Retorno a la pregunta por la cosa
En el texto anterior me sustentaba en consideraciones de dos físicos separados por casi un siglo a fin de poner de relieve que para abrirse a la interrogación filosófica es suficiente considerar las aporías a las que se ven abocados esos mismos físicos en cuanto dan un paso más allá de la descripción de los fenómenos, en cuanto asumen el peso de las implicaciones meramente teóricas de su propia disciplina. Trabajar hoy en física conduce inevitablemente a la pregunta ontológica, concretamente a la interrogación avanzada desde al menos Aristóteles y retomada en términos explícitos por Heiddeger sobre la cosa, no tal o tal cosa sino lo que se predica en general cada vez que nos referimos a una cosa: pregunta, si cabe decirlo así sobre la coseidad de la cosa (thingness of things, en la expresión de veta heideggeriana de Isham).
Pero, ¿como se concretiza esta pregunta? Abandono aquí a Heiddegger y me limito a acercarme a la interrogación con la ayuda simplemente de los físicos y en los términos que son comprensibles a partir del trabajo de los mismos.
En primer lugar se trata de una interrogación lógica y conceptual. Cuando reconocemos algo como tal o tal, estamos implicitamente utilizando una serie de principios y conceptos generales que sería un círculo vicioso cosificar, es decir considerar a su vez como cosas, puesto que constituyen la condición de posibilidad de que las cosas se den para nosotros. Para dar un ejemplo claro: si califico lo que está ante mí de silla, estoy utilizando una gran cantidad de conceptos implícitos que hacen que no lo confunda con, por ejemplo, un taburete. Pero se trate de silla o taburete estoy desde luego diciendo que se trata de un individuo, es decir de algo indiviso respecto a sí mismo y dividido o separado respecto a todo lo demás. El concepto general o categoría de individuo es omniaplicable, es un predicado de todo aquello que tenga derecho a calificar de cosa.
Este asunto fue profusamente estudiado por la filosofía escolástica y concretamente por el gran Francisco Suárez. El Doctor Eximio no podía sin duda estar en condiciones de suponer que un día la ciencia física vendría a referirse a nociones como onda o campo, cuya coseidad no muestra con claridad los rasgos de la individuación (sobre todo cuando la individuación se vincula con la exigencia de ubicación bien determinada o localidad), pero dejo provisionalmente este asunto, en razón de algo mucho mas llamativo, a saber: aun en los casos de realidades físicas "clásicas", la coseidad de las mismas no es seguro que responda siempre al principio de individuación.
Me limito por el momento a este ejemplo para poner de relieve un segundo aspecto:
Cuando un físico en el sentido convencional se refiere, por ejemplo, a un determinado electrón de un átomo concreto de hidrógeno está suponiendo que este electrón tiene unas propiedades que su trabajo como físico consiste precisamente en poner de manifiesto, cosa que conseguirá o no. Podemos llamar a esta posición realista, en contrapunto con otra denominada instrumentalista, que viene grosso modo a decir: la tarea del físico no consiste en descubrir la propiedad de la cosa que a él se le oculta, sino en arreglárselas para dotarse de instrumentos que permitan en todo caso que la cosa se muestre determinada por conceptos matemáticos; dotarse en suma de instrumentos que permitan que la cosa sea medida. El instrumentalista, a diferencia del realista, no se compromete respecto a la cuestión de la existencia independiente de aquello de lo que se ocupa. Es interesante preguntarse por las razones de tal prudencia.[Publicado el 26/11/2010 a las 09:00]
Comentado por: La cosa está jodida el 26/11/2010 a las 18:59
Realmente es difícil hacer Filosofía en nuestro tiempo, (el gran Inquisidor se mete a mal salva en las vidas ajenas, contraviniendo unas cuantas normas éticas y constitucionales), sin embago las dificultades hacen crecer a la norma de los derechos constitucionales, que son civiles, es decir para todos, y no arbitrariamente relgioso(a)s.
No esperamos cambios de la Inquisición, ya sabemos que son incapaces de enfrentarse a los poderes y por eso necesitan mártires para ofrecerles. Mártires no, pero alertas, incluso de arbitrariedad.
Comentado por: Nos vamos acercando el 26/11/2010 a las 18:45
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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