Música para oprimidos

"Ningún presidente de Estados Unidos procede de la región del Delta. En realidad, ninguno procede del estado de Mississippi. Tampoco ningún vicepresidente. No hay ningún presidente del Tribunal Supremo que haya nacido aquí. Tampoco ningún Secretario de Estado. La aportación de esta región a los campos de la química y la física es prácticamente nula. Lo mismo puede decirse con respecto a la economía, la psicología, la sociología y cualquier otra disciplina académica. Ninguna de las compañías del Dow Jones Industrial tiene aquí su sede central. De hecho, ni una sola de las quinientas corporaciones más ricas de América ha surgido en esta zona" (1).
Este panorama contrasta, sin embargo, con el aporte musical realizado por la región: "la música de todo el mundo se ha transformado gracias a las canciones que se han hecho aquí. La influencia del Delta en la banda sonora de nuestra vida es hoy tan omnipresente que resultaría casi imposible calcular su impacto", afirma Gioia.
No exagera. El blues está en el origen del jazz y del rock'n roll y éste a su vez se ha infiltrado en la mayor parte de las músicas de Occidente, en ciertas cadencias de la poesía y la literatura y en la publicidad y el cine, de tal modo que ha acabado convirtiéndose en la cultura contemporánea hegemónica; quien quiera que haya visto a niños correr por las calles de un pueblo kurdo con camisetas de 50 Cents o a adolescentes polacas masticando chicle en el andén de una estación de trenes de provincias sosteniendo cuadernos revestidos de fotografías de Metallica o de Pink puede ratificar este diagnóstico: el blues está en el origen de esas músicas y de esos artistas incluso aunque ellos mismos lo desconozcan.
Independientemente de su impacto global y de sus numerosas derivaciones, el blues tiene una historia rica que comienza en los pantanos del Delta, en los campos de algodón de la región y en sus cárceles (aunque Gioia se remonta más atrás aún, a las tradiciones musicales del río Níger, en África) y está plasmada en canciones que se aproximan a temas como el vagabundeo en busca de trabajo, las experiencias amorosas, el sexo, la pobreza o la orfandad y la muerte de un modo patético y con un lenguaje que es más deudor del Libro del Apocalipsis que de los textos de la cultura popular de su época.
Gioia no se detiene demasiado en esas canciones, sin embargo; a diferencia de ensayistas como Greil Marcus, por ejemplo, el autor no se propone interpretar canciones cuya autoría es incierta en muchos casos y su proceso de transmisión, desconocido: el autor narra las historias de sus creadores y las particulares circunstancias en que estos produjeron su música; por las páginas de Blues desfilan los más importantes (Bessie Smith, Charlie Patton, Robert Johnson, Son House, Tommy Johnson, Skip James, Muddy Waters, Willie Dixon, John Lee Hooker, Howlin' Wolf, B.B. King, Mississippi John Hurt y otros) pero también los relativamente desconocidos Kid Bailey, Willie Brown y Henry Sloan, la prisión de Parchman, donde los estudiosos John y Alan Lomax grabaron a muchos de ellos, la plantación Dockery (de acuerdo a ciertas fuentes, el lugar donde nació el blues) y el rescate de esta música en la década de 1960 gracias al productor John Hammond y a músicos como Bob Dylan. Blues no sólo historia este género sino también una forma espiritual y conmovedora de entender el mundo y de cantarlo y una música a la que no sólo los músicos regresan periódicamente en busca de inspiración.
Esta música puede encontrarse en la lista de audiciones recomendadas que complementa la obra de Ted Gioia, cien blues fundamentales reunidos en una obra imprescindible para comprender cómo una región tan pobre pudo dar tanto al mundo. A los lectores que las conozcan este libro les resultará enriquecedor; más afortunados serán, sin embargo, aquellos que no se hayan interesado nunca antes por el blues: para ellos, la lectura del libro de Gioia será iluminadora y al mismo tiempo desconcertante, ya que la historia del blues es también la de la lucha de una minoría racial oprimida por abrirse paso hacia la dignidad y hacia el futuro en un país que apenas toleraba su existencia como mano de obra y acabó reflejando su dolor y su ambición en todas las producciones artísticas de su pasado reciente.
Ted Gioia
Blues. La música del Delta del Mississippi
Trad. Mariano Peyrou
Madrid: Turner, 2010
[Publicado el 27/8/2010 a las 12:00]
[Etiquetas: Ted Gioia; Ensayo; Turner]
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Llego tarde a la conversación, que me parece muy interesante. Una observación: ¿habéis visto que los tres latinoamericanos que menciona están muertos? ¿Será que Ana Rodríguez Fischer no conoce ningún latinoamericano vivo que valga la pena? ¿O es que no hay ninguno?
Comentado por: Pablo el 01/9/2010 a las 10:38
De acuerdo con Diego y Marta. El olvido de Pilar Adón es imperdonable. Su libro último es un auténtico tour de force, una de esos libros de cuentos soberbios, que no se leen todos los días. De todos modos, con los artículos críticos ya se sabe: muchos incompletos, parciales, y en cierto modo injustos, por olvidos y por inclusiones caprichosas.
Comentado por: Germán el 30/8/2010 a las 22:40
Diego, tienes toda la razón respecto de Pilar Adón: es excelente. Lo que he leído de Care Santos no me gusta, epro es una cuestión de gustos. No me parece para nada la mejor cuentista española del momento. La misma Pilar Adón se merece mucho más ese título. Eso sí, Care Santos tiene más amigos en la prensa cultural y parece que eso también cuenta.
Comentado por: Marta el 28/8/2010 a las 10:15
Marta, pues ha faltado Pilar Adón, que es mujer y uma gran cuentista. Por cierto, ¿Care Santos, no? ¿No es una de las mejores escritoras de relatos del país, sea del sexo que sea?
Comentado por: Diego el 28/8/2010 a las 00:33
No tiene nada que ver con el blues pero alguien leyó la nota de Ana Rodríguez Fischer en el Babelia del sábado pasado???!!!
http://www.elpais.com/articulo/portada/Voces/nuevas/consagradas/elpepuculbab/20100821elpbabpor_29/Tes
Es vergonzosa. Para la autora el cuento "en castellano" es un subgénero de la literatura femenina: Josefina Aldecoa (vale), Ana María Matute (vale), Esther Tusquets (vale), Berta Vias Mahou (sí), Berta Marsé o Cristina Grande (no), Patricia Esteban Erlés (de lo peor que se ha hecho en cuento en los últimos veinte años), Inés Mendoza (desconocida para mí), Care Santos (no), etc. Hasta las antologadoras tienen que ser mujeres: Ana Casas y Isabel Cantón.
Es verdad que menciona a José María Merino (uno de los mejores cuentistas de su generación) junto a desconocidos como Iñaki Ezquerra, José María Conget y otros que deben ser sus amigos porque de otra forma no entiendo por qué los menciona si nadie sabe quiénes son pero son la minoría en comparación con las mujeres.
Me parece que para la autora, además de ser escirto por mujeres, al cuento "en castellano" lo escriben españoles, ya que sólo menciona a autores de la península (para ella los isleños somos todos africanos, pienso). Los pocos latinoamericanos que menciona son Felisberto Hernández, Julio Ramón Ribeyro y Rodolfo Walsh (a quien he descubierto gracia s a este blog) y a Pron, pero se nota que a las antologías latinoamericanas las conoce de oído incluso aunque hayan sido publicadas en España.
Aunque soy mujer o precisamente por serlo estas muestras de feminismo mál entendido me molestan muchísimo, más cuando van acompañadas del desprecio a lo que no se produce en la Península. A Ana Rodríguez Fischer hay que invitarla a que lea más El Boomeran, que es un medio literario de calidad (Azúa, Molina Foix, Verdú, Argullol, Paz Soldán) y no Babelia, que se ve que le da espacio a cualquiera. Saludos.
Comentado por: Marta el 27/8/2010 a las 13:52
Patricio Pron (1975) es escritor. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004 y el Jaén de Novela 2008, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Eñe y Granta (España). Su trabajo como crítico es publicado regularmente en medios como ADNCultura de La Nación (Buenos Aires), Quimera, Letras Libres y Revista de Libros, entre otros. Pron es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2001) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) y El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año. Es licenciado en comunicación social por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y doctor summa cum laude en filología románica por la Georg-August-Universität de Göttingen (Alemania). Ha publicado en 2010 el libro de relatos El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Literatura Mondadori). Su libro más reciente es El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (Literatura Mondadori, 2011).
Ficción
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de Morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica
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