"El poeta está ahí / para que el árbol no crezca torcido"

Aunque hace algo más de cincuenta años que Nicanor Parra publicó Poemas y antipoemas (1954), el impacto de esa colección seminal en la literatura producida en español no parece remitir. Como afirma el crítico y escritor argentino Elvio E. Gandolfo, Poemas y antipoemas "fue una bomba de profundidad, cuya necesidad imperiosa se captaría a pleno una década más tarde" (10); la solución que Parra ofrecía allí a la pregunta acerca de cómo crear una lengua poética que fuese privada a la vez que pública (que es uno de los deberes principales del escritor, no sólo del poeta) sigue siendo adoptada por los escritores, tanto por aquellos que se dicen sus discípulos como por los que afirman no serlo, así de grande es su influencia.
En Poemas y antipoemas, pero también en el resto de su obra poética, la anterior y la que le seguiría, hay una voluntad decidida de explotar el contenido poético de la lengua coloquial; contra otros proyectos de similar índole, en el de Parra no hay rastros de paternalismo: no se trata de "acercar la poesía" al habla cotidiana (sueño recurrente de poetas progresistas y pesadilla habitual de lectores) sino de extraer de ese habla cotidiana un lirismo que no excluye el sarcasmo, la ironía, el epigrama, que parecen haber pasado desapercibidos hasta la aparición del poeta chileno. Su recreación poética de la lengua de uso tampoco excluye el aspecto específicamente social de esa lengua que, nuevamente en palabras de Gandolfo,
"suele presentar rasgos de la corte de los milagros que han ido fabricando las ciudades latinoamericanas en sus calles, barrios, plazas y oficinas: borrachos, vagabundos, falsos profetas, fanfarrones, tías macabras, oficinistas, engreídos, mujeres como fieras, simples energúmenos" (12).
En los mejores poemas de Parranda larga el lector asiste a la creación de una lengua poética a partir de elementos de lo que en ocasiones es llamado la cultura "baja". En su Manifiesto (1963), Parra reivindica el carácter político de esa elección: "Contra la poesía de las nubes / Nosotros oponemos / La poesía de la tierra firme / [...] Contra la poesía de salón / La poesía de la plaza pública / La poesía de protesta social" (150). Sin embargo, esa "protesta social" es presidida por un gesto humorístico, algo que emparenta a Parra con los situacionistas franceses. Según Gandolfo, el chileno
"empleó una y otra vez el enfoque conceptual, situacionista. Como esos cuatro sonetos donde las letras son reemplazadas, todas, por pequeñas cruces de cementerio. O aquel recital donde anunció que leería un soneto censurado, y se quedó (dramáticamente) callado el tiempo exacto que habrían durado las palabras dichas" (12).
Este gesto humorístico de Parra tiene por función actuar como revulsivo no sólo de los hábitos que presiden la lectura de poesía y la particular relación entre un poeta y su obra sino también de otras instituciones como la del nacionalismo chileno ("Creemos ser país / y la verdad es que somos apenas paisaje", 221), la relación tópica entre vejez y ternura ("Yo no soy un anciano sentimental", 246), la política revolucionaria ("No creo en la vía pacífica", 243) o el Papado ("Los cardenales están molestos conmigo / porque no los saludo como antes / ¿demasiado solemne? / es que soy el Papa caramba", 337). La falta de seriedad y las "salidas de tono" del poeta, que operan en el lector como iluminaciones breves e incisivas (por ejemplo la muy bella del título), son parte constitutiva de su obra y, por lo tanto, uno de sus legados más importantes; autores como el argentino Rodolfo Enrique Fogwill y el chileno Roberto Bolaño, por nombrar sólo a dos de ellos, absorbieron ese aspecto particular de su influencia a tal punto que su obra es difícil de concebir sin la sombra descomunal de Parra.
Aunque el lector español disponía ya de ediciones recientes de Poemas y antipoemas (Cátedra, 1988) y de Poesía y antipoesía (Castalia, 1994), además de dos obras reunidas, Páginas en blanco (Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2001) y Obras completas & algo + (Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2006), se echaba de menos una edición a precio asequible que permitiera al lector que no conozca a Parra introducirse en su obra y en su particularísima visión de la poesía. Esta de Elvio E. Gandolfo reúne poemas de todos los libros publicados por el autor hasta el presente, además de algunos poemas primerizos publicados en revistas, las sorprendentes intervenciones visuales de Artefactos (1972) y los extraordinarios "Discurso de Guadalajara" (1991) y "Discurso del Bío Bío. Los pollitos dicen Río Bío Bío" (1996). Quienes crean encontrar semejanzas entre ambos discursos y el ya famoso "Discurso de Caracas" de Roberto Bolaño no estarán en absoluto desacertados.
Nicanor Parra
Parranda larga: Antología poética
Sel. y pról. Elvio E. Gandolfo
Madrid: Alfaguara, 2010
[Publicado el 14/4/2010 a las 12:06]
[Etiquetas: Nicanor Parra, Roberto Bolaño, Rodolfo Enrique Fogwill, Elvio E. Gandolfo, Poesía, Alfaguara]
Una cosa es la poesía y otra muy distinta ser poeta. Hay gente que ni es ni se siente poeta y en cambio escriben una poesía exquisita y viceversa, claro está. El poeta, a diferencia del novelista, debe escribir para sí mismo; si de paso alguien le lee mucho mejor. El problema viene cuando uno escribe para los demás ó como en el peor de los casos, escribe para ganar concursos, para hacerse un nombre que como poeta jamás se podrá hacer.
No se si entendéis a donde quiero llegar, pero lo intentaré explicar. Si uno escribe para sí mismo, para dar salida a sus demonios personales; para hacer de la poesía el vehículo de sus penas y alegrías, de sus miedos e incertidumbres, de sus anhelos y esperanzas, esta persona no puede presentar su obra a concurso, al menos no debiera hacerlo pues no se debe mercadear con los sentimientos. Por eso hoy día, prolifera el poeta que no lo es, el que se sabe aclimatar a las modas y corrientes y escribir una poesía competitiva, creada para concursar y ser leída, porque en el fondo no transmite sentimiento, tan solo palabras bonitas.
Siempre dije y sostengo todavía, que en un poeta lo de menos es la calidad de su obra, pero sí la autencicidad de sus palabras; lo que pasa es que cuando las palabras tienen sentimiento, épica y razón personal, la obra suele tener calidad y el poeta mucho más aun.
Comentado por: Abelardo Martínez el 14/4/2010 a las 17:50
Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Ficción
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

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