A precio nulo
El abogado francés Jacques Vergès, defensor en los años de plomo de los resistentes argelinos (muchos de ellos torturados salvajemente) y en general de militantes considerados de extrema izquierda ( incluida Magdalena Kopp, integrante de la banda Baader Meinhof) sorprendió a muchos cuando asumió la defensa del terrorista Carlos, pero sobre todo al aceptar defender a un nazi conocido como el verdugo de Lyon, el cual, anciano y enfermo, había sido extraditado desde Bolivia a Francia. El propio Vergès contaba su percepción del juicio, cuya primera secuencia sintetizo aquí de memoria:
La expectación había hecho habilitar una enorme zona de pasos perdidos. Acosado por las cámaras e insultado por el público, al acceder a la sala, Vergès se encuentra con la mirada fija de una treintena de colegas que representaban a la acusación. Tras saludarle, una de las letradas le avanzó que sería enormemente puntillosa y enfatizaría lo insoportable de los cargos para el sentimiento moral de los franceses. Dado que el turno de esta colega era tardío, Vergès le respondió con ironía: "No te lo aconsejo, una vez oídos los tres primeros letrados será difícil que el jurado siga siendo receptivo al recuento de emociones que no se experimentan".
Jacques Vergès, obviamente no justificaba los hechos de los que el antiguo nazi era acusado. Su decisión de defenderle se sustentaba probablemente en la convicción moral de que los crímenes objetivos pesaban menos en boca de los acusadores que las razones para ofrecer una vez más ante el ciudadano francés (tantas veces comprometido de hecho con las atrocidades de la ocupación en el pasado y con los comportamientos lepenianos en el presente) una representación del mal que le permitiera sentirse del buen lado a precio nulo.
Este es el quid del asunto: a precio nulo se sitúa uno del buen lado en asuntos morales, como a precio nulo se juzga sobre lo impactante de la obra de arte. En lo que a cuestiones morales se refiere, no se trata obviamente de repudiar la memoria del pasado. Se trata de poner de relieve las estructuras sociales que explican la pasividad, cuando no complicidad de gran parte de la sociedad (francesa en este caso) en lugar de reducir el problema a la acción contingente de individuos, lo cual sirve más bien de coartada para distraernos de los horrores del presente, o aun para ajustes de cuentas relativos al mismo. Precisamente porque Francia nunca asumió realmente su pasado colaboracionista, el juicio de Klaus Barbie tenía efectivamente cierto carácter de mero espectáculo, dónde un individuo el obligado a encarnar el mal que en realidad a casi todos concierne.
Y con todos los matices que se quiera lo que digo de Francia puede aplicarse a España: conservar la memoria del franquismo y asumir el grado en el que marcó la vida de tantos españoles es precisamente la condición de que en un futuro no pueda servir de diversión la crucifixión simbólica de algún superviviente erigido en azaroso responsable individual. Lo cual por otro lado sería perfectamente compatible con la recuperación de valores franquistas bajo formas asépticas y compatibles con las formalidades de la democracia.
[Publicado el 01/12/2010 a las 09:00]
"En los aledaños del infierno", tercer libro y primera novela del poeta Abelardo Martínez, finalista del XX Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, uno de los más importantes de las letras españolas.
Comentado por: Poemasdesdelaprision el 09/12/2010 a las 00:09
cuáles serían esas estructuras sociales y si no siguen vigentes a pesar del cambio de modelo político, que hacen que, por ejemplo, un franquista convencido sea actualmente un demócrata convencido, esa aspiración permanente a no desentonar, a ser un ciudadano modelo, una persona correcta, tanto en una tiranía como en una democracia, a no cuestionar la doctrina moral e ideológica triunfante en la sociedad, y no por miedo, sino asumiéndola como propia, necesaria y correcta
Comentado por: Un bárbaro el 06/12/2010 a las 01:16
Supongo que la complicidad ciudadana que se da en semejantes regímenes es una cuestión de supervivencia individual. Hace poco tiempo leí 'Todo fluye' de Vasili Grossman, donde se narra la crueldad comunista contra la sociedad rusa. Ingenuamente trataba de pensar algunos modos con los que se podría haber parado o evitado tan sangrante represión. En lo único que coincidía una y otra vez es que su gran fuerza consistía en infundir un terror tal que nadie cuestionara la colaboración con la salvaje maquinaria del estado soviético. Y preocupa saber que no estamos libres totalmente de este viejo recurso los que ahora vivimos bajo las democracias... Un saludo!
Comentado por: David Nieto el 05/12/2010 a las 15:41
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
30/5/2012 05:29
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