones de parados...de campesinos desarraigados... de inmigrantes pobres a los que se ha tentado con el paraíso y que mueren en la travesía del Mediterráneo"
Ingenua interrogación, desde luego, en quien evoca a Hegel, y a otros grandes de la tradición ilustrada, Marx incluido. Viene a pedirle al señor Zapatero, es un ejemplo, que se deje de monsergas sobre la convergencia de civilizaciones y aplique el programa de intervencionismo socialdemócrata con el que se presentó a las elecciones. Pues bien:
Si el señor Zapatero abandonara sus sermones biempensantes (cosa efectivamente hoy poco relevante, ante la brutalidad de los hechos, los cuales determinan su política efectiva) sería para consagrarse con mayor atención a obedecer, es decir, a aplicar la sentencia evangélica (aquí varias veces evocada) según la cual "al que tiene le será dado y al que no tiene le será arrancado". Obediencia que le granjeará sin duda la crítica de los parados (de larga o corta duración), pero los elogios del señor Sarkozy, quien recientemente lo puso (a la par que a la señora Merkel), como ejemplo de político responsable, es decir, "sea de izquierdas o derechas", político que, sabiendo lo que cabe hacer, no se le ocurre hacer lo que no cabe.
El imperio de lo que cabe hacer, rapiña del débil, es sin embargo vigoroso fertilizante para la simiente del mercado: "han de morir los niños y... ha de crecer la hierba".
[Publicado el 16/12/2010 a las 09:00]
Parece un lugar común en la Izquierda sostener que la URRS fue la locomotora que facilitó la efímera luna de miel entre capital y trabajo durante la posguerra europea.Hay otros factores tales como la escasez de mano de obra como consecuencia de la guerra,la necesidad de reconstrucción de ciudades,industria,infraestructuras...,la relevancia que los partidos proletarios alcanzaron por el papel desempeñado en la derrota del fascismo,un desarrollo técnico formidable asociado a una aceleración de la depredación planetaria de recursos que proveyó de materias primas baratas y abundantes.
Por el contrario,la experiencia del socialismo real apartó,ya en los inicios Fernando de los Rios señaló las contradicciones existentes,a numerosos intelectuales y la propia influencia del PCUS,aún perceptible hoy en día,en los partidos nacionales acentuó su tendencia a la esclerosis y el corporativismo.
Comentado por: Maleas el 01/1/2011 a las 19:29
A "un social demócrata":
La cita evangélica es de Lucas 8, 18.
El señor Pin no sólo la saca de contexto, sino que la manipula a su antojo, no se sabe si por ignorancia o por puro oportunismo.
La frase evangélica se refiere a la enseñanza de la verdad de Cristo. En el versículo completo se empieza exhortando a los discípulos para que conozcan bien la doctrina de Cristo y la practiquen. Luego se dice esto, que significa que el conocimiento del Logos encarnado es progresivo y requiere un inicio; por contra, el descuido en ese conocimiento reportará una ignorancia total: "...se le quitará aun lo que cree tener".
Ya ve usted la relación con lo que está tratando aquí el señor Pin. Como para fiarse de lo que dice, vamos.
Comentado por: vaya el 28/12/2010 a las 12:40
Pues a mí también me da que la caída del bloque comunista no ha sido la causa, al menos directamente, del enseñoramiento del liberalismo, dígase si se quiere, salvaje. Como se observa en otros comentarios, más creo que la globalización hace prácticamente imposible volver al keynesianismo clásico. Me parece muy significativa la guerra de divisas, que para mí es una señora guerra, que se libra hoy día.
Comentado por: alberto el 25/12/2010 a las 11:26
Cuando el Sr. Pin filosofa, cuando nos muestra sus esfuerzos por el maridaje de la metafísica con la mecánica cuántica, me interesa. Cuando habla de toros, o de política, me aburre.
Comentado por: ossa el 21/12/2010 a las 18:40
Socialdemócrata, creo que no ha leído bien o no ha entendido bien a Gómez Pin.
Lo que cabe hacer, no es la filosofía económica de la socialdemocracia, sino del neoliberalismo. Usted parece entender todo esto en clave exclusivamente económica, cuando lo que en realidad subyace es el triunfo de una ideología, en este momento histórico, la del neoliberalismo.
El comunismo, con todas sus taras, que nadie discute, tuvo como principal virtud la de servir de alternativa al capitalismo más salvaje. La ideología neoliberal se contenía en Europa por temor al contagio de los pueblos del occidente de la ideología comunista. Una vez que esta desaparece y se estigmatiza, el neoliberalismo puede imperar a sus anchas, y no serán los socialdemócratas, con su paños calientes, con sus componendas políticas, los que detengan al neoliberalismo en su ideología de lo que cabe hacer.
Saludos.
Comentado por: . el 20/12/2010 a las 21:27
Me resulta curiosamente sorprendente como una proposición tan fuerte, como es la de decir que el proyecto de la social democracia no es viable, se defienda e intente argumentar de una forma tan simple y débil, sin ningún tipo de análisis económico serio de fondo y con clarísimas deficiencias en su forma.
No tiene demasiado fundamento, y me parece rotundamente increíble, argumentar todos los males de la economía global a la desaparición de otro polo dialéctico, la extinta URSS, situado a miles de kilómetros y con otro sistema económico, que difícilmente podía en época comunista ejercer alguna influencia sobre el mercado libre. ¿A qué viene eso ahora? ¿O es que el sistema productivo de la Rusia zarista ejercía también influencia sobre el mercado inglés de la época victoriana?
A lo largo de todo el texto subyace latente la idea de que el comunismo es la gran panacea a la crisis actual, y de la gran catástrofe que fue el desmoronamiento de la Unión Soviética. No sé si a nivel filosófico, o como mero artificio, tendrá algo que ver, pero a niveles prácticos reales creo que no hay relación directa entre las condiciones de los trabajadores de Lyon con la caída del Muro. Señor Gómez Pin, explíquenos con algún ejemplo más claro y a poder ser con datos económicos qué tiene que ver una cosa con la otra, las condiciones laborales de Lyon con la caída de la URSS. Quizá cree Ud. que las condiciones de vida y trabajo en Lyon, por muy duras que sean, no son mejores que cualquiera de Beijing o Xixuan. El polo dialéctico no ha desaparecido, ahora el otro polo está en China. Por lo tanto, el empeoramiento de la situación actual no es debido al desmoronamiento del Muro. ¿Qué intenta vendernos entonces con tanta palabrería?
Más adelante habla Ud. del Mal, sustantivo y casi sujeto, (¿dónde están los fantasmas?), el cual era el dinamizador de cualquier protesta, hoy día sofocada. ¿Es eso verdad? ¿Y el otro polo dialéctico de hoy día que es China, no sirve para poner en pie de guerra a toda la clase trabajadora? ¿O es que en realidad, la falta de iniciativa de esta clase trabajadora responde a otros múltiples factores de índole más compleja? ¿No se estará enquistando señor Gómez Pin en un sueño no cumplido?
Ese riesgo de Mal absoluto al que hace referencia, y que sería el terror del mercado capitalista y el acicate de la clase obrera, pero ficticio desde mi punto de vista, estaría localizado hoy día en China, como ya hemos comentado anteriormente. A pesar de ello, hay sociedades que siguen funcionando, mejor o peor, en plena crisis o sin ella. Lo que me parece insólito es que ante un momento de crisis lo único que se le ocurra sea evocar a la extinta Unión Soviética y a su sistema. ¿Acaso no ha habido más crisis en la historia, incluso con el comunismo vivo y en plena vigencia? ¿O es que siempre ha sido este sistema social el único alternativo ante una crisis o desajuste económico? Lo más grave es que se nos olvide que la libertad está por encima de cualquier ideología, sistema político y religión, incluso diría yo que estaría por encima de esa igualdad imperativa y uniforme que adocenaba, anestesiaba, manipulaba y anulaba a todo individuo en el sistema comunista.
En la cita del ex Ministro de finanzas del Líbano que Ud. adjunta, para el cual simplemente no se dan las condiciones sociales de posibilidad, lo que habría que hacer es favorecer que estas condiciones sociales a las que él apunta pudieran ser viables facilitando a este respecto una política y acción posibilista, ¿no le parece? Sin embargo, Ud. lo finiquita diciendo que la solución solamente ocurriría con la presencia un riesgo de mal absoluto, cuando el sistema de mercado tenga un poderosísimo contrapunto, susceptible de provocar su derrota. ¿No suena esto a algo completamente pueril? ¡Cuidado niños, que viene el coco, y si no el hombre del saco! Sinceramente, me parece poco serio. El citado G. Corm hace a continuación unas preguntas muy interesantes, pero para Ud. son ingenuas interrogaciones. Sí Señor Gómez Pin, todos somos unos ingenuos y Ud. está en posesión de la verdad. Esa verdad que nos vendrá impuesta con el desahuciado sistema de la extinta Unión Soviética. ¿A qué viene ese afán de resucitar a un muerto, la extinta Unión Soviética, cuando en realidad está más que demostrado que fue un sistema opaco, inoperante, y con flagrantes ataques hacia los derechos humanos. ¿Acaso no es todo su artículo un ejercicio nostálgico? “Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, sí señor Gómez Pin, y esta frase se repite generación tras generación, lo mismo que las nuevas generaciones tienen que aguantar todas las historias del abuelo cebolleta.
¿No sería más serio escuchar a expertos en economía, bien formados y bregados en estos temas, que además tuvieran ideales de corte humanista y compromiso social? ¿No sería mejor intentar aplicar algo nuevo que nos llevara a la implantación e implementación de una economía sostenible? ¿No será mejor todo esto que imponer un parcheo totalitario, ineficaz e inoperante como el comunismo?
Estoy de acuerdo con Ud. en que no es viable que el sistema de mercado se autorregule, pienso que deben ser los ciudadanos y nos los mercados los que dirijan la regulación del sistema, pero decir de un plumazo que el proyecto de una social democracia no es viable, ¿no será que Ud. confunde neoliberalismo radical con una verdadera social democracia comprometida? Aparte de esto, Ud. define la social democracia como el imperio de lo que cabe hacer, ¿quizá nos quiere decir entonces que la definición de su propuesta de vuelta al comunismo se podría resumir como el imperio de lo que cabe hacer para unos pocos anulando la opinión de todos los demás?
Yo no tengo la solución a este problema, y lo que está ocurriendo en este momento sin duda alguna es grave, pero me parece pueril echar mano de los ideales comunistas y evocar a la extinta URSS como solución. Además, se podría caer en graves infracciones a los derechos humanos como los de Andréi Sajarov, Alexander Soljenitsin, y abriendo el abanico a todos los comunismo también nos encontraríamos con el caso de Liu Xiaobo. ¿o es que estos grandes personajes no cuentan para Ud.?
Seguramente es Ud. de los que piensan que es preferible la injusticia al caos, y si no es así, ¿cómo justifica los casos de los personajes antes citados?
Terminando, ¿nos podría indicar exactamente en que lugar del evangelio se cita la frase que Ud. señala que es evangélica? Teniendo en cuenta la numeración del texto bíblico será muy fácil hacernosla encontrar, aunque supongo que le costará un rato ya que al parecer se la ha sacado de la chistera sin más.
Para finalizar, no es que el modelo de Unión Soviética este defenestrado, es que prácticamente está muerto, y Ud. adolece de una nostalgia cuasi patológica. Le sugiero que deje de leer manifiestos comunistas y que lea un poco a Voltaire, y como no, aderezarlo con un poco de literatura, Stevenson o Chesterton por ejemplo. De esta forma quizá consiga superar esa fiebre comunista, la cual parece que le está afectando demasiado.
Un social demócrata.
Comentado por: un social democrata el 20/12/2010 a las 18:49
Me resulta curiosamente sorprendente como una proposición tan fuerte, como es la de decir que el proyecto de la social democracia no es viable, se defienda e intente argumentar de una forma tan simple y débil, sin ningún tipo de análisis económico serio de fondo y con clarísimas deficiencias en su forma.
No tiene demasiado fundamento, y me parece rotundamente increíble, argumentar todos los males de la economía global a la desaparición de otro polo dialéctico, la extinta URSS, situado a miles de kilómetros y con otro sistema económico, que difícilmente podía en época comunista ejercer alguna influencia sobre el mercado libre. ¿A qué viene eso ahora? ¿O es que el sistema productivo de la Rusia zarista ejercía también influencia sobre el mercado inglés de la época victoriana?
A lo largo de todo el texto subyace latente la idea de que el comunismo es la gran panacea a la crisis actual, y de la gran catástrofe que fue el desmoronamiento de la Unión Soviética. No sé si a nivel filosófico, o como mero artificio, tendrá algo que ver, pero a niveles prácticos reales creo que no hay relación directa entre las condiciones de los trabajadores de Lyon con la caída del Muro. Señor Gómez Pin, explíquenos con algún ejemplo más claro y a poder ser con datos económicos qué tiene que ver una cosa con la otra, las condiciones laborales de Lyon con la caída de la URSS. Quizá cree Ud. que las condiciones de vida y trabajo en Lyon, por muy duras que sean, no son mejores que cualquiera de Beijing o Xixuan. El polo dialéctico no ha desaparecido, ahora el otro polo está en China. Por lo tanto, el empeoramiento de la situación actual no es debido al desmoronamiento del Muro. ¿Qué intenta vendernos entonces con tanta palabrería?
Más adelante habla Ud. del Mal, sustantivo y casi sujeto, (¿dónde están los fantasmas?), el cual era el dinamizador de cualquier protesta, hoy día sofocada. ¿Es eso verdad? ¿Y el otro polo dialéctico de hoy día que es China, no sirve para poner en pie de guerra a toda la clase trabajadora? ¿O es que en realidad, la falta de iniciativa de esta clase trabajadora responde a otros múltiples factores de índole más compleja? ¿No se estará enquistando señor Gómez Pin en un sueño no cumplido?
Ese riesgo de Mal absoluto al que hace referencia, y que sería el terror del mercado capitalista y el acicate de la clase obrera, pero ficticio desde mi punto de vista, estaría localizado hoy día en China, como ya hemos comentado anteriormente. A pesar de ello, hay sociedades que siguen funcionando, mejor o peor, en plena crisis o sin ella. Lo que me parece insólito es que ante un momento de crisis lo único que se le ocurra sea evocar a la extinta Unión Soviética y a su sistema. ¿Acaso no ha habido más crisis en la historia, incluso con el comunismo vivo y en plena vigencia? ¿O es que siempre ha sido este sistema social el único alternativo ante una crisis o desajuste económico? Lo más grave es que se nos olvide que la libertad está por encima de cualquier ideología, sistema político y religión, incluso diría yo que estaría por encima de esa igualdad imperativa y uniforme que adocenaba, anestesiaba, manipulaba y anulaba a todo individuo en el sistema comunista.
En la cita del ex Ministro de finanzas del Líbano que Ud. adjunta, para el cual simplemente no se dan las condiciones sociales de posibilidad, lo que habría que hacer es favorecer que estas condiciones sociales a las que él apunta pudieran ser viables facilitando a este respecto una política y acción posibilista, ¿no le parece? Sin embargo, Ud. lo finiquita diciendo que la solución solamente ocurriría con la presencia un riesgo de mal absoluto, cuando el sistema de mercado tenga un poderosísimo contrapunto, susceptible de provocar su derrota. ¿No suena esto a algo completamente pueril? ¡Cuidado niños, que viene el coco, y si no el hombre del saco! Sinceramente, me parece poco serio. El citado G. Corm hace a continuación unas preguntas muy interesantes, pero para Ud. son ingenuas interrogaciones. Sí Señor Gómez Pin, todos somos unos ingenuos y Ud. está en posesión de la verdad. Esa verdad que nos vendrá impuesta con el desahuciado sistema de la extinta Unión Soviética. ¿A qué viene ese afán de resucitar a un muerto, la extinta Unión Soviética, cuando en realidad está más que demostrado que fue un sistema opaco, inoperante, y con flagrantes ataques hacia los derechos humanos. ¿Acaso no es todo su artículo un ejercicio nostálgico? “Cualquiera tiempo pasado fue mejor”, sí señor Gómez Pin, y esta frase se repite generación tras generación, lo mismo que las nuevas generaciones tienen que aguantar todas las historias del abuelo cebolleta.
¿No sería más serio escuchar a expertos en economía, bien formados y bregados en estos temas, que además tuvieran ideales de corte humanista y compromiso social? ¿No sería mejor intentar aplicar algo nuevo que nos llevara a la implantación e implementación de una economía sostenible? ¿No será mejor todo esto que imponer un parcheo totalitario, ineficaz e inoperante como el comunismo?
Estoy de acuerdo con Ud. en que no es viable que el sistema de mercado se autorregule, pienso que deben ser los ciudadanos y nos los mercados los que dirijan la regulación del sistema, pero decir de un plumazo que el proyecto de una social democracia no es viable, ¿no será que Ud. confunde neoliberalismo radical con una verdadera social democracia comprometida? Aparte de esto, Ud. define la social democracia como el imperio de lo que cabe hacer, ¿quizá nos quiere decir entonces que la definición de su propuesta de vuelta al comunismo se podría resumir como el imperio de lo que cabe hacer para unos pocos anulando la opinión de todos los demás?
Yo no tengo la solución a este problema, y lo que está ocurriendo en este momento sin duda alguna es grave, pero me parece pueril echar mano de los ideales comunistas y evocar a la extinta URSS como solución. Además, se podría caer en graves infracciones a los derechos humanos como los de Andréi Sajarov, Alexander Soljenitsin, y abriendo el abanico a todos los comunismo también nos encontraríamos con el caso de Liu Xiaobo. ¿o es que estos grandes personajes no cuentan para Ud.?
Seguramente es Ud. de los que piensan que es preferible la injusticia al caos, y si no es así, ¿cómo justifica los casos de los personajes antes citados?
Terminando, ¿nos podría indicar exactamente en que lugar del evangelio se cita la frase que Ud. señala que es evangélica? Teniendo en cuenta la numeración del texto bíblico será muy fácil hacernosla encontrar, aunque supongo que le costará un rato ya que al parecer se la ha sacado de la chistera sin más.
Para finalizar, no es que el modelo de Unión Soviética este defenestrado, es que prácticamente está muerto, y Ud. adolece de una nostalgia cuasi patológica. Le sugiero que deje de leer manifiestos comunistas y que lea un poco a Voltaire, y como no, aderezarlo con un poco de literatura, Stevenson o Chesterton por ejemplo. De esta forma quizá consiga superar esa fiebre comunista, la cual parece que le está afectando demasiado.
Un social demócrata.
Comentado por: un social democrata el 20/12/2010 a las 18:47
Todo muy cierto y grave, pero no por ello menos posible. El tercer mundo, o lo que podemos imaginar de él, existe de manera rotunda, insoslayable. El futuro tal vez pase por un modelo parecido. Es decir, cabría imaginar a Barcelona, Madrid o Munich bajo cierto o manifiesto barniz de pobreza estructural. Una vaticinada desaparición de la clase media, polarización social, orden público relativo. Cordones sanitarios donde la clase media-alta se refugia del devenido lumpen proletariado, respetando la clasificación al uso. Un modelo inspirado en la sociedad del Way of Life global, donde la conciencia de clases no existe por omisión del sujeto histórico, doblegado a la subsistencia, desorganizado y marginal. Las relaciones de dominio no serán sustituidas, amparadas en un sistema capitalista practicamente insustituible
Comentado por: Athew el 19/12/2010 a las 20:59
Comentado por: Un bárbaro el 17/12/2010 a las 15:45
Totalmente de acuerdo, pero ¿qué se puede hacer?, ¿cómo cree usted que será el futuro en los próximos 20 años? ¿hay una conciencia de la población que le permita una resistencia frente a los atropellos del poder económico? ¿no tenemos más remedio que resignarnos ante un sistema económico inhumano?
Comentado por: Un bárbaro el 16/12/2010 a las 16:37
Muy bien. El panorama es más que desolador en este tiempo de pura gestión de mercancías, incluyendo en ellas a los seres humanos. Para mi, a pesar de la posible vagüedad de esta fórmula, es una suerte de fascismo que todo lo impregna. La red y maraña está tejida de tantas formas por este capitalismo financiero...Pero hay que nombrar y señalar al emperador y llamarlo criminal. Porque uno de los problemas es que en el discurso aparece totalmente favorecido.
Comentado por: Rubén el 16/12/2010 a las 12:55
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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